Mes: agosto 2020

Un ‘rinconcito muy halladero’ en el cementerio, por Jesús Pardo

Los que duermen juntos

“Hermosa finca”, me lo ponderó el director del cementerio, al mostrarme el panteón Pardo, de patricio y holgado aspecto, y yo y mi mujer aprovechamos la circunstancia para acotarnos allí un rinconcito muy halladero, y con preciosas vistas al mar».

Jesús Pardo, prólogo de ‘Los que duermen juntos’

El libro prologado por Jesús Pardo es un recopilatorio de relatos de jóvenes y consumados escritores acerca de la figura del cementerio.

Hay relatos de Alberto Santamaría, Eneko Vilches, Marta San Miguel, José Ramón San Juan, Gonzalo Calcedo, María San Emeterio, Javier Menéndez Llamazares, Javier Fernández Rubio, Marcos Díez, Pablo Escribano, Olga Agüero Oláiz y Rebeca Le Rumeur, a propósito del camposanto de Ciriego, en Santander. La muerte, la memoria, la pérdida, el paso del tiempo conforman la temática de esta variada panoplia de relatos made in Cantabria, en donde no falta la acción, la poesía, la reflexión y el humor. Las fotografías son de Bruno Moreno y el diseño de cubierta de Carmen Quijano.

Muertos que mueren por segunda vez, killers de carretera, muertes no tan accidentales, amoríos al calor de las lápidas… Todas éstas y más historias, entre la prosa poética y el thriller, se yuxtaponen en esta obra coral.

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Sentirse vivo huyendo

La huida inversa

Todo lo que me resulta conocido transcurre sin que apenas pueda sentirlo, por un cauce viscoso que enlaza momentos indiferentes. Una corriente lenta y uniforme que no parece conducir a nada. Ahora que todo es nuevo, que todo lo que veo me resulta ajeno, acabo de recuperar la sensación de que el tiempo transcurre de verdad, de que avanza con un movimiento tangible y con una intensidad que me recuerda que la vida es una acción.

Patricia Rodríguez, ‘La huida inversa’

Patricia Rodríguez es la autora de ‘La huida inversa’, y próximamente tendremos un nuevo libro de ella.

La obra es aborda un conjunto de relatos. La oscuridad seductora de California y la supersticiosa ciudad de Los Ángeles. La obsesión británica con su glorioso pasado imperial. Los ecos de la Segunda Guerra Mundial. El triunfo de una sociedad pragmática que ha desterrado tanto lo legendario como lo espiritual. Nuestros torpes intentos de reconciliarnos con la naturaleza. Son algunos de los temas presentes en este libro. En paralelo a la línea de acción central, narrada en primera persona y en tiempo presente, el recorrido por las diferentes geografías del viaje (la costa oeste de EEUU, el sur de Inglaterra y el norte de España) alumbra tres cuentos intercalados con la historia central como pequeñas incisiones o postales literarias.

Patricia Rodríguez

(Valladolid 1975) Patricia Rodríguez es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Middlesex. Durante los últimos años ha colaborado con medios como Babelia, El País de las Tentaciones o la revista Vanity Fair entre otros. En 2002 fundó la revista de arte y literatura Kilimajaro y entre sus trabajos publicados figura una serie de microficciones sobre la exposición The Power of Making del Victoria & Albert Museum. Su primera novela,19 Pulgadas, publicada en 2008, tuvo una gran acogida por parte de la crítica.

La cubierta del libro está ilustrada por el fotógrafo y videoartista James Frost. ‘Coming into Los Angeles’, se titula.

‘B’, de Alberto Santamaría: un extracto

B, de Alberto Santamaría.

Erik Weisz gustaba de darse a la fuga. Alcanzó la fama con un truco llamado Metamorfosis. Siendo un hombre inocente era capaz de escapar de lo mejor que el sistema penitenciario podía ofrecer: la máxima seguridad. Erik lograba salir de cualquier cosa, y eso le hizo poseedor de un gran número de enemigos dentro del sistema político y judicial, pero en igual medida era capaz de reclutar a un número elevado de seguidores. No era ni un criminal ni un santo, y precisamente por eso, por resistir en esa fina línea roja, logró la fama e hizo de su vida una larga fuga. La huida es el argumento básico, como el deseo, la única posibilidad de seguir siendo humanos. 

Mi enfermedad es esto: un buen truco de magia.

B. es un joven periodista, cargado de nihilismo y con una bala en la rodilla, que es testigo, en una sucesión de idas y vueltas temporales, de un mundo caótico en donde la violencia, el azar y la falta de asideros estables lo envuelven y lo conducen hacia un final abierto.

El autor de la novela es Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976), doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca, en donde imparte clases. Es autor de los poemarios ‘El orden del mundo’ (Renacimiento, 2003), ‘El hombre que salió de la tarta’ (DVD, 2004), ‘Notas de verano sobre ficciones de invierno’ (Visor, 2005), Pequeños círculos (DVD, 2009)y el ensayo ‘El poema envenenado. Tentativas de estética y poética’ (Pre-Textos). Ha editado la poesía ultraísta de José de Ciria y Escalante y la novela ‘Logaritmo’, de Antonio Botín Polanco. Con El Desvelo Ediciones ha publicado ‘La vida me sienta mal?, sobre el movimiento romántico en Europa y el ensayo ‘Si fuera posible montar en una bruja’, sobre la obra de Leandro Fernández de Moratín.

B

«Los vascos no hemos hablado de lo que nos ha pasado y hemos guardado las emociones en un interior que es un volcán que podría explotar»

Kepa Murua

Rubén Alonso, de elDiario.es en su edición de Cantabria, acaba de publicar una entrevista a Kepa Murua, autor de ‘La carretera de la costa’, en la que habla de literatura, los ‘años de plomo’ del terrorismo y su visión de la sociedad vasca. Os dejamos la entrevista íntegra aunque también la podéis leer aquí:

En 1980, ETA asesinó «por error» a Ceferino Peña delante de su hija de corta edad. Eran los ‘años de plomo’ del terrorismo vasco, un periodo convulso que ha servido de materia narrativa al escritor zarauztarra Kepa Murua para escribir ‘La carretera de la costa’, publicada por la editorial cántabra El Desvelo este año. Entre los recuerdos personales y los de la violencia de una sociedad, Murua, exeditor y escritor en castellano, se muestra convencido de que el silencio sobre lo que ocurrió es un volcán larvado en la sociedad vasca.

‘La carretera de la costa’ es una reflexión sobre un hecho trágico, como fue el asesinato de Ceferino Peña, una muerte «por error», según anunció ETA. ¿Por qué la figura de Ceferino y el transfondo de ETA para su novela?

De joven, en los meses de verano, solía ir a trabajar con mi padre a Arrona y nos recorríamos la carretera de la costa que va de Zarauz a Zumaya; allí fue asesinado Ceferino Peña por un comando de ETA. A las semanas, la organización pidió perdón porque se trataba de un «error», definió lo sucedido como un caso típico de los daños colaterales de un conflicto armado. La terminología en estas conversaciones se apoyaba en un cambio de las palabras y las expresiones que conducían a la comunicación a un terreno que no me convencía. Si fallan las palabras, lo más seguro es que falle todo. La muerte de Ceferino Peña me marcó porque lo asesinaron a unos pasos del lugar donde trabajaba con mi padre. Cada asesinato era trágico, pero la figura de Ceferino Peña y el paisaje de la costa quedaron en mi memoria hasta que en la madurez escribí la novela.

El asesinato de Peña se hizo delante de los ojos de su hija. ¿La conoce usted? ¿Ha entablado contacto con la familia antes o después de publicarla?

Cuando escribí la novela, aun siendo una figura importante en sus páginas, no la conocía. Pero cuando la acabé, antes de mostrársela a un editor, pensé en conocerla para que la leyera y me dijera si le parecía bien no solo lo que había escrito sino su posible publicación. Un amigo de la juventud nos puso en contacto, fue un encuentro emotivo, ella leyó el manuscrito y me dijo que le gustó mucho. Hemos mantenido cierto contacto, pero ese primer encuentro fue liberador para mí. Su aceptación me llevó a apostar por el primer borrador. Finalmente eliminé algunas páginas donde precisamente hablaba ella, Cristina Peña.

¿Qué comentarios le transmiten los lectores?

Ellos afirman que es un texto con matices que no se ven en otras novelas sobre los ‘años de plomo’ del País Vasco. Algunos lectores definen a la voz narrativa como una voz tierna o cercana. Me gusta mucho lo que me escribe José Félix Martínez, desde Getxo: “La carretera de la costa me ha parecido una novela intensa y minuciosa, como la manecilla de un reloj que señala un tiempo largo. Una exploración psicológica y sociológica de momentos que, en mi caso, son muy reconocibles. Por lo cual la he leído de dos tiradas con avidez, como una pieza que sirve para mirar a un punto con más precisión”. Los lectores de mi generación son los que se atreven a contar y repasar los hechos que se narran en la novela.

Escribir sobre ETA y ser vasco no parece tarea fácil. La organización no hace tantos años que se disolvió y muchos de sus integrantes viven, así como su base social. ¿Ha tenido miedo al escribirla?

Me siento libre cuando escribo. Ya en la década de los noventa publiqué poemas y piezas sobre este mundo sectario y trágico donde se normalizaba lo que nunca debió ser normal.

¿Cree que la situación en el País Vasco se está normalizando y da pie a hablar y escribir sobre ETA?

Parece que lo que pasó fue hace mucho tiempo, imagino que no es un recuerdo agradable; por eso mismo siento que todo es como una página de la historia reciente que todos quieren pasar rápido.

¿Puede existir perdón sin pena?

El problema del perdón es su nivel de compromiso o de aceptación. Existen el perdón individual y el colectivo. En el primer caso, salvo excepciones, no creo que los pistoleros de ETA sientan que han de pedir perdón, pues muchos de ellos justifican sus hechos con palabras hechas a su medida. En cuanto al perdón colectivo, tardará su tiempo, pero llegará. Quiero pensar que un análisis histórico nos llevará a este planteamiento. En cuanto a las penas, considero que es una cuestión que compete a los jueces. En ‘La carretera de la costa’, el narrador reflexiona sobre la conciencia que rodea al perdón, pero no juzga.

El problema del perdón es su nivel de compromiso. Existen el perdón individual y el colectivo. En el primer caso, no creo que los pistoleros de ETA sientan que han de pedir perdón. En cuanto al perdón colectivo, tardará su tiempo, pero llegará

Los protagonistas de su novela, incluido el autor del crimen, acaban torturados por el pasado. ¿De qué sirvieron tantas décadas de sufrimiento?

Para reconocer que con la violencia no se consigue nada provechoso. Recuerdo una de aquellas frases que se decía: “cuanto peor, mejor”. Vivíamos en una sociedad enferma, incapaz de reflexionar en calma, con tesis e ideas absurdas como esa, con mucho dolor y sufrimiento.

Usted traza un paralelismo entre la violencia en el País Vasco y la de Colombia. ¿Puede explicar este nexo?

Viví un tiempo en Colombia y cuando conocí su historia me sorprendió saber que era un país violento desde mediados del siglo XX: el balance de muertos, desaparecidos y desplazados es demoledor, mucho mayor que el que pudiera imaginar uno. Más allá del drama que supone la guerra o el terrorismo, si comparaba la violencia de Colombia con la de Euskadi, se podía pensar que en el País Vasco estábamos ante una violencia doméstica. El narrador se sirve de esta comparación para reparar en la violencia y su influencia en paisajes diferentes.

Si el terrorismo fuera una enfermedad social, ¿en qué estado se encontraría el paciente vasco?

Fue un exceso de enojo, hostilidad y violencia que se nos fue de las manos. Hoy, además, tras la pandemia, el paciente vasco está aturdido, con una incapacidad para superar el estrés de la vida diaria y con problemas para comprender las situaciones, tanto en el pasado reciente como en el presente. Los ciudadanos vascos no hemos hablado de lo que nos ha pasado y hemos guardado las emociones en un interior que puede ser un refugio, pero que en el fondo es un volcán que podría explotar.

Usted fue primero editor y luego escritor en castellano. ¿Se ha sentido como un bicho raro en una cultura tan institucionalmente euskerizada?

Es una rareza que me persigue: fui un poeta metido a editor, soy un escritor vasco que escribe en castellano. No soy reconocido en el País Vasco donde no se me invita a ninguna actividad; tampoco lo hacen en España. Vivo en medio de estas dos orillas en una nada desplazada.

Usted es un escritor de culto. ¿Le gustaría tener más ventas que prestigio? ¿No hay un término medio en el mundo de la literatura?

El prestigio no me permite pagar las facturas, pero me genera problemas que me fastidian mucho. Las llamadas que recibo son para que realice trabajos que no son remunerados. Una verdad del mundo de la literatura desde los tiempos de Sábato o Borges es que los buenos libros son minoritarios y que los autores celebrados, salvo raras excepciones, no son buenos. La locura es otra: creerse lo que no se es, hablar de lo que no se sabe, perseverar en un oficio que no da muchos dividendos, insistir en una vocación que queremos convertir en un oficio.

La pandemia de la COVID-19 está cambiando muchos hábitos de consumo y culturales. ¿Cómo asiste a este escenario?

He observado una exhibición excesiva en las redes del mundo de la cultura y en el escenario se nota un trabajo acelerado, sin poso.

Que desaparezcan en apenas unas semanas en torno a 40.000 personas parece haberse asumido con normalidad en nuestros días. ¿Es así?

Es un dato que me confunde y entristece. Hace tiempo que dejé de escuchar la radio porque notaba que con tanta mala noticia crecía en mí una rabia que tampoco era normal. Mi decepción por los líderes es grande.

¿Qué tiene entre manos ahora?

Terminé un ciclo de novelas con el título de ‘El escuchador’. He cerrado un poemario con una visión mística, se titula ‘Dónde’. Por lo demás, busco un editor que quiera publicar mis memorias. Puede que no sea el mejor momento para pensar en un profesional que confíe en mí; sin embargo, persevero. La niebla puede desaparecer en cualquier momento.

Lo que se avecina: ‘Culo veo, culo quiero’, consumo y deseo según Remarti (IV)

Foto Remartini
David Remartínez ‘Remartini’

Novena entrega de la colección Textos Insólitos, dirigida por el  ensayista y psiquiatra Rafael Manrique. En esta ocasión, el periodista y escritor David  Remartínez ‘Remartini’ aborda el  deseo en nuestra sociedad desde las más variadas perspectivas. Un ensayo nada académico, humano, riguroso y muy divertido sobre deseo, consumo y consumismo. 

Remartini (Zaragoza, 1971) es el alias que David Remartínez Martínez ha utilizado durante años para escribir de comida y de bebida en internet. Periodista actualmente en ejercicio y especialista en la comunicación digital, Remartini publicó hace un año en esta editorial el ensayo histórico-gastronómico ‘La puta gastronomía’. 

Lo que se avecina: ‘Leve’, nuevos poemas de José Manuel Gallardo (III)

Jose Manuel Gallardo
Jose Manuel Gallardo

 ‘Leve’ es el último poemario del madrileño José Manuel Gallardo. Un  poemario sencillo y hondo en donde el autor cruza el umbral del dolor y la enfermedad para reflexionar poéticamente sobre las coordenadas de tiempo y espacio cuando la muerte ronda cerca. 

José Manuel Gallardo, madrileño, es licenciado en Filología  Hispánica, Máster de Enseñanza de Español como Lengua Extranjera y director  pedagógico y profesor de Lengua y Literatura. Ha publicado con esta editorial el  poemario ‘Infinitos monos’. Previamente había publicado ‘Límites’, Ed. Talavera  de la Reina, 2003 (accésit al Premio Joaquín Benito de Lucas); ‘Números rojos’,  Amazon.es, 2012; y algunos de sus poemas aparecen en la antología ‘Dos poemas  y un café’, Ed. Seafree, 2012. También ha publicado en diferentes páginas webs  como ‘Las afinidades electivas’, ‘El bote de Colón’ o ‘Ping Pong’, entre otras.  Realiza recitales y sus poemas han sido musicados por cantautores. 

Dos poemas de Robert Nye leídos en inglés

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