Tres poemas de Teresa Guzmán, del libro ‘En el lugar del viento’

Tres poemas de Teresa Guzmán, del libro ‘En el lugar del viento’

En el lugar del viento
ANSIÁBAMOS LA LUZ DE LAS CIUDADES,
sus destellos más íntimos
a la caída de la tarde
como minúsculos cristales esmerilados
que dejaban tan solo ver las formas.
Nos creímos gigantes
a esa escala en la que se miden
las latitudes más extrañas de los mapas.
Bastaba con atrapar la tibieza
con que un dedo acaricia
el cuenco de la mano.
Yo sigo el zigzagueo
con los ojos,
sin perder el trazo
del símbolo infinito que me dibujas.
Dormimos al raso de los sueños
bajo un cielo que muestra
lo que aún no ha acontecido.
Tú te muerdes los labios
de la misma forma en que seduces.
Yo veo las palabras
consumidas en mi cabeza,
mientras cae la luz sobre tus ojos
y es fácil rendirse al embrujo
con que precipitan el crepúsculo. 
COMO SI NADA TRATAS LA MATERIA DEL TEMBLOR.
La vistes a tu antojo moldeando sus formas
y exhibes la alquimia con que mudas
los tiempos que encierran los espejos.
Te nombro aquí, frente a un paisaje
que no puede durar más allá
de lo que somos,
dos seres que proyectan un mismo deseo
y caminan ciegos
en medio de la persistencia de la niebla.
Puedes decir que existe un lugar
reservado a quienes al igual que yo,
nunca se rinden.
Pero ese lugar está más adelante
y el paso del tiempo
unge la extrema unción
sobre la frente coronada por el frío.
Si te acercas lo suficiente
me verás latir la piel,
notarás su respiración
como una sábana bombeada
por el levante.
Llueve sobre tu playa en el invierno,
a los pies de la cama donde te vi volar
como el pájaro libre
que debiste ser siempre. 
HE VENIDO A VIVIR A UNA CIUDAD
que tiene la medida de un bosque.
He traído las nubes desde lejos
y plantado las semillas
en una tierra que fuera
heredera del primer paraíso.
La mía bien pudiera ser
la historia de cualquiera,
con sus verdades a medias,
sus luces y sus sombras,
reveladas en la iluminación
última de la tarde.
En ella no caben
los idiomas que trenzan las palabras,
y no soy más que aquella
que ha elegido para la contemplación
un espejo de agua. 

‘Leve’, poesía de José Manuel Gallardo sobre la enfermedad y la pérdida

Leve

Entre lo que nos aquieta y lo que nos hiere está ‘Leve’, un trazado entre salas de espera y seres que aman. El que comprende el miedo no puede usar un lenguaje yerto. Libro que comprende el insomnio, eso es ‘Leve’, poemario del madrileño José Manuel Gallardo, que ya es reservable y oficialmente estará a la venta el lunes de la semana que viene.

El segundo poemario que publicamos de José Manuel Gallardo, tras ‘Infinitos monos’, es una delicada apuesta poética sobre la enfermedad y la pérdida. Como indica Cristina Morano en su prólogo, «si la poesía es la expresión de la belleza, cómo podremos decir lo que nos angustia; y si la poesía es el territorio de la investigación, cómo alcanzaremos a calmar a quien nos mira; cómo incluiremos en el texto a quien come el pan con nosotros si la poesía es soledades intraducibles».

"Dime lo que te duele
y cuándo comenzamos el viaje".

«Este verso no lo dice un poeta indiferente a su alrededor, aislado en planos abstractos, este verso es de un hombre herido entre muchos otros, un acompañado-tocado-compañero de otros y otras.

«Miedo, muerte, rutinas de lo enfermo o amor a lo que se quiebra. Territorios que deben crecer en el poema, que deben prosperar cuando el autor quiere realizar una vivencia completa en su obra.

«Aunque nadie lo vea, el poeta tiene enfermedad y compañía. Ambos polos del ser tiene. Y estos polos se mezclan: cuando la enfermedad es larga, acompaña al cuerpo y mancha la palabra que no podrá ser pura belleza. Así mismo, cuando la familia o el amor es largo, acompaña al dolor, que no podrá ser expresión fría del miedo, sino palabra mestiza de muerte y calma».

Os dejamos con uno de los poemas del libro:

Carpe Noctem

Vístete y sal esta noche;
que no se lleve la tierra húmeda
lo que esta noche podamos contemplar;
que no arda en el fuego todavía
la magnanimidad de la existencia;
que esperen los llantos y las coronas,
las salas refrigeradas de la madrugada,
las elegías.
Vístete y sal esta noche,
que no se lleve la tierra húmeda
las ganas que hoy tenemos de estar vivos.
José Manuel Gallardo.

Madrileño nacido en 1975; licenciado en Filología Hispánica, Master de Enseñanza de Español como Lengua Extranjera y director pedagógico y profesor de Lengua y Literatura. Ha publicado ‘Límites’, Ed. Talavera de la Reina, 2003 (accésit al Premio Joaquín Benito de Lucas); ‘Números rojos’, Amazon.es, 2012; e ‘Infinitos monos‘ (Desvelo Ediciones, 2016). José Manuel realiza recitales y sus poemas han sido musicados por cantautores.

Mánfanos, por Fernando Huidobro Rein

Hay libros con los que nos hemos reído lo que no está escrito. Excesivo, buenhumorado, maravillosamente caótico, cargado de experiencias y consejeros, #cocinarecreacion, de #fernandohuidobrorein, siempre depara momentos como este: la definición de mánfano, que son «los trozos de pan con los que se apuran las salsa de los guisos». O sea, los barquitos. 

#bookstagramespaña #bookaddict #bookaholic #bookquotes #bookworm

Fernando Huidobro Rein

Mánfanos

Esta «apócrifa» palabra, tan bella en lo fonético como en su significado gastró, designa ni más ni menos que «los trozos de pan con los que se apuran las salsas de los guisos». Es decir, los barquitos.

En esta bendita costumbre nuestra creo ver reunidos los más sagrados pilares de la sapiencia y la historia de la culinaria popular española: su pandectas, que, por mucho que suene a medicamento para el flato, no significa sino compendio.

Lo primero fue y es El Pan. Alimento esencial y continuado de nuestro devenir ibérico, mediterráneo y occidental. Ya la Odisea llama «comedores de pan» al pueblo que no alcanzaba la abundancia de la rica aristocracia, los héroes o los dioses que se endilgaban pal buche exquisiteces como la carne asada, el néctar o la ambrosía.

Pijadas de elegantosos que arribaron hasta el siglo XX y desterraron y despreciaron como provinciano y pueblerino al españolito panadicto, inmortalizado en la icónica imagen cinematográfica y literaria sentado al traqueteante tren con su hogaza de pan cateto apoyada en el pecho, navaja en mano, cortando hacia sí un buen cachopán para ofrecerlo y compartirlo, quizás con una rodaja de chorizo, a los compañeros de viaje y compartimento —nunca mejor dicho—. El pandemónium infernal del pan llegó cuando fue identificado con la gordura, pero la profesión, la verdad y las ganas de comer van por dentro: «dame pan y dime tonto», dice el refrán.

Y tras el pan, y unido untuosamente a él, vinieron Las Salsas o composiciones más o menos fluidas de varias sustancias que se hacen para aderezar o condimentar una comida y que excitan o mueven el gusto. ¡Ah, las salsas! Amplísimo elenco, inabarcable variedad, casi todo lo edible es susceptible de convertirse en salsa; inconmensurable placer que desde lo primordial y basto pasó a ser paradigma de la gran cocina francesa y, desde ella, se trasladó a las demás de occidente primero y del resto del mundo después; sin olvidar ni menospreciar la «salsa española» o la mayonesa, que son universales. Luego, todas se refinaron, se aligeraron con la nueva cocina, para pasar a integrarse escasamente en los platos y recetas de la estética vanguardia, que las desea en su justa proporción a juicio y gusto medido del cocinero, no del comensal. Las salseras fueron, así, cuasi arrumbadas y nunca ya el servicio ofreció una segunda oportunidad de servirse más. Pero hete aquí que el mundo sigue dando vueltas y revueltas, y la cocina cambia con él y se recrea. Y así hemos pasado a convertir hoy día las salsas en el meollo de muchos platos de la alta cocina; a que purés, cremas, emulsiones, caldos y sopicaldos, espumosidades, etcétera tomen el poder del sabor y resulten tan principales que acaben siendo de por sí, desnudas, el propio plato.

Y como tercera pata, Los Guisos: el resumen, el cocinar a una con salsas, el cocer y guisar en ellas, el unir y ligar productos y jugos, la mayor sofisticación de la gran cocina clásica e internacional.

De la íntima conjura de pan, salsa y guiso sale este panegírico mío; de esta guisa nace nuestro prota El Mánfano. 

Cocina recreación, de Fernando Huidobro Rein.

Presentación de ‘Entretanto, en algún lugar’, en Bilbao y en San Sebastián

No os perdáis la puesta de largo que tendrá ‘Entretanto, en algún lugar’, de Ángela Mallén, en San Sebastián (3 de septiembre) y Bilbao (4 de septiembre).

Ángela Mallén.

Muchos de los relatos de Ángela Mallén respiran entre la realidad y el ensueño, mostrando lo extraño y fantástico como parte del tiempo y por lo tanto de cuanto somos. Personajes que nunca son ni héroes ni villanos. Una miscelánea de travesuras filosóficas y misteriosas. Cuentos narrados en voz baja con un matiz de extrañamiento y una leve ironía, que indagan y se cuelan entre lo observado y lo imaginado mientras el tiempo corre fabricando sus propias historias, sin mirar atrás.

En Bilbao

El próximo 4 de septiembre, presentaremos los relatos de Ángela Mallén en Bilbao. Será en la sede de FNAC (C/ Alameda Urquijo – Urkixo Zumarkalea 4 ). Ángela presentará su libro a las seis de la tarde acompañada del escritor Juan L. de la Cruz.

La presentación contará con todas las medidas de seguridad para despejar temores a la hora de acudir, la primera de las cuales es un aforo limitado para mantener las distancias mínimas entre los asistentes, lo cual requiere la inscripción de los interesados en la web de FNAC, cuyo enlace es este:

https://www.fnac.es/Entretanto-en-algun-lugar/cp5816/w-4

Este enlace también es el correspondiente para la inscripción que tendrá lugar un día antes, 3 de septiembre, en la tienda FNAC de San Sebastián.

En San Sebastián

En la capital donostiarra (Centro Comercial San Martín C/ Loyola, s/n – 20006 Donostia / San Sebastián), Ángela estará acompañada con su editor, Javier Fernández Rubio, en un acto que tendrá lugar también a las seis de la tarde.

En FNAC Donostia, el 3 de septiembre.

El despertar borgiano a la palabra por medio del ruiseñor de Keats

Jorge Luis Borges.

Hoy, Jorge Luis Borges, hubiera cumplido 121 años. Queremos celebrar su onomástica trayendo a coalición otro cumpleaños, otro nacimiento, en este caso, a la literatura. Él mismo lo cuenta:

«Mi memoria me devuelve a una tarde de hace sesenta años, a la biblioteca de mi padre en Buenos Aires. Estoy viendo a mi padre; (…) Lo estoy viendo ahora mismo y oigo su voz, que pronuncia palabras que yo no entendía, pero que sentía. Esas palabras procedían de Keats, de su Oda a un ruiseñor. (…) Yo creía saberlo todo sobre las palabras, sobre el lenguaje (cuando uno es niño, tiene la sensación de que sabe muchas cosas), pero aquellas palabras fueron para mí una especie de revelación.» 

Y también lo cuenta Claudia Capel, en su libro ‘Borges invisible’, del que hemos entresacado este extracto.

El Lazarillo, Carpanta y la España de carretas sin carreteras

Foto Remartini
David Remartínez ‘Remartini’

El hervor final a la tortilla tenía por objeto, lógicamente, reblandecer el pan duro hasta convertirlo en algo digerible para aquellas bocas llenas de agujeros. Recordemos que somos el país del Lazarillo y de Carpanta; que aquí, hasta que tuvimos clase media, solo estaban gordos los curas, los generales y los ministros. Había una masa de gente que se aparentaba burguesa pero que no lo era, como tampoco las recetas caseras eran realmente recetas. 

Una receta siempre pretende ser una memoria orgullosa, no una mera instrucción para no morir durante el invierno. El hambre agudiza el ingenio para sobrevivir, en efecto, pero nunca alcanza por sí solo el necesario para súpervivir. El progreso requiere autopistas con entradas y salidas en lugar de pedregosos caminos de cabras. Josep Pla señalaba en 1972 que «una de las cuestiones más complejas y de mayor profundidad de esta península es la mejora de la cocina popular y rural, no solamente para llegar a vivir con un punto de discreción, sino con vistas a la eficacia». Una década después, en 1981, José Ramón Sáiz Viadero coincidía: «En Cantabria ha existido de siempre la teoría de comer para vivir, por encima de la más suntuosa de vivir para comer. Esta comarca peca, ya verán, de excesiva frugalidad, de manifiesto apego al comportamiento austero, y todo ello se echa de notar a la hora de hacer un repaso de los platos característicos de la región». Como se aprecia, ambas reflexiones, la de Viadero y la de Pla, entresacadas de Lo que hemos comido y de la guía Comer en Cantabria, respectivamente, son de hace dos días. De anteayer. De mis últimas imágenes de Petra y de su España helada, empujada por carros y carretas, y sin carreteras.

Remartini, La puta gastronomía.

La opinión de Federico el Grande sobre España

España y Revolución.

Federico el Grande, conversando con su ministro de Guerra, le preguntó cuál creía que era el país en Europa, según su opinión, más difícil de llevar a la ruina. Viendo que el ministro vacilaba, respondió por él: «Es España: su propio gobierno ha procurado durante muchos años arruinarlo, pero todo ha sido en vano». Federico el Grande parece haber pronosticado el reinado de Fernando VII.

Karl Marx, España y Revolución.

Teresa Guzmán, en El Periódico de Extremadura

Teresa Guzmán, en una fotografía de archivo. - EL PERIÓDICO
Teresa Guzmán, en una fotografía de archivo. – EL PERIÓDICO

L a extremeña Teresa Guzmán Carmona ganó ayer el premio Gerardo Diego, en la modalidad de poesía, con la obra En el lugar del viento, mientras que el vallisoletano Juan Manuel Losada logró el José María Pereda de novela corta con Lluvia sobre el cajón, y la gaditana Nieves Vázquez se llevó el Manuel Llanos de cuento.

Estos galardones son convocados por el Gobierno de Cantabria, cuyo consejero de Cultura y vicepresidente, Pablo Zuloaga, felicitó a los premiados, que obtendrán 12.000 euros, en el caso del ganador de novela corta, y 5.000 las otras dos, informa Efe.

En un comunicado, Zuloaga resaltó la presencia de dos mujeres entre los galardonados, un hecho que, a su juicio, «hay que destacar pues es la primera vez que se produce en la historia de estos certámenes y que confirma el peso que va adquiriendo la presencia de escritoras en estas convocatorias literarias», aseguró.

También agradeció el trabajo de los jurados, «cuya generosidad y criterio ayudan a consolidar unos premios que son de los más veteranos de cuantos se convocan en nuestro país», afirmó.

Más de un centenar de originales se presentaron a la convocatoria de estos certámenes literarios, de los que 41 optaron al José María Pereda, 59 al Gerardo Diego, y 28 al Manuel Llano de cuento.

La extremeña Teresa Guzmán (Don Benito, 1972), que en una entrevista con este periódico en 2014 aseguró que le gustaría definirse «como la persona serena que en realidad no soy», estudió Filología Inglesa y posteriormente Magisterio, profesión que ejerce. Se dedicó a la escritura desde una edad muy temprana y entre sus publicaciones, además de teatro, destacan Poemas (1993), Poemas para un collage (1995), Correspondencia (2000), En las márgenes del fuego (2002), Los visillos del viento (2004), o Todas las razones para la huida (2014). Ha merecido, entre otros, los premios Valbón, Certamen de poesía de Valverde de la Vera, Porticvs, Elvira Castañón o el García de la Huerta. Fundadora del colectivo poético Veritas, tiene entre sus aficiones la fotografía y la literatura.

En la citada entrevista, también afirmó que escribe porque «siempre he tenido el convencimiento de que lo hago para tratar de encontrar mis propias respuestas. Después, y con el paso del tiempo, te vas dando cuenta de las preguntas que nos hacemos todos son más o menos las mismas. Precisamente lo que nos diferencia son las respuestas. Por eso me gustar pensar que cuando escribo habrá alguien que sienta de algún modo que mis palabras le pertenecen y que las hace propias porque son también parte de sus respuestas.

https://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/cultura/extremena-teresa-guzman-gana-gerardo-diego-poesia_1202805.html

En el lugar del viento

Crítica de Ayala-Dip, en Babelia, de ‘La carretera de la Costa’

La carretera de la costa.

Me parece que La carretera de la costa no fue escrita con la pretensión de quedar en el imaginario estético de sus lectores, sí en su imaginario histórico más reciente. Por eso duele tanto a veces su lectura.

Ernesto Ayala-Dip, Babelia, El País.

https://elpais.com/cultura/2020/08/18/babelia/1597748195_136933.html

Entrevista a Kepa Murua en Culturamas: «Todo puede suceder en agosto»

Fotografía: Pablo García Herrero

Por Isabel Alamar.

Kepa Murua (Zarautz, 1962). Con una trayectoria de más de treinta años, su obra se compone de poemarios, novelas y ensayos. Sus últimos libros de poesía publicados son: Autorretratos (El Desvelo, 2018), Pastel de nirvana (Cálamo, 2018) y El cuaderno blanco (El Desvelo, 2019). En cuanto a sus novelas, debemos mencionar Un poco de paz (2013), Tangomán (2015) De temblores (2017) y La carretera de la costa (2020), todas ellas publicadas en El Desvelo. Hasta la fecha solo se han editado dos volúmenes de sus memorias, con los títulos: Memorias de un poeta metido a editorLos pasos inciertos, 1996-2004 (Milrazones, 2012) y Los sentimientos encontrados, 2005-2007 (Cálamo, 2016). Actualmente trabaja en un ciclo novelesco titulado El escuchador.

¿Qué otros escritores te animaron a escribir?

Cuando era un muchacho mi hermana María José me regaló Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda, luego pude leer Cartas al padre, de Kafka, un libro que sentí como diferente. Esto es algo distinto, me dije. Pero lo que me animó a escribir fue Cartas a un joven poeta. Rilke fue para mí el profesor que no tuve.

¿Cómo alimentas tu creatividad?

Leo libros de diferentes disciplinas, también la prensa, y me fijo en la gente, escucho sus conversaciones con atención y dejo que la imaginación haga su trabajo.

¿Cómo se escribe en tiempos de coronavirus?

Se pensará que se hace con nerviosismo, pero en mi caso, cuando escribo, estoy en un mundo que me defiende del miedo o del temor al futuro. Si escribo el tiempo pasa y viajo por diferentes lugares aun no moviéndome de casa.

¿Qué es aquello inesperado o esperado que ha aportado la literatura a tu vida?

La sorpresa, esa capacidad de recrear mundos distintos o de elaborar pensamientos arriesgados. Ahora que me hago mayor siento que me ha aportado conocimientos y mucho de relajación.

¿Cuál es ese libro que no podía faltar en tu biblioteca?

Autobiografía de un yogui, de Yogananda. La recomendación nos la dio George Harrison, el músico regalaba este libro a cada amigo que traspasara la puerta de su casa.

¿Qué admiras en tus amigos escritores?

Como dicen de mí que soy serio, su alegría.

¿Qué es lo que más te gusta de tus lectores?

Se aprende mucho de ellos; alguna vez recibí una carta que me motivó a seguir, pese al escaso eco de mi trabajo. Cuando los conozco, siento su voz plenamente; hasta entonces los imaginaba de otra manera.

¿Qué es lo que estás escribiendo y leyendo en estos momentos veraniegos?

Escribo canciones. En agosto leo los libros que me envían durante el año. Lo que ya no hago es responder si me gustan o no. Un amigo me dijo: “cómo has viajado tanto” y lo cierto es que no me he movido de casa más que para ir al parque o muy de vez en cuando a la playa. Con el tiempo que me resta, aprovecho para actualizar mis redes, leer los comentarios y saludar a los nuevos y viejos amigos y conocidos.

El cuaderno blanco

Háblanos de tu última antología y comparte por favor, con todos nosotros. uno de sus poemas.

   El cuaderno Blanco es la primera antología de mis poemas, la selección fue hecha por Catalina Garcés y observo que eligió poemas con una mirada distinta a la mía, y eso me gusta.

Yo llegué un día a este libro
cuando sus páginas estaban cerradas.
Y tú llegarás a darte cuenta
de que no es tan triste
como parece a primera vista.
Por eso me preparo a conciencia
y le doy las gracias a la vida,
aunque nadie me oiga
o nadie vea cómo lo hago,
muchas veces con los labios cerrados.
¿Qué quieres que te diga?
Escribo aunque nadie me lea.

Transcribe un párrafo de tu última novela y cuéntanos un poco su argumento.

  La carretera de la costa va sobre ETA, esa locura que vivimos porque no fuimos sensatos ni inteligentes. Copio un párrafo:

¡Pobre aquel que cayera por unas balas siendo un hombre inocente!, ¡pobre aquella mujer que paseaba y explotó una bomba!, ¡pobres aquellos que mataban y morían!, ¡pobres aquellos que llegaban a un norte frío y se convertían en duros e inasequibles a la ternura o distantes ante la inocencia de tantos que en medio asistían perplejos a lo que sucedía, y llegaban a pensar que bastante suerte era que aún siguieran con vida!

La carretera de la costa.

Comparte con nosotros algún texto que tenga que ver con los meses de verano.

Tengo un libro inédito, un ensayo titulado Libro de las estaciones; a ver si esta entrevista la lee alguna editora y quiere publicarlo.

“Todo puede suceder en agosto”:

Agosto no es egoísta como febrero, no es tan húmedo como abril, no es tan testarudo como octubre ni tan sagrado como diciembre, pero es el más luminoso y claro de todos, es amoroso y abierto. Es un mes que se ofrece en todos los lugares del mundo a los necesitados y tiene el poder de convertir sus treinta y un días en un lugar donde todo puede suceder si se abren los ojos antes de que nos invada el sueño.

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