El sueño esclavo

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El sueño esclavo

Toni Montesinos es, muy probablemente, el crítico literario más prolífico de España de lo que va de siglo XXI, abordando toda clase de lecturas de máximo nivel e interés. Desde diferentes periódicos y revistas, desarrolla una labor ingente, con un sello personal consistente en transmitir amenidad en el estilo, rigor en el conocimiento y sinceridad en el juicio, lo cual le ha ganado innumerables adeptos. En El sueño esclavo, recoge una multitud de textos que ha dedicado a autores universales o motivos literarios, con la original propuesta de agruparlos por tríos sobre la base de «comportamientos». Todo un festín lector, una celebración por todo lo alto de quien es desde hace veinte años el principal comentarista de libros del diario La Razón.

Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es crítico literario y ha editado o prologado obras de una docena de clásicos españoles, latinoamericanos y estadounidenses. Recogió sus siete poemarios en Alma en las palabras. Poesía reunida 1990-2010 (2015) y en la apócrifa Antología poética del suicidio (siglo XX) (2015), y es autor de las novelas Solos en los bares de la noche (2002), Hildur (2009 y 2015). Con El Desvelo Ediciones ha publicado las novelas ‘La soledad del tirador’ y ‘El fantasma de la verdad’, así como la recopilación de ensayos ‘El sueño esclavo’.

El crítico literario como autoridad, por Toni Montesinos

El sueño esclavo, de Toni Montesinos.

Un día de 1984, un anciano Sándor Márai anota en su diario: «Voluminosos catálogos de editoriales, cada semana uno o dos. Miles y decenas de miles de libros, todos de reciente publicación, cientos y cientos de cada género. Un hartazgo asfixiante. Escribir sólo frases yuxtapuestas. Incluso palabras sueltas. Leer diccionarios. La literatura ha muerto: ¡viva la industria del libro!».

Esa misma idea, la del fin de la Edad de la Literatura, la expuso Germán Gullón en Los mercaderes en el templo de la literatura (Caballo de Troya, 2004), ubicándola en un tiempo concreto en nuestro contexto, alrededor del año 2000, cuando «se produjo un cambio radical en el panorama de las artes: la preferencia del hombre culto se trasladó de lo verbal a lo icónico, lo que vino a empañar un panorama cultural posmoderno ya de por sí confuso». El carácter comercial del libro literario, su valor convertido en precio, la marca registrada que hoy en día es el autor, el libro como objeto de consumo con código de barras, el show business de los premios, eran sólo algunos de los numerosos asuntos que Gullón analizaba con certeros argumentos y una valentía y clarividencia extraordinarios. Y además de modo excepcional, porque el debate en torno a todo ello es inexistente en España, que vive una etapa editorial-empresarial magnífica que, por desgracia, se asienta en un gran conservadurismo artístico, la censura del mercado en palabras del editor André Schiffrin, que va en detrimento en última instancia de la creatividad del escritor. 

Así las cosas, Gullón daba un paso adelante en su mirada sociocultural —siempre contundente y real, en ningún caso pesimista per se, ya que «nunca se ha leído tanto, gracias a la distribución de diarios gratis y al éxito de la novela negra y de la ficción histórica»— y concentraba una obra como Una Venus mutilada (Biblioteca Nueva, 2008) en la función de la crítica literaria española actual. Partiendo de una frase de «El método de Sainte-Beuve» de Proust, sobre el estilo periodístico, el catedrático de la Universidad de Ámsterdam abordaba la importancia de «cuidar de que la calidad cultural sea respetada en el espacio público». Un espacio en el que los medios de comunicación necesitan reajustarse para desarrollar una labor que abrace al libro como «uno de los semilleros del pensamiento humano», dado que «se impone la necesidad de que la política empresarial de los órganos culturales responda mejor a su audiencia, y consideren en serio las preferencias de los lectores».

En este sentido, los críticos deberían establecer la diferencia entre las obras de entretenimiento y las literarias, una frontera hoy turbia ante el caudal publicitario, el número de títulos nuevos al mes y lo políticamente correcto —para no herir la susceptibilidad de unos u otros— en el que nos dan gato por liebre continuamente. De este modo, en un ciclo tan regulado de productos culturales, cabe reactivar el modo de respetar lo comercial sin menoscabo de hundir «el legado literario, patrimonio de la humanidad [que] pasa por apuros de subsistencia como espejo válido de las realidades y sueños de la ciudadanía».

Observador infatigable de una sociedad que evita la discusión intelectual verdadera y de una crítica literaria cobarde en sus juicios, denunciador de las hipocresías del mundo universitario y de la parcialidad de los suplementos culturales, Gullón se empeñaba en buscar interlocutores que también pretendieran cuidar a la moribunda Literatura. En este Occidente presuroso de inicios del siglo xxi, hay que intentar su resurrección entre todos, aunque sea difícil encontrar voces hoy que se animen a cuestionar la situación sociocultural que nos rodea. El pesimismo en Occidente tiene mala prensa, y esas voces que no se contentan con lo establecido y lo denuncian mediante artículos o libros son escasas. Si en España Gullón se lanzó a tales tareas, afuera, André Schiffrin expuso su punto de vista al respecto en La edición sin editores (2000) y El control de la palabra (2006).

Más adelante, Schiffrin continuó con su análisis de un ambiente que conoce bien, por su largo paso por las editoriales estadounidenses Pantheon Books y The New Press, pero de una manera tangencial. Se trataba de unas «memorias políticas», como decía el propio autor, en las que se mezclaba una parte netamente biográfica, la más atractiva —la que hablaba de cómo sus padres emigraron a Nueva York— con el recuerdo de su activa participación en asociaciones políticas juveniles en su periodo universitario como «anticomunista prematuro», y su visión final de cómo la globalización se ha «apoderado de la edición mundial».

El modo en que Schiffrin reflexionaba sobre «la nueva ideología del beneficio» que impera en los grandes grupos editoriales es bien conocida, y en estas páginas todo lo que cuenta era muy interesante al respecto de su experiencia personal con Random House y su estupor ante la desaparición de su vieja idea: «El principio clásico de la edición de que los libros de éxito debían subvencionar a los que producían menos dinero». Sin embargo, la explicación de estas «nuevas normas empresariales» y «lo importante que es disponer de medios de comunicación independientes» eran asuntos que el editor parisino ya había tratado, de ahí que lo novedoso para el lector fueran, por un lado, su vida de niño y adolescente francés en el Nueva York de los años cuarenta, su negativa perspectiva de las universidades americanas e inglesas por el otro, e incluso su detallada visión de las políticas gubernamentales americanas en el plano internacional y bélico.

Para los interesados en el macartismo y el espionaje del FBI y la CIA, para los que quisieran saber cómo funcionaba una asociación como la Liga de Estudiantes para la Democracia Industrial, de la que Schiffrin era presidente, Una educación política (Península, 2008) constituía una lectura estimulante. Para los curiosos en saber la forma en que se enseñaba en Estados Unidos, ciertamente pobre en el ámbito de las humanidades, separando la literatura del contexto histórico, y también en Inglaterra (con un programa de estudios abrumador, «un caos»), también el libro ofrecía pasajes iluminadores. Pero, con todo, lo más emocionante era la parte familiar: conocer al padre, Jacques Schiffrin, y el impacto que le suscitó a André la lectura de las cartas que le envió al otro gran André de su vida, su amigo Gide.

Dichas cartas reflejaban el gran dolor que supuso para el fundador de Éditions de la Pléiade tener que emigrar de París ante el acoso nazi y de cómo él y su mujer convirtieron ese peligro en un juego para el chaval, que no fue consciente del enorme sufrimiento que conllevó tal huida. La pobreza, la dificultad de «reconstruir una vida cultural» en Manhattan, el viaje de André a los trece años a Francia en barco a visitar al editor Gaston Gallimard… Sólo la narración de esas experiencias ya justificaba la lectura de un libro poco unitario, algo disperso, pero incuestionablemente atractivo. […]

El éxito del fracaso, el fracaso del éxito, por Toni Montesinos

En una novela de Bohumil Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa, el protagonista, después de trabajar treinta y cinco años en una trituradora de papel, se introducía en la máquina y apretaba el botón que lo iba a aplastar. Echándole imaginación, ese podría ser el aspecto caníbal de la literatura actual en Occidente, convertida en muchos casos en disciplina industrial, dependiente de empresas de comunicación, constituyéndose en un Prometeo cuyos órganos son comidos y reconstruidos ad infinitum. Así, hoy el artista está castigado de cara a una pared llena de cifras: es un producto de las finanzas, el stock, el trimestre en las librerías, la trituradora si no logra un mínimo de ventas.

¿Qué significa, dentro de este marco de prisas, de ansiedad económica, de novedades que el tiempo desintegra antes de que su eco caduque de forma natural, el éxito y el fracaso de una obra literaria? Actualmente, los textos son secundarios en beneficio de quien los firma: se compra lo último de Menganito, y las agencias y editoriales buscan la fórmula —siempre su majestad la Novela— que les facilite insertar el original en el mercado. Así ocurre desde 1840, explica Arnold Hauser, cuando «la obra literaria se convierte en mercancía en el sentido más absoluto de la palabra; tiene su tarifa de precios, se confecciona según modelo y se entrega en fecha fija». Balzac o Eugène Sue serán algunos de los autores más aclamados y que más beneficios económicos consigan con este tipo de novelas por partes: «Las lee todo el mundo: la aristocracia y la burguesía, la sociedad mundana y la intelectualidad, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, señores y criados». Pero el que ganará más dinero, entre doscientos y trescientos mil francos al año, será Dumas, que enseguida entenderá la necesidad de recurrir a negros que le ayuden a satisfacer la demanda de unas tramas atractivas y sencillas; en su caso setenta y tres empleados que escriben una impresionante cantidad de páginas y entre los que destaca el erudito historiador Auguste Maquet.

Es el tiempo del folletín, cuando Dumas deja en suspenso la trama de El conde de Montecristo o Los tres mosqueteros para avivar la curiosidad del lector, del cliente fiel que a la semana siguiente adquirirá el periódico donde continúa la historia que le tiene en vilo. Jamás la palabra «producción» se había relacionado con la actividad artística, como advirtió Octavio Paz, hasta que se consolida la Revolución Industrial. Se inaugura, de este modo, el concepto de popularidad en torno al escritor: Balzac, Dickens, Blasco Ibáñez, Simenon, Stephen King, Pérez Reverte. En estos casos, se deduce que el éxito equivale a dinero, a número de admiradores que pagan a cambio de la creatividad de un individuo y su capacidad para entretener.

La otra cara de la moneda, sin embargo, resulta más atractiva, abundante y realista, más próxima a la mayoría: «¿El fracaso? El fracaso es el condimento que le da sabor al éxito», decía en su «Autorretrato» Truman Capote; algo que tiene que ver con lo que estudió Alain de Botton en Ansiedad por el estatus: «Nuestro sentido de la identidad se ve preso de los juicios de aquellos con quienes convivimos». En virtud de cuánto se atienda la opinión ajena, el fracaso y el éxito serán, por consiguiente, relativos; Lev Tolstói, en sus diarios, se preguntaba: «¿Para qué el dinero o la estúpida fama literaria? Es mejor escribir algo bueno y útil con convicción y entusiasmo»; y añadía: «Hay que escribir sin ruido, con tranquilidad, sin tener como objetivo publicar»; y el colmo de la contradicción: «Que mis obras se hayan vendido durante los diez últimos años [1885-1895] ha sido para mí el asunto más doloroso de la vida». Lo cual es difícil hasta para los autores de más talento. En la Navidad de 1922, Virginia Woolf escribía a Gerald Brenan: «¿Acaso no estamos siempre esperando? Y aunque fracasemos cada vez que lo intentemos, lo cierto es que no fracasaremos tan estrepitosamente como habríamos fracasado de no haber estado dispuestos a atacar el todo desde un principio». Woolf recordaba la desesperación que sentía, a los treinta años, al no tener nada digno de publicarse. Una autoexigencia que también proclamaba Julio Cortázar y que Samuel Beckett llevaría a sus últimas consecuencias, pues el sentimiento de repulsión por la propia obra es inherente al escritor, hasta el punto de que «ser artista es fracasar como nadie se atreve a fracasar».

Peor sería, no obstante, para aquellos que morirían sin disfrutar del clamor que el futuro tenía reservado a sus escritos: Mijaíl Bulgákov, calumniado y silenciado por el poder político hasta su desaparición en 1940, no vería cómo el mundo literario se asombraba ante El maestro y Margarita; Giuseppe Tomasi di Lampedusa fallecería meses antes de que se descubriera la magnitud de El Gatopardo aunque, por otra parte, su enfermedad le evitaría padecer los ataques de los críticos contra el relato; la repentina muerte de Robert Musil interrumpiría la escritura de la gigantesca El hombre sin atributos. Los casos son incontables. Hoy mismo, ¿intuiría Roberto Bolaño todas las maravillas, a título póstumo, que se iban a decir de su 2666?

El sueño esclavo, Toni Montesinos

He descubierto que la lectura es un sueño esclavo.  
¿No es mejor soñar mis propios sueños? 

Fernando Pessoa

600 páginas sobre libros y escritos, de la mano del crítico Toni Montesinos

El sueño esclavo, de Toni Montesinos.

Ya tenemos en preventa ‘El sueño esclavo. Tríos de artículos de comportamientos literarios‘, la gran obra recopilatoria de la labor crítica de Toni Montesinos (‘Qué leer’ y ‘La Razón’), 600 páginas en la que deambulan libros y literatos, pero sobre todo la pasión por la lectura y la escritura. Un libro imprescindible para los que aman los libros y que estará accesible para el público el 29 de este mes de marzo, aunque ya puede ser adquirido en nuestra web.

Toni Montesinos es, muy probablemente, el crítico literario más prolífico de España de lo que va de siglo XXI, abordando toda clase de lecturas de máximo nivel e interés. Desde diferentes periódicos y revistas, desarrolla una labor ingente, con un sello personal consistente en transmitir amenidad en el estilo, rigor en el conocimiento y sinceridad en el juicio, lo cual le ha granjeado innumerables adeptos. En ‘El sueño esclavo’, Montesinos recoge numerosos textos que ha dedicado a autores universales o motivos literarios, con la original propuesta de agruparlos por tríos sobre la base de «comportamientos». Un festín lector, una celebración por todo lo alto de quien es desde hace veinte años el principal comentarista de libros del diario ‘La Razón’.

EL SUEÑO ESCLAVO | ÍNDICE

Comportamientos literarios: La desmemoria literaria / El éxito del fracaso, el fracaso del éxito / Escritura que se fuma. Comportamientos regionalistas: Letras provincianas / La vieja irlanda nueva / El Sur en la narrativa norteamericana. Comportamientos ambientales: El café como rincón literario / Cementerios letrados / Temperaturas literarias. Comportamientos consolatorios: La utilidad de la literatura / El humor como terapia / Epicuro nos hace felices. Comportamientos sexuales: El miedo y el deseo: escritores y homosexualidad / Freud y el diván del sexo femenino / El pecado sensual de Lolita y el ‘ménage à trois’ de H. P. Roché. Comportamientos femeninos aventureros: Nellie Bly tras las huellas de Phileas Fogg / Dinesen y Markham: vuelos y amores sobre África / Agatha Christie alrededor del mundo. Comportamientos eróticos: Casanova y Sade, lujuria y perversión / Las fotografías de Lewis Carroll / La pornografía como tesoro documental. Comportamientos enamoradizos: Benjamin Constant y Jens Peter Jacobsen: el dolor de amar / Gabriele d’Annunzio: el amor teatralizado / García Márquez: un par de novias y una esposa. Comportamientos epistolares: Una ballena blanca entre Melville y Hawthorne / Henry Miller y sus cartas hamletianas / Miguel Delibes y un destino de 50 años. Comportamientos inadaptados: Leopardi, el cantor solitario / Clarice Lispector: preguntas sin respuestas / Emil Cioran y el tedio como profesión. Comportamientos lingüísticos: La oralidad literaria desde la historia / Sir Thomas Browne: el inventor de palabras / El Quijote habla spanglish, y Sancho, con refranes. Comportamientos navideños: Noche de paz, noche de amor: del villancico español al Dickens navideño / De Irving como antecedente dickensiano hasta el siglo xx / Volver a ser un niño con Agatha Christie y Chesterton. Comportamientos urbanos: La Barcelona novelizada / Londres en la historia y bajo tierra / Conexión Dublín-Sevilla. Comportamientos infantiles: El lobo siempre viene: cuentos de hadas clásicos / Pippi Långstrump: las dos trenzas más célebres / El corazón adulto de Gloria Fuertes y las fábulas de La Fontaine. Comportamientos superventas: Vicente Blasco Ibáñez y Corín Tellado / J. K. Rowling: la magia de hacer leer / Stieg Larsson: revivir con la firma de otro. Comportamientos argentinos: Juan Filloy y los títulos de siete letras / Los amigos de Borges / Ayer, hoy, siempre Cortázar. Comportamientos ciencia-ficticios: El género más apasionante de la galaxia / Viajes en el tiempo en territorios distópicos / Ray Bradbury: escribir para no morir. Comportamientos detectivescos: Letras en torno a Sherlock Holmes / El criminal igual que el escritor / La materia gris de Hercules Poirot. Comportamientos premiados: Los Nobel de la controversia / Mario Vargas Llosa y la fraternidad literaria / Lara y los premios Planeta. Comportamientos lugareños: La Trieste de Italo Svevo y Claudio Magris / El París de Patrick Modiano / Ring Lardner y E. B. White en Nueva York. Comportamientos españoles: Baroja, el huraño criticón / C. J. Cela: poeta vagabundo de la España negra y la América dictatorial / La hispanomanía, la hispanibundia y la hispanofobia. Comportamientos medievales: 700, un número en común de Dante y Petrarca en el siglo xxi / ‘Juego de tronos’: la realidad medieval hecha ficción / Arturo: el monarca de la magia. Comportamientos marítimos: Robinsones a bordo del barco de la literatura / Un tesoro de lectura: Robert Louis Stevenson / Conrad, Lowry y el mar de la escritura. Comportamientos terroríficos: Criaturas inmortales desde un volcán / Frankenstein y el legado de una madre / Bram Stoker, vampirizado por su Drácula. Comportamientos decadentistas: Malditos y dandis desde Baudelaire / Valle-Inclán y los tipos de bohemios / Rilke, angelical y apátrida. Comportamientos crítico-literarios: El crítico literario como autoridad / Harold Bloom o el buscador de genios / Del crítico historicista al artístico.Comportamientos periféricos: Un africano y un indio en el Caribe: Walcott y Naipaul / El implacable lector J. M. Coetzee / Las añoranzas de juventud de Mircea Cărtărescu. Comportamientos diarísticos: El diario viajero de James Boswell con Samuel Johnson / Memorias literarias día a día: de los hermanos Goncourt a Trapiello / Jornadas enfermas y solitarias: Katherine Mansfield y Sándor Márai.

Toni Montesinos.

Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es crítico literario de ‘La Razón’ y redactor jefe de ‘Qué Leer’. Ha publicado cuatro novelas: ‘Solos en los bares de la noche’ (2002), ‘Hildur’ (2009 y 2015), ‘La soledad del tirador’ (El Desvelo, 2017) y ‘El fantasma de la verdad’ (El Desvelo, 2018). Sus últimos libros son ‘El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman’ (2019), ‘El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana’ (2020) y ‘Palabrería de lujo. De la Ilustración hasta Houellebecq’ (2021).

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Novedad ya a la venta

‘Pinar, piscina, plenilunio’, de Patricia Rodríguez

Tres relatos de larga extensión, con nexos en común entre ellos que los configuran como una novela sobre la soterrada violencia y toxicidad que bulle bajo la epidermis de lo cotidiano, constituyen ‘Pinar, piscina, plenilunio’, de Patricia Rodríguez.

Las tres partes del libro se estructuran en torno a mujeres. El paso del tiempo, el peso de las convenciones y el misterio en la vida son algunos de los temas que aborda. En ‘Pinar’ tres niñas adolescentes se internan en el mundo adulto. ‘Piscina’ trata de una fiesta, la abulia, el hartazgo y el ansia de vida de su protagonista. ‘Plenilunio’ tiene tintes de decadencia en un mundo en donde la soledad y la incomunicación imperan.

Los relatos tienen como nexo común la mirada de una mujer y hacen del conjunto una narración unitaria. En la novela, la autora vallisoletana vuelve a hacer gala de su estilo literario personal, cargado de evocaciones y una atmósfera no menos cargada en torno a personajes que sobrellevan la insatisfacción de sus vidas cargándose de objetos y situaciones convencionales.

Un ejercicio de estilo, contenido y sugerente que atrapa al lector hasta la última línea.

Patricia Rodríguez (Valladolid 1975) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Middlesex. Durante los últimos años ha colaborado con medios como Babelia, El País de las Tentaciones o la revista Vanity Fair entre otros. En 2002 fundó la revista de arte y literatura Kilimanjaro y entre sus trabajos publicados figura una serie de microficciones sobre la exposición The Power of Making del Victoria & Albert Museum.

Su primera novela, 19 Pulgadas, publicada en 2008, tuvo una gran acogida por parte de la crítica. Su segunda novela, La huida inversa, fue publicada por El Desvelo Ediciones.


Nuestros autores de la A a la Z, de Asselinau a Zola


Un festín lector en el repaso a la Historia de la Literatura por Toni Montesinos con ‘El sueño esclavo’

Toni Montesinos es, muy probablemente, el crítico literario más prolífico de España de lo que va de siglo XXI, abordando toda clase de lecturas de máximo nivel e interés. Desde diferentes periódicos y revistas, desarrolla una labor ingente, con un sello personal consistente en transmitir amenidad en el estilo, rigor en el conocimiento y sinceridad en el juicio, lo cual le ha ganado innumerables adeptos. En El sueño esclavo, recoge una multitud de textos que ha dedicado a autores universales o motivos literarios, con la original propuesta de agruparlos por tríos sobre la base de «comportamientos». Todo un festín lector, una celebración por todo lo alto de quien es desde hace veinte años el principal comentarista de libros del diario La Razón.


Antología poética de W. H. Davies, el ‘poeta vagabundo’, prologado y traducido por Gabriel Insausti

Ya tenemos en la calle una antología del ‘poeta vagabundo’, de un ‘supertramp’, como se definía y que dio lugar al nombre del popular grupo de música. W. H. Davies es prácticamente un desconocido en España. Su vida como vagabundo le hizo famoso y su poesía, de gran sencillez, le hizo muy popular. Pero también influenció en poetas de su época como Edward Thomas. La edición que publicaremos en español-inglés y la traducción, prólogo y selección corresponde a un gran especialista en el período de entreguerras poético, Gabriel Insausti.


‘La guerra es una estafa’,
de Smedley Butler

Comenzamos 2021 con el lanzamiento, a partir del 1 de febrero, del discurso pacifista ‘La guerra es una estafa’, de Smedley Butler, el militar más laureado de la historia de Estados Unidos. ‘La guerra es una estafa’ es la airada denuncia de la guerra como forma de hacer negocios, una denuncia que provenía de alguien que la conocía muy bien, ya que sirvió en numerosos conflictos que hicieron de Estados Unidos una potencia militar y económica.

La obra ha sido contextualizada por el editor, traductor y articulista Jesús Ortiz Pérez del Molino, de quien nosotros ya publicamos su recopilación de textos en prensa ‘¿Sueñan los androides con tarifas eléctricas?’


‘La puta gastronomía’, en ebook

Para los fans y para los que todavía no lo han descubierto, desde ya está disponible la versión ebook de ‘La puta gastronomía’, el ensayo gastro-histórico y desmitificador de David Remartínez, aka Remartini. Puede disponerse del ebook en las principales librerías, en las plataformas de lectura y en la red de bibliotecas.

La puta gastronomía en ebook

Ilustradores, los otros creadores

En un libro confluyen numerosos creadores, no solo el autor literario. Ello hace que un libro sea una obra colectiva y por lo general el número de sumandos genera un salto cualitativo llamado libro que es superior a la aportación de cada cual. Traductores, maquetadores, correctores, ilustradores, fotógrafos, portadistas… Ese pequeño microcosmo genera resultados sorprendentes, para bien o para menos bien. Lidiar con las aportaciones de cada uno, y sus egos, es tarea del editor (el cual también tiene sus cosas).

Traductores, los otros creadores

Los ilustradores tienen la difícil tarea de leer la obra y extraer de ella un ‘algo’ en imágenes que la complemente, no que la sustituya. Ello es más claro en la portada, en donde nosotros pretendemos rehuir de lo obvio y que sea el ilustrador el que invite al lector a adentrarse en la lectura. Si la portada es un escaparate, el ilustrador también contribuye a montar la tienda ilustrando el interior. Nosotros somos muy afortunados con nuestros ilustradores, todo los cuales han enriquecido la obra literaria.

Dice Albdelfattah Kilito que todos somos capaces de leer todas las lenguas, cada cual en la suya. Este es un milagro posible gracias a los traductores, que son por ello coautores en la sombra, discretos como un árbitro de fútbol, pero imprescindibles para poder leer la obra, casi, casi igual, y a veces mejor que en su lengua originaria.

Nosotros procuramos realzar la figura del traductor en la medida de lo posible, que casi siempre está por debajo del papel que representan. Así que por una vez vamos a dejar de hablar de autores, o mejor dicho, vamos a hablar de los otros autores.


Servicios editoriales, otra faceta nuestra

Desde que comenzamos nuestra andadura editorial hace 11 años prestamos servicios editoriales a aquellas empresas y personas que nos los encarguen. Hemos hecho trabajos de diseño, de edición, de ilustración, de maquetación y de producción de un libro, con el único condicionante de que no lo ponemos en nuestro canal distribuidor.

En las imágenes superiores pueden verse tres ejemplos de otros tantos libros que confeccionamos y que entregamos a sus respectivos clientes. El primero, a la izquierda, un trabajo académico de uso para profesionales de la enseñanza y relativo a la implantación de los criterios de ‘inteligencias múltiples’ en el aula; un segundo, conmemorativo del 40 aniversario de Unate-Universidad Permanente; y un tercero, una Corona Poética a Joselito el Gallo, del cual se cumplió en 2020 el primer centenario de su fallecimiento en Talavera de la Reina.

Procuramos poner en estos encargos el mismo cuidado que si fueran libros propios y el resultado ha sido satisfactorio siempre para quien ha confiado en nosotros. El proceso que seguimos, en lo que atañe a un libro, incluye los procesos de redacción, corrección, maquetación, preimpresión e impresión, siempre en contacto estrecho con el cliente. Una vez que el libro sale de nuestras manos, nuestra la labor ha concluido y ya es tarea de otros.


Nos distribuye UDL Libros (papel) y Bookwire (ebooks)

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