Librerías donde se puede comprar ‘Pinar, Piscina, Plenilunio’, de Patricia Rodríguez

Librerías donde se puede comprar ‘Pinar, Piscina, Plenilunio’, de Patricia Rodríguez

Pinar, piscina, plenilunio

Aquí os dejamos un enlace a todostuslibros.com, la página de Cegal, que os puede ayudar a encontrar alguno de nuestros libros y especialmente el que ha escritor Patricia Rodríguez, ‘Pinar, piscina, plenilunio’. Es un buscador fácil y cómodo.

En todo caso, aquí os dejamos también una relación de puntos de venta en donde encontraréis un ejemplar:

El Corte Inglés/FNAC/Casa del Libro/Amazon/Elkar/Agapea Factory/Biblioteca de Babel/La librera del Savoy/La llar del llibre centre/La primera/Rossa llibres en femeni/Alcaraz cómics/Ali i truc/Herso/Popular Libros/Publics/Santos Ochoa/Antonio Machado/De mujeres/El Aleph Libros/Grant/Mujeres y compañía/Cervantes/Vorágine/Katakrak/Babel/Lual Picasso/Picasso/Prometeo y Proteo/Rayuela/Agapea/Casa del Lector/Librería de mujeres/Libros prohibidos/Saltes/Sinopsis/Término/Letras Corsarias/Maxtor/Oletum/Pastor/Víctor Jara / Margen/Sputnik/Berbiriana/Follas Novas/Lila de Lilith/Paz/Tanco.

Y por supuesto en nuestra web.

Un homenaje a las brujas de Macbeth y un homenaje a una joya arquitectónica, escondidos en PPP

Patricia Rodríguez

En PPP (‘Pinar, piscina, plenilunio’), última novela de Patricia Rodríguez, hay escondidos pequeños homenajes. Por ejemplo, hay un homenaje a las brujas de Macbeth, hay también un homenaje a una joya arquitectónica a la arquitectura española contemporánea (la Casa Guzmán) que fue derruida hace poco por unos herederos y hay, más que un homenaje, una recreación de un escenario futuro un poco apocalíptico que podía encajar de alguna manera en una especie de post-capitalismo desolado.

PPP es una obra de ficción literaria escrita en un estilo poético y contemplativo que explora el mundo de las «urbanizaciones» veraniegas durante los años 80 en la España posfranquista. Un fenómeno social por el cual la clase media emergente buscaba un retorno a la naturaleza, pero no en el pasado rural de su familia, sino en una imagen nueva y fabricada de prosperidad tomada de otras culturas occidentales.

La primera parte de la novela está escrita en el primer presente del plural y sigue a un grupo de niños prepúberes: Largos días de verano en bicicleta, perros callejeros, peligros moderados como un río cercano, el abismo entre ellos y los padres, nadando en otro piscinas de la gente por la noche cuando no están en casa. Su búsqueda de lo prohibido. Estar al aire libre en la oscuridad. Un trágico acontecimiento en el bosque. Un homenaje oculto a las brujas de Macbeth…

La parte II está escrita en primera persona del singular. Una adinerada ama de casa, en su nueva casa de verano, organiza una fiesta para conocer a los vecinos. Un espléndido banquete del que nadie puede salir. Cada espacio descrito en este capítulo recrea la arquitectura y los interiores de una de las joyas de la arquitectura española contemporánea, a Casa Guzmán, que recientemente fue demolida por sus propietarios para construir una casa de verano más grande y mejor.

La Parte III se desarrolla en un futuro cercano de crisis económica y degradación social. La mayoría de las parcelas han sido abandonadas o en mal estado. Uno de los niños vive en la casa de verano de su familia como un adulto privado de sus derechos, su única compañía, un vecino en el que no se puede confiar. «Ilegales» emigrantes okupan una casa cercana. Ella encuentra fuerza en la presencia omnipresente de la naturaleza, todavía latente, con nuevos significados y poderes, ahora reclamando esta arcadia alienante en las profundidades del invierno.Patricia Rodríguez es una autora española que vive en Londres, conoció por primera vez la pintura de Caroline en la exposición London Open en la Whitechapel Gallery. La pintura fue una de las claves que desencadenó esta nueva obra de ficción que será su tercera novela.

Pinar, piscina, plenilunio

‘Pinar, piscina, plenilunio’, un extracto

Pinar, piscina, plenilunio
Pinar, piscina, plenilunio.

En la urbanización, el verano suponía encomendarse a todo lo que existía en la naturaleza, a todo lo que procedía directamente de ella y a cosas que habían derivado de su bondad por vías más tortuosas. 

Al verlos alejándose, mezclados con otros niños, a medida que aumentaban su distancia, me costaba comprender cómo mis hijos podían parecerme tan impropios. La imagen rara de unos niños pequeños dejando un hogar cómodo y seguro, diluyéndose en la compañía de sus amigos. Mi extrañeza al comprobar que ya eran otras personas, individuos ajenos en los que bullía la vida sin que yo tuviera que alentarla, con una capacidad clara para la escisión. 

Los rosales que había imaginado bordeando el césped no han crecido demasiado. La sequedad del clima consiente pocas especies de plantas y el césped se agosta en cuanto no se riega un par de días. Mis hijos son seres humanos diferenciados y yo tengo que hacer un esfuerzo más grande del que había previsto para sostener el verdor debido en torno al chalet. 

Después de entregarles a su grupo de amigos, vuelvo a sentir los espejos de la casa. ¿En qué momento del día se riegan los rosales? Vuelvo a mirarme en ellos con atención. Dedicando a mi reflejo un tiempo que normalmente ocupan otras personas. 

Hay horas en las que apenas se oye nada afuera y empiezo a derivar placer de exactitudes absurdas. Mido con la vista una de las columnas de la valla de los vecinos, un poco más baja que las demás. Desde la ventana de la cocina, mi punto de observación, dibujo la trayectoria que seguirán las madreselvas que han empezado a extender sus tentáculos sobre la valla, son algo más benévolas que las arizónicas de la parcela contigua. Sus ramas aguzadas crecerán de modo incontrolado y quienes las han plantado lo lamentarán. Nada de lo que es nuevo me resulta apacible todavía. 

Debo recordar que el mal casi nunca proviene de donde se espera. El mal siempre es otra cosa y la naturaleza tiene sus propios mecanismos, una inercia natural hacia la vida que imanta todo lo viviente con lo viviente, que atrae su propia continuidad. Lo vivo tiende a perdurar de forma inconsciente y automática.

Junio ya ha solidificado el color del cielo. Los coches pasan a poca velocidad pero sigo sin distinguir quiénes viajan dentro. Me gustaría conocer a esas personas. Pasan el verano a poca distancia de aquí, han construido casas que son similares entre ellas pero también diferentes, casas edificadas cerca de mi casa, en un radio que puede recorrerse a pie en menos de una hora. 

Patricia Rodríguez. Pinar, piscina, plenilunio

El crítico literario como autoridad, por Toni Montesinos

El sueño esclavo, de Toni Montesinos.

Un día de 1984, un anciano Sándor Márai anota en su diario: «Voluminosos catálogos de editoriales, cada semana uno o dos. Miles y decenas de miles de libros, todos de reciente publicación, cientos y cientos de cada género. Un hartazgo asfixiante. Escribir sólo frases yuxtapuestas. Incluso palabras sueltas. Leer diccionarios. La literatura ha muerto: ¡viva la industria del libro!».

Esa misma idea, la del fin de la Edad de la Literatura, la expuso Germán Gullón en Los mercaderes en el templo de la literatura (Caballo de Troya, 2004), ubicándola en un tiempo concreto en nuestro contexto, alrededor del año 2000, cuando «se produjo un cambio radical en el panorama de las artes: la preferencia del hombre culto se trasladó de lo verbal a lo icónico, lo que vino a empañar un panorama cultural posmoderno ya de por sí confuso». El carácter comercial del libro literario, su valor convertido en precio, la marca registrada que hoy en día es el autor, el libro como objeto de consumo con código de barras, el show business de los premios, eran sólo algunos de los numerosos asuntos que Gullón analizaba con certeros argumentos y una valentía y clarividencia extraordinarios. Y además de modo excepcional, porque el debate en torno a todo ello es inexistente en España, que vive una etapa editorial-empresarial magnífica que, por desgracia, se asienta en un gran conservadurismo artístico, la censura del mercado en palabras del editor André Schiffrin, que va en detrimento en última instancia de la creatividad del escritor. 

Así las cosas, Gullón daba un paso adelante en su mirada sociocultural —siempre contundente y real, en ningún caso pesimista per se, ya que «nunca se ha leído tanto, gracias a la distribución de diarios gratis y al éxito de la novela negra y de la ficción histórica»— y concentraba una obra como Una Venus mutilada (Biblioteca Nueva, 2008) en la función de la crítica literaria española actual. Partiendo de una frase de «El método de Sainte-Beuve» de Proust, sobre el estilo periodístico, el catedrático de la Universidad de Ámsterdam abordaba la importancia de «cuidar de que la calidad cultural sea respetada en el espacio público». Un espacio en el que los medios de comunicación necesitan reajustarse para desarrollar una labor que abrace al libro como «uno de los semilleros del pensamiento humano», dado que «se impone la necesidad de que la política empresarial de los órganos culturales responda mejor a su audiencia, y consideren en serio las preferencias de los lectores».

En este sentido, los críticos deberían establecer la diferencia entre las obras de entretenimiento y las literarias, una frontera hoy turbia ante el caudal publicitario, el número de títulos nuevos al mes y lo políticamente correcto —para no herir la susceptibilidad de unos u otros— en el que nos dan gato por liebre continuamente. De este modo, en un ciclo tan regulado de productos culturales, cabe reactivar el modo de respetar lo comercial sin menoscabo de hundir «el legado literario, patrimonio de la humanidad [que] pasa por apuros de subsistencia como espejo válido de las realidades y sueños de la ciudadanía».

Observador infatigable de una sociedad que evita la discusión intelectual verdadera y de una crítica literaria cobarde en sus juicios, denunciador de las hipocresías del mundo universitario y de la parcialidad de los suplementos culturales, Gullón se empeñaba en buscar interlocutores que también pretendieran cuidar a la moribunda Literatura. En este Occidente presuroso de inicios del siglo xxi, hay que intentar su resurrección entre todos, aunque sea difícil encontrar voces hoy que se animen a cuestionar la situación sociocultural que nos rodea. El pesimismo en Occidente tiene mala prensa, y esas voces que no se contentan con lo establecido y lo denuncian mediante artículos o libros son escasas. Si en España Gullón se lanzó a tales tareas, afuera, André Schiffrin expuso su punto de vista al respecto en La edición sin editores (2000) y El control de la palabra (2006).

Más adelante, Schiffrin continuó con su análisis de un ambiente que conoce bien, por su largo paso por las editoriales estadounidenses Pantheon Books y The New Press, pero de una manera tangencial. Se trataba de unas «memorias políticas», como decía el propio autor, en las que se mezclaba una parte netamente biográfica, la más atractiva —la que hablaba de cómo sus padres emigraron a Nueva York— con el recuerdo de su activa participación en asociaciones políticas juveniles en su periodo universitario como «anticomunista prematuro», y su visión final de cómo la globalización se ha «apoderado de la edición mundial».

El modo en que Schiffrin reflexionaba sobre «la nueva ideología del beneficio» que impera en los grandes grupos editoriales es bien conocida, y en estas páginas todo lo que cuenta era muy interesante al respecto de su experiencia personal con Random House y su estupor ante la desaparición de su vieja idea: «El principio clásico de la edición de que los libros de éxito debían subvencionar a los que producían menos dinero». Sin embargo, la explicación de estas «nuevas normas empresariales» y «lo importante que es disponer de medios de comunicación independientes» eran asuntos que el editor parisino ya había tratado, de ahí que lo novedoso para el lector fueran, por un lado, su vida de niño y adolescente francés en el Nueva York de los años cuarenta, su negativa perspectiva de las universidades americanas e inglesas por el otro, e incluso su detallada visión de las políticas gubernamentales americanas en el plano internacional y bélico.

Para los interesados en el macartismo y el espionaje del FBI y la CIA, para los que quisieran saber cómo funcionaba una asociación como la Liga de Estudiantes para la Democracia Industrial, de la que Schiffrin era presidente, Una educación política (Península, 2008) constituía una lectura estimulante. Para los curiosos en saber la forma en que se enseñaba en Estados Unidos, ciertamente pobre en el ámbito de las humanidades, separando la literatura del contexto histórico, y también en Inglaterra (con un programa de estudios abrumador, «un caos»), también el libro ofrecía pasajes iluminadores. Pero, con todo, lo más emocionante era la parte familiar: conocer al padre, Jacques Schiffrin, y el impacto que le suscitó a André la lectura de las cartas que le envió al otro gran André de su vida, su amigo Gide.

Dichas cartas reflejaban el gran dolor que supuso para el fundador de Éditions de la Pléiade tener que emigrar de París ante el acoso nazi y de cómo él y su mujer convirtieron ese peligro en un juego para el chaval, que no fue consciente del enorme sufrimiento que conllevó tal huida. La pobreza, la dificultad de «reconstruir una vida cultural» en Manhattan, el viaje de André a los trece años a Francia en barco a visitar al editor Gaston Gallimard… Sólo la narración de esas experiencias ya justificaba la lectura de un libro poco unitario, algo disperso, pero incuestionablemente atractivo. […]

El éxito del fracaso, el fracaso del éxito, por Toni Montesinos

En una novela de Bohumil Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa, el protagonista, después de trabajar treinta y cinco años en una trituradora de papel, se introducía en la máquina y apretaba el botón que lo iba a aplastar. Echándole imaginación, ese podría ser el aspecto caníbal de la literatura actual en Occidente, convertida en muchos casos en disciplina industrial, dependiente de empresas de comunicación, constituyéndose en un Prometeo cuyos órganos son comidos y reconstruidos ad infinitum. Así, hoy el artista está castigado de cara a una pared llena de cifras: es un producto de las finanzas, el stock, el trimestre en las librerías, la trituradora si no logra un mínimo de ventas.

¿Qué significa, dentro de este marco de prisas, de ansiedad económica, de novedades que el tiempo desintegra antes de que su eco caduque de forma natural, el éxito y el fracaso de una obra literaria? Actualmente, los textos son secundarios en beneficio de quien los firma: se compra lo último de Menganito, y las agencias y editoriales buscan la fórmula —siempre su majestad la Novela— que les facilite insertar el original en el mercado. Así ocurre desde 1840, explica Arnold Hauser, cuando «la obra literaria se convierte en mercancía en el sentido más absoluto de la palabra; tiene su tarifa de precios, se confecciona según modelo y se entrega en fecha fija». Balzac o Eugène Sue serán algunos de los autores más aclamados y que más beneficios económicos consigan con este tipo de novelas por partes: «Las lee todo el mundo: la aristocracia y la burguesía, la sociedad mundana y la intelectualidad, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, señores y criados». Pero el que ganará más dinero, entre doscientos y trescientos mil francos al año, será Dumas, que enseguida entenderá la necesidad de recurrir a negros que le ayuden a satisfacer la demanda de unas tramas atractivas y sencillas; en su caso setenta y tres empleados que escriben una impresionante cantidad de páginas y entre los que destaca el erudito historiador Auguste Maquet.

Es el tiempo del folletín, cuando Dumas deja en suspenso la trama de El conde de Montecristo o Los tres mosqueteros para avivar la curiosidad del lector, del cliente fiel que a la semana siguiente adquirirá el periódico donde continúa la historia que le tiene en vilo. Jamás la palabra «producción» se había relacionado con la actividad artística, como advirtió Octavio Paz, hasta que se consolida la Revolución Industrial. Se inaugura, de este modo, el concepto de popularidad en torno al escritor: Balzac, Dickens, Blasco Ibáñez, Simenon, Stephen King, Pérez Reverte. En estos casos, se deduce que el éxito equivale a dinero, a número de admiradores que pagan a cambio de la creatividad de un individuo y su capacidad para entretener.

La otra cara de la moneda, sin embargo, resulta más atractiva, abundante y realista, más próxima a la mayoría: «¿El fracaso? El fracaso es el condimento que le da sabor al éxito», decía en su «Autorretrato» Truman Capote; algo que tiene que ver con lo que estudió Alain de Botton en Ansiedad por el estatus: «Nuestro sentido de la identidad se ve preso de los juicios de aquellos con quienes convivimos». En virtud de cuánto se atienda la opinión ajena, el fracaso y el éxito serán, por consiguiente, relativos; Lev Tolstói, en sus diarios, se preguntaba: «¿Para qué el dinero o la estúpida fama literaria? Es mejor escribir algo bueno y útil con convicción y entusiasmo»; y añadía: «Hay que escribir sin ruido, con tranquilidad, sin tener como objetivo publicar»; y el colmo de la contradicción: «Que mis obras se hayan vendido durante los diez últimos años [1885-1895] ha sido para mí el asunto más doloroso de la vida». Lo cual es difícil hasta para los autores de más talento. En la Navidad de 1922, Virginia Woolf escribía a Gerald Brenan: «¿Acaso no estamos siempre esperando? Y aunque fracasemos cada vez que lo intentemos, lo cierto es que no fracasaremos tan estrepitosamente como habríamos fracasado de no haber estado dispuestos a atacar el todo desde un principio». Woolf recordaba la desesperación que sentía, a los treinta años, al no tener nada digno de publicarse. Una autoexigencia que también proclamaba Julio Cortázar y que Samuel Beckett llevaría a sus últimas consecuencias, pues el sentimiento de repulsión por la propia obra es inherente al escritor, hasta el punto de que «ser artista es fracasar como nadie se atreve a fracasar».

Peor sería, no obstante, para aquellos que morirían sin disfrutar del clamor que el futuro tenía reservado a sus escritos: Mijaíl Bulgákov, calumniado y silenciado por el poder político hasta su desaparición en 1940, no vería cómo el mundo literario se asombraba ante El maestro y Margarita; Giuseppe Tomasi di Lampedusa fallecería meses antes de que se descubriera la magnitud de El Gatopardo aunque, por otra parte, su enfermedad le evitaría padecer los ataques de los críticos contra el relato; la repentina muerte de Robert Musil interrumpiría la escritura de la gigantesca El hombre sin atributos. Los casos son incontables. Hoy mismo, ¿intuiría Roberto Bolaño todas las maravillas, a título póstumo, que se iban a decir de su 2666?

El sueño esclavo, Toni Montesinos

He descubierto que la lectura es un sueño esclavo.  
¿No es mejor soñar mis propios sueños? 

Fernando Pessoa

600 páginas sobre libros y escritos, de la mano del crítico Toni Montesinos

El sueño esclavo, de Toni Montesinos.

Ya tenemos en preventa ‘El sueño esclavo. Tríos de artículos de comportamientos literarios‘, la gran obra recopilatoria de la labor crítica de Toni Montesinos (‘Qué leer’ y ‘La Razón’), 600 páginas en la que deambulan libros y literatos, pero sobre todo la pasión por la lectura y la escritura. Un libro imprescindible para los que aman los libros y que estará accesible para el público el 29 de este mes de marzo, aunque ya puede ser adquirido en nuestra web.

Toni Montesinos es, muy probablemente, el crítico literario más prolífico de España de lo que va de siglo XXI, abordando toda clase de lecturas de máximo nivel e interés. Desde diferentes periódicos y revistas, desarrolla una labor ingente, con un sello personal consistente en transmitir amenidad en el estilo, rigor en el conocimiento y sinceridad en el juicio, lo cual le ha granjeado innumerables adeptos. En ‘El sueño esclavo’, Montesinos recoge numerosos textos que ha dedicado a autores universales o motivos literarios, con la original propuesta de agruparlos por tríos sobre la base de «comportamientos». Un festín lector, una celebración por todo lo alto de quien es desde hace veinte años el principal comentarista de libros del diario ‘La Razón’.

EL SUEÑO ESCLAVO | ÍNDICE

Comportamientos literarios: La desmemoria literaria / El éxito del fracaso, el fracaso del éxito / Escritura que se fuma. Comportamientos regionalistas: Letras provincianas / La vieja irlanda nueva / El Sur en la narrativa norteamericana. Comportamientos ambientales: El café como rincón literario / Cementerios letrados / Temperaturas literarias. Comportamientos consolatorios: La utilidad de la literatura / El humor como terapia / Epicuro nos hace felices. Comportamientos sexuales: El miedo y el deseo: escritores y homosexualidad / Freud y el diván del sexo femenino / El pecado sensual de Lolita y el ‘ménage à trois’ de H. P. Roché. Comportamientos femeninos aventureros: Nellie Bly tras las huellas de Phileas Fogg / Dinesen y Markham: vuelos y amores sobre África / Agatha Christie alrededor del mundo. Comportamientos eróticos: Casanova y Sade, lujuria y perversión / Las fotografías de Lewis Carroll / La pornografía como tesoro documental. Comportamientos enamoradizos: Benjamin Constant y Jens Peter Jacobsen: el dolor de amar / Gabriele d’Annunzio: el amor teatralizado / García Márquez: un par de novias y una esposa. Comportamientos epistolares: Una ballena blanca entre Melville y Hawthorne / Henry Miller y sus cartas hamletianas / Miguel Delibes y un destino de 50 años. Comportamientos inadaptados: Leopardi, el cantor solitario / Clarice Lispector: preguntas sin respuestas / Emil Cioran y el tedio como profesión. Comportamientos lingüísticos: La oralidad literaria desde la historia / Sir Thomas Browne: el inventor de palabras / El Quijote habla spanglish, y Sancho, con refranes. Comportamientos navideños: Noche de paz, noche de amor: del villancico español al Dickens navideño / De Irving como antecedente dickensiano hasta el siglo xx / Volver a ser un niño con Agatha Christie y Chesterton. Comportamientos urbanos: La Barcelona novelizada / Londres en la historia y bajo tierra / Conexión Dublín-Sevilla. Comportamientos infantiles: El lobo siempre viene: cuentos de hadas clásicos / Pippi Långstrump: las dos trenzas más célebres / El corazón adulto de Gloria Fuertes y las fábulas de La Fontaine. Comportamientos superventas: Vicente Blasco Ibáñez y Corín Tellado / J. K. Rowling: la magia de hacer leer / Stieg Larsson: revivir con la firma de otro. Comportamientos argentinos: Juan Filloy y los títulos de siete letras / Los amigos de Borges / Ayer, hoy, siempre Cortázar. Comportamientos ciencia-ficticios: El género más apasionante de la galaxia / Viajes en el tiempo en territorios distópicos / Ray Bradbury: escribir para no morir. Comportamientos detectivescos: Letras en torno a Sherlock Holmes / El criminal igual que el escritor / La materia gris de Hercules Poirot. Comportamientos premiados: Los Nobel de la controversia / Mario Vargas Llosa y la fraternidad literaria / Lara y los premios Planeta. Comportamientos lugareños: La Trieste de Italo Svevo y Claudio Magris / El París de Patrick Modiano / Ring Lardner y E. B. White en Nueva York. Comportamientos españoles: Baroja, el huraño criticón / C. J. Cela: poeta vagabundo de la España negra y la América dictatorial / La hispanomanía, la hispanibundia y la hispanofobia. Comportamientos medievales: 700, un número en común de Dante y Petrarca en el siglo xxi / ‘Juego de tronos’: la realidad medieval hecha ficción / Arturo: el monarca de la magia. Comportamientos marítimos: Robinsones a bordo del barco de la literatura / Un tesoro de lectura: Robert Louis Stevenson / Conrad, Lowry y el mar de la escritura. Comportamientos terroríficos: Criaturas inmortales desde un volcán / Frankenstein y el legado de una madre / Bram Stoker, vampirizado por su Drácula. Comportamientos decadentistas: Malditos y dandis desde Baudelaire / Valle-Inclán y los tipos de bohemios / Rilke, angelical y apátrida. Comportamientos crítico-literarios: El crítico literario como autoridad / Harold Bloom o el buscador de genios / Del crítico historicista al artístico.Comportamientos periféricos: Un africano y un indio en el Caribe: Walcott y Naipaul / El implacable lector J. M. Coetzee / Las añoranzas de juventud de Mircea Cărtărescu. Comportamientos diarísticos: El diario viajero de James Boswell con Samuel Johnson / Memorias literarias día a día: de los hermanos Goncourt a Trapiello / Jornadas enfermas y solitarias: Katherine Mansfield y Sándor Márai.

Toni Montesinos.

Toni Montesinos (Barcelona, 1972) es crítico literario de ‘La Razón’ y redactor jefe de ‘Qué Leer’. Ha publicado cuatro novelas: ‘Solos en los bares de la noche’ (2002), ‘Hildur’ (2009 y 2015), ‘La soledad del tirador’ (El Desvelo, 2017) y ‘El fantasma de la verdad’ (El Desvelo, 2018). Sus últimos libros son ‘El dios más poderoso. Vida de Walt Whitman’ (2019), ‘El fruto de la vida diversa. Artículos sobre literatura norteamericana’ (2020) y ‘Palabrería de lujo. De la Ilustración hasta Houellebecq’ (2021).

Servicios editoriales, otra línea de nuestra actividad

Desde que comenzamos nuestra andadura editorial hace 11 años prestamos servicios editoriales a aquellas empresas y personas que nos los encarguen. Hemos hecho trabajos de diseño, de edición, de ilustración, de maquetación y de producción de un libro, con el único condicionante de que no lo ponemos en nuestro canal distribuidor.

En las imágenes superiores pueden verse tres ejemplos de otros tantos libros que confeccionamos y que entregamos a sus respectivos clientes. El primero, a la izquierda, un trabajo académico de uso para profesionales de la enseñanza y relativo a la implantación de los criterios de ‘inteligencias múltiples’ en el aula; un segundo, conmemorativo del 40 aniversario de Unate-Universidad Permanente; y un tercero, una Corona Poética a Joselito el Gallo, del cual se cumplió en 2020 el primer centenario de su fallecimiento en Talavera de la Reina.

Procuramos poner en estos encargos el mismo cuidado que si fueran libros propios y el resultado ha sido satisfactorio siempre para quien ha confiado en nosotros. El proceso que seguimos, en lo que atañe a un libro, incluye los procesos de redacción, corrección, maquetación, preimpresión e impresión, siempre en contacto estrecho con el cliente. Una vez que el libro sale de nuestras manos, nuestra la labor ha concluido y ya es tarea de otros.

Presentación de ‘La guerra es una estafa’, en La Vorágine, de Santander

Os dejamos la presentación completa de ‘La guerra es una estafa’, de Smedley Butler, que hicimos el pasado jueves en La Vorágine, de Santander. Presenta la obra Jesús Ortiz Pérez del Molino, autor del epílogo.

Entre la erudición y la ironía: Gabriel Insausti, poeta, ensayista y filólogo

Gabriel Insausti

La publicación de la antología poética de William Henry Davies supone nuestra segunda colaboración con el ensayista, poeta y filólogo donostiarra Gabriel Insausti tras la publicación en 2019 de ‘En la ciudad dormida’. Para nosotros es muy halagador que alguien con el bagaje y la erudición de Insausti confíe en nuestro proyecto a la hora de publicar parte de su producción. Aparte de su conocimiento, erudito pero nada avasallador y siempre accesible y cercano, la obra de Insausti, tanto propia como traducida, está determinada por una ironía y una cercanía a los personajes conmovedora. Nosotros somos seguidores de él, tanto con nuestros libros como con los que han publicado otras editoriales. Os lo recomendamos encarecidamente (aunque no sean nuestros libros, pero también). No os defraudará.

Insausti es doctor en Filología Hispánica y Filología Inglesa. Master of Arts en Filosofía y en Historia del Arte. Ha sido visiting scholar en las universidades de East Anglia y Aberdeen. Desempeña su labor docente en el departamento de Literatura hispánica y Teoría de la literatura de la Universidad de Navarra. Ha traducido a Cecil-Day Lewis y a los románticos ingleses (Coleridge, William Wordsworth), así como a W. H. Auden y John Henry Newman. Ha publicado también libros de investigación filológica (La presencia del romanticismo inglés en el pensamiento poético de Luis Cernuda) y textos sobre cine (Tras las huellas de Houston), aunque su producción más importante es la poética.

Premios literarios

  • Premio de poesía “Arcipreste de Hita” 2000 por Últimos días en Sabinia
  • Tercer puesto en el  Premio Nacional de Poesía 2002, también por Últimos días en Sabinia
  • V Premio Internacional José Bergamín de aforismos, por su obra Tirar la piedra

Obras

  • La presencia del romanticismo inglés en el pensamiento poético de Luis Cernuda, EUNSA, Pamplona
  • Noche a noche
  • Vísperas del silencio, Diputación Provincial, Soria, 1992
  • Tras las huellas de Houston, EUNSA, Barcelona
  • Últimos días en Sabinia, Pre-Textos – Ayuntamiento de Alcalá la Real, Valencia, 2001
  • Destiempo, Renacimiento, Sevilla, 2004
  • Cristal ahumado, 2006
  • Vida y milagros, Pre-Textos, Valencia, 2007
  • Tierra de nadie: La literatura inglesa y la Gran Guerra, Pre-Textos, Valencia, 2015
  • En la ciudad dormida, El Desvelo Ediciones, Santander, 2019
  • Antología Poética W. H. Davies, El Desvelo Ediciones, Santander, 2021

Antología poética de W. H. Davies

El poeta vagabundo William Henry Davies es prácticamente un desconocido en España. Pero se trata de uno de los poetas más populares de Reino Unido. En esta obra puede encontrarse una antología de la mano de Gabriel Insausti. Su vida como vagabundo le hizo famoso y su poesía, de gran sencillez, le hizo muy popular. Protegido de George Bernard Shaw, también influenció en poetas de su época como Edward Thomas. Esta antología se publica en edición bilingüe español-inglés y la traducción, prólogo y selección corresponden a un gran especialista en el período poético de entreguerras en Gran Bretaña, Gabriel Insausti.


Cementerio de Père Lachaise, escenario de las andanzas del protagonista de ‘En la ciudad dormida’.

En la ciudad dormida

‘En la ciudad dormida’ es un libro de viajes en el que hay más libro que viajes. En él se visitan los cementerios de París en busca de las sepulturas de algunos escritores, en cuya vida se ha querido ver la memoria de la Europa moderna. De Villiers de L’Isle Adam a Ciorán, de Gautier, a Baudelaire, y tantos otros. Una memoria que, tras los atentados de 2016, propiciaba que pendiesen sobre la ciudad varios interrogantes. “… Y tal vez siguiendo el rastro del poeta y sus sucesores se averigüe cuál fue su pecado, cómo llegó a morir cada uno. Cómo llegó no a la muerte, a esa igualación de las existencias por el rasero de la nada, sino a su muerte…”. Desde la inquietud y el humor, el autor recoge la atmósfera de un paisaje perplejo y una belleza amenazada

La poesía de ‘Supertrump’, en edición bilingüe y de la mano de Gabriel Insausti

Antología poética de William Henry Davies

Ya tenemos a disposición de los libreros (y pronto del público) una antología excepcional de uno de los poetas referentes de este género en el Reino Unido. Hombre de gran sencillez, con ideas propias y nada acomodaticio, W. H. Davies viajó por el mundo libre de ataduras y escribió al margen de modas y generaciones una poesía como era él: sencilla y honda, de vuelta a las cosas esenciales, que son las que importan. Con su visceral independencia, la poesía de Davies fue muy popular en el primer cuarto del siglo XX y grandes poetas del momento como Edward Thomas se reconocen como tributarios. Tuvo más influencia de la que quiso tener y recibió menos reconocimiento del que merecía.

En esta edición bilingüe, prologada y traducida por Gabriel Insausti, se recoge una antología de sus mejores y más significativos poemas.

William Henry Davies (Newport, 1871 – Nailsworth, 1940). Poeta y novelista inglés, conocido como el poeta vagabundo o como él mismo se describió: un ‘supertramp’, un supermendigo. De origen humilde, empezó a trabajar desde muy joven. Abandonó Inglaterra en 1893 y, durante algunos años, vivió vagabundeando entre Estados Unidos y Canadá, pero se vio obligado a poner fin a esta vida de aventurero tras un accidente que le costó la amputación de un pie. Regresó a su país y se estableció en Londres, donde, por un tiempo, se ganó la vida como vendedor ambulante. Gracias a la ayuda y al apoyo de George Bernard Shaw y de Edward Thomas, en 1905 consiguió publicar su primera colección de poemas, ‘Soul’s Destroyer’.

SOLEDAD

Sí, soledad, pues solo veo árboles
en torno a mí y muy cerca, hacia el oeste
–casi a tiro de piedra– una montaña
que forma un solo ser con este bosque.
He mirado su cumbre largo rato
por si volaba algún ave de presa
sobre esa ola de tierra, y se acercaba 
por temor de volver por esa senda.
Y si lo hubiese visto, qué alegría
como cuando una vez, aún niño, vi
junto a un muelle una barca de diez pies
que había atravesado el hondo Atlántico
y a un anciano que se había amarrado
tres días y tres noches, pues si el viento
lo soltaba, sin duda se ahogaría.
Sí, soledad, pues a mi alrededor
no veo sino montes con sus árboles
y las flores, las aves, las abejas
-las abejas, que beben de esas jarras
de forma y color vario y no suspiran
sino murmuran su alabanza– y todos
los pájaros cantaban hasta ahora
que han oído el chillido de algún mirlo,
al verme detenido bajo un árbol,
y los ha enmudecido y ahuyentado;
incluso el petirrojo mira en torno
con miedo. Y una casa o dos más lejos,
sin señales de vida; en vano el cuco
nos deja oír su extraña, alegre nota
por que la voz del niño le responda.
Vagan por este valle silencioso
ovejas que no tienen otro hogar
ni sueñan otra cosa que este valle.
Veo una puerta, un muro casi en ruinas,
oscuro y sin pintura, y me parece
que podría contar dulces historias.
Luego anduve y muy cerca encontré un campo
y lo que vi me hizo abrir los ojos:
un hombre y un caballo blanco, y juro
que, aunque dormidos, araban la tierra.
Luego me fui a casa y ya no vi
un solo rostro en mi camino, hace
una semana de esto. No habrá uno
entre los vagabundos de Inglaterra
que me haga creer en ese campo
cuando yo, soñador, cierro mis libros.
Y, sin embargo, a veces dejaría
feliz que me engañasen esos hombres.

Traducción: Gabirel Insausti.
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