Categoría: Lecturas

Canciones para Pau Donés, de Kepa Murua.

«Una gota de lluvia/va del árbol a mi cara»

Os dejamos un poema del libro de Kepa Murua ‘Canciones para Pau Donés’. El poemario estará a la venta el próximo lunes, pero ya se puede reservar en tu librería favorita.

NO TE VAYAS

En el suelo resbaladizo 

hay una flor que me mira.

Una gota de lluvia 

va del árbol a mi cara.

No te vayas, como el otoño,

inesperadamente.

Como la luz que se extingue

por la noche, no lo hagas.

Deja que mis ojos te vean.

Que mis manos te toquen.

Que mis palabras te celebren

entre la lluvia.

Tal como el presente

en los días calurosos,

cuando la flor crece 

mi cuerpo amará el tuyo.

Para que no se rompa

lo que estaba unido

o para que no se desuna

lo que es nuestro.

Cada gota es un beso.

Cada beso, una lágrima.

Cada espera, un encuentro

compartido y no olvidado. 

En el Campo dei Mori, Cannaregio: Tintoretto

[…] Al final de la plaza, tras pasar el puente, la iglesia de la Madonna dell’Orto guarda la tumba de Tintoretto. Está enterrado entre varias de sus obras. Por muy muerto que se esté, ha de dar morbo este detalle de pasar la eternidad en medio de tus cuadros. Asimismo, la casa en la que vivió y murió el pintor está a pocos metros de la plaza. Hoy, justicia poética, es una escuela de pintura. La iglesia, según he leído, fue muy dañada en las inundaciones de 1966 y luego reconstruida por una institución británica dedicada a la salvaguarda de Venecia. ¡Qué tiempos aquellos con ese tipo de instituciones! Es pequeña y delicada. Su estilo tiene la apariencia gótica, pero ya hay algunos detalles que anuncian el Renacimiento. En ella hay varias y buenas obras de Tintoretto.
Particularmente me gusta ‘La presentación de la Virgen en el templo’. Un lienzo que, contrariamente a lo que solía, realizó nada menos que en tres años. Es un tema tocado por otros pintores y, en especial, por Tiziano, su maestro un tiempo muy breve. Sorprende la enorme diferencia entre la versión de uno y otro. Compare el lector. Comparten el tema, la idea y hasta la composición, pero el resultado es totalmente diferente, siendo ambas obras maestras. Donde Tintoretto plasma el movimiento y guía la mirada del espectador casi con lógica cinematográfica, Tiziano es institucional y posado; donde Tintoretto es rápido, vibrante e inacabado, Tiziano es fuerte y solemne; donde Tintoretto ve un acontecimiento, Tiziano ve un acto; donde Tintoretto dibuja una niña decidida, Tiziano pinta una prudente; donde Tintoretto es conmovedor, Tiziano es refinado. En ambas versiones vemos la elegancia radiante de la niña subiendo por la escalera y la vista lateral, ya que ella no está en el primer plano, pero claramente señalada e iluminada de forma que adquiere más dramatismo y un contenido narrativo muy poderoso.
Al hilo de esta comparación, recuerdo que Tiziano expulsó de su taller al joven discípulo Tintoretto. Quizá vio en él a un temible competidor. También la intromisión y el atrevimiento del pintor, sin duda, ayudó. «Tintoretto es Venecia», dijo Jean Paul Sartre.

En Venecia, Rafael Manrique
Em Venecia, Rafael Manrique.

Revista de prensa: ‘Leve’ y ‘Lavas Remi’

https://www.eldiario.es/murcia/leer-el-presente/mejor-vainas-lectura-leve-jose-manuel-gallardo_132_8952160.html

‘Demasiada belleza concentrada’: los museos según Lydie Salvayre

Caminar hasta el anochecer, de Lydie Salvayre.

No, le dije, no gracias, no me gustan los museos, demasiada belleza concentrada en el mismo lugar, demasiado genio, demasiada elegancia, demasiada inteligencia, demasiado esplendor, demasiadas riquezas, demasiadas carnes expuestas, demasiados pechos, demasiados culos, demasiadas cosas admirables. Resultado: las obras amontonadas se aplastan las unas a las otras como los animales comprimidos de un rebaño y la singularidad propia de cada una queda inmediatamente apagada. Luego añadí, mira, lo malo de los museos es que la transición hacia el exterior se produce siempre de una manera demasiado brutal, quiero decir sin la más mínima preparación. Habría que acondicionar pasillos, algo así como cámaras de descomprensión, rellanos de readaptación a lo mediocre, para volver a acostumbrarse progresivamente a la fealdad, de modo que al salir de esa sobredosis de arte que de tan sublime provoca náuseas, al pisar de nuevo la calle, la vuelta a la vida diaria tan imperfecta, tan gris, tan chunga a veces, se lleve a cabo más tranquilamente, ¿comprendes?

Caminar hasta el anochecer. Traducción: Marta Cerezales Laforet.

‘Elogio del fracaso’: La crítica francesa ante ‘Caminar hasta el anochecer’

Caminar hasta el anochecer, de Lydie Salvayre, es un texto extraordinario, difícil de clasificar, entre el ensayo y la autobiografía parcial a partir de la experiencia de una noche encerrada en el museo Picasso de París con ocasión de una exposición de Giacometti. Una obra esencial en la bibliografía de Lydie Salvayre.

Con un lenguaje corrosivo e irónico, Lydie Salvayre utiliza el pretexto de esa noche pasada en el museo Picasso para cuestionar el ambiente artístico y sus instituciones y tratar de explicar su propia relación con la cultura a partir de su infancia en un barrio de emigrantes y con un padre maltratador. De Giacometti elogia su radicalidad, sus fracasos reivindicados y su infinita modestia.

El libro tuvo una excelente crítica tanto en Le Monde como en Le Nouveau Magazine Littéraire, L’Humanité, Le Matin y otras publicaciones culturales.

‘Desafortunada situación de las mujeres que han recibido una educación refinada pero ninguna fortuna ‘, por Mary Wollstonecraft (un extracto)

Hasta ahora he hablado solamente de aquellas mujeres cuyos padres proveerán para su futuro. Pero muchas de las que han recibido una buena educación —o al menos una refinada— no reciben ninguna fortuna y, a menos que carezcan totalmente de delicadeza, deben con frecuencia quedar solteras. 

Son pocas las maneras de ganarse el sustento y todas son muy humillantes. Quizá ser la humilde compañera de alguna prima rica ya mayor o, aún peor, vivir con extraños que sean tan intolerablemente tiranos que no puedan soportar vivir con ellos ni siquiera sus propios familiares, incluso esperando a cambio una fortuna. Resulta imposible enumerar las muchas horas de angustia que debe de padecer esta persona. Por encima de los criados y, sin embargo, considerada por ellos una espía; y con el recuerdo constante de su inferioridad en las conversaciones con sus superiores. Si no se rebaja a los halagos, no tiene ninguna posibilidad de ser la favorita; y si alguna visita se percatara de ella y ella, por un momento, olvidara su condición subordinada, es seguro que se le recordará. 

Al ser tan consciente de la falta de amabilidad, es sensible a todo, y llegan a ella muchos sarcasmos que quizás iban en otra dirección. Está sola, privada de igualdad y confianza, y la ansiedad contenida daña su constitución, ya que debe mostrar un rostro animado o será despedida. Depender del capricho de un semejante, aunque es ciertamente muy necesario en esta situación de disciplina, no deja de ser un correctivo muy severo que desearíamos evitar. 

Un profesor de escuela es tan sólo una especie de criado superior que tiene más trabajo que los criados de menor categoría. 

Ser institutriz de jóvenes señoritas resulta igualmente desagradable. Es altamente improbable dar con una madre razonable, y si ésta no lo es, no dejará de criticar para demostrar que no es ignorante, se mostrará molesta si las alumnas no mejoran y enfadada si se aplican los métodos adecuados para que así sea. Los niños las tratan de forma irreverente y a menudo insolente. Mientras tanto, pasa el tiempo y, con él, los ánimos; y cuando la juventud y los años de genio han pasado, no les queda nada de lo que subsistir; o quizá, en alguna extraordinaria ocasión, puede que se les conceda una pequeña asignación, lo que se considera una gran obra de caridad. 

Los pocos oficios que quedan están recayendo paulatinamente en manos de hombres y, ciertamente, no son muy respetables. 

De ‘La educación de las hijas’. Traducción: Cristina López.

Entrevista a Kepa Murua en la revista ‘Zurgai’, por Catalina Garcés

24 de septiembre del 2021

Se le conoce como poeta, pero usted lleva una carrera de escritor de más de treinta años en los que ha escrito y publicado en diferentes géneros, ¿qué nos quiere contar al respecto?

Escribir te permite analizar el mundo y crear una realidad paralela en diferentes campos. La imaginación como la sensibilidad tiene su peso y el tiempo que pasa nos permite conocernos como escritores, así como entender las cuestiones vitales y creativas. El camino no es fácil, hay sinsabores y decepciones, pero si se persevera el resultado puede ser la publicación de unos buenos libros y la complicidad de unos lectores que acompañan al creador en este viaje de las letras en distintos géneros.

Kepa Murua, usted ha sido editor y ha dirigido revistas, cómo ve el panorama editorial actual y qué importancia concede a las revistas literarias.

Predomina el mundo digital e Internet, las revistas de papel desaparecen, apenas queda alguna, pero la función es la misma: difundir la obra de los autores y establecer unas pautas críticas, una vez que la crítica no tiene un espacio para desarrollar sus estudios de referencia sobre la literatura actual o la personalidad de los autores.

En cuanto al mundo editorial, surgen sellos nuevos que se enfrentan a las grandes corporaciones que apuestan por textos comerciales, pues sus objetivos son económicos, por más que digan que les interesa la cultura. En las pequeñas editoriales, en cambio, se renuevan las letras, especialmente en el campo de la poesía.

¿Qué nuevas publicaciones suyas podremos leer en breve?

Acabo de publicar Lavas Remi, un libro de narrativa moderna que contiene poemas que contribuyen al desarrollo de la trama. Es un libro realista que busca la complicidad del lector, una novela que tropieza con la poesía para que el mundo trágico que se muestra no sea tan oscuro ni tan demoledor.

En su última novela, Lavas Remi, dice que existe un componente importante de poesía. ¿Cómo ha sido ese trabajo de creación? ¿No teme que sea incomprendido o quizás rechazado por los lectores?

No es un libro sencillo, pero es profundo y esclarecedor. Me costó perfilar la personalidad de un asesino frío y calculador, pero lo necesitaba para reflejar el mundo desgarrador en que nos movemos. En Lavas Remi se retrata al poder en la sombra que existe en los gobiernos y que con el pretexto de defender a los ciudadanos hace y deshace a su antojo la realidad que se nos cuenta, así como la relación entre los diferentes agentes sociales. Es un notable ejercicio de lucha y supervivencia, de vida o de muerte, que interroga a los ciudadanos que miran a otro lado cuando observan la miseria del mundo y podrían reconocer, por último, la hipocresía de los gobiernos.

¿Hay música en sus libros, qué escucha cuando escribe? ¿Prefiere el silencio? Cuéntenos de sus rituales acostumbrados a la hora de crear.

Vivo muchas horas en silencio, pero cada libro tiene una melodía entre líneas porque escucho mucha música también. El jazz o el pop es el fondo de algunos poemas escritos por la noche, pero si tengo que mencionar un ciclo de novelas aún inéditas, como son las de El escuchador, debo recordar la música electrónica de Klaus Schulze que me ha acompañado desde mi juventud. En mis últimos libros de poesía, también inéditos, quizá porque responden a una espiritualidad en mi vida, la compañía de Bach y el canto gregoriano están presentes. Casualmente uno de esos libros se titula así, Bach, ojalá encuentre un editor cuanto antes que apueste por ese libro que considero distinto.

¿Ha concebido la posibilidad de crear una saga literaria, o ya sus lectores pueden encontrar coincidencias o menciones entre líneas en las que se relacionan sus obras?

Cada libro publicado tiene una clave que llama el siguiente. Alguno, además, contiene frases que descubren relaciones entre ellos. Mi obra tiene una continuidad, al menos en mi mente, una comunicación que se puede reconocer con claridad. La saga de El escuchador, es un ciclo narrativo completo, pero en los libros de poesía existen pasajes que preludian lo que ha de llegar o frases que aclaran lo que parecía oculto en libros que se han ido publicando. La crítica, al menos en mi caso, no se dio cuenta de estas coincidencias.

¿Cuál es la pregunta que nunca le han hecho?

Hay muchas, especialmente las relacionadas con mi vida privada, cuestión que agradezco. En las entrevistas como en los coloquios suelo responder a la mayoría de ellas. Cuando me interrogan sobre la obra de los autores vivos suelo callarme para evitar malentendidos; también guardo silencio cuando me preguntan sobre los premios literarios. Intento ser educado y con los años me he convertido en una persona amable. Quizá la pregunta podría ser: ¿por qué te rebelas por la mala poesía que se publica en muchos lados o por la mala literatura que se dice que es buena? Aún me invitan a festivales literarios y de poesía, pero muchas veces paso un poco de vergüenza o no lo paso bien al oír lo que se dice o al escuchar lo que se recita. He llegado a pensar que vivo en un mundo paralelo donde la literatura importa poco. Creo que en la música pasa algo parecido.

Kepa Murua, autor de Lavas Remi.

Ángela Serna lee a Ángela Mallén

Ángela Serna lee un relato de Ángela Mallén, de su libro ‘Entretanto, en algún lugar’

‘Caminar hasta el anochecer’, un extracto

Sin duda, el arte no valía nada. El arte era incapaz de cambiar el mundo y el mundo en nosotros. El arte era incapaz de detener su camino hacia un desastre que nos negábamos a ver. El arte era incapaz de volver buenos a los malos. El arte era incapaz de contraponerse a los poderes asesinos, de derribar un orden en el que las finanzas decidían ferozmente el valor de todo, y de levantar a los pueblos sometidos a las más infames tiranías. El arte se revelaba impotente para conjurar el odio, la venganza, el resentimiento y todas las pasiones tristes que prosperaban en nuestra época y que lentamente pervertían nuestras mentes. El arte no conseguía defendernos de esa fealdad que nos rodeaba y nos penetraba, ni a apartarnos de las diversiones mediocres que envilecían nuestros corazones. El arte no podía nada contra el hecho de que vivir dolía.

Había, sin embargo, algo seguro: a veces el arte añadía a nuestras alegrías y nuestro deseo de vivir, a veces desafiaba soberanamente a la muerte o implacablemente nos la recordaba, a veces aguzaba nuestro rechazo de un mundo que formateaba tanto nuestros cuerpos como nuestras almas, a veces exaltaba nuestro gusto de lo imposible cuando nos intimaban a no esperarlo y reanimaba nuestro gusto de lo inútil cuando por todas partes prevalecía el espíritu de lo útil, a veces hacía aflorar nuestro deseo inquebrantable de soñar y de ser libres sin el cual no podíamos vivir, y nos devolvía el gusto olvidado de los colores tan amados en la infancia, el rojo sobre todo, el gusto de las figuras y los objetos, de su materia y su luz, de la belleza de las cosas regaladas y simples que estaban en este mundo y que no sabíamos ver.

Sin duda, el arte no vale nada, pero nada es tan valioso como el arte. 

Traducción: Marta Cerezales Laforet

Reeditamos ‘La educación de las hijas’, de Mary Wollstonecraft

La educación de las hijas, de Mary Wollstonecraft.

Agotada la edición que dimos a la imprenta 2010, vamos a poner en abril en circulación una segunda edición mejorada de ‘La educación de las hijas’, de Mary Wallstonecraft.

El libro es un antecente claro de uno de los monumentos del protofeminismo, ‘Vindicación de los derechos de la mujer’.

Prologado por Amelia Valcárcel y con traducción de Cristina López González, este opúsculo es una muestra del pensamiento político de una mujer de 27 años que ya ha pasado por numerosos sinsabores en la vida y que pretende instruir a otras mujeres en lo que la vida les pueda ofrece.

El libro fue escrito en los prolegómenos de la Revolución Francesa y en él está el germen de un pensamiento inconformista y contradictorio, en donde una mujer que defendía la racionalidad fue víctima de las pasiones. Sin embargo, su principal aportación fue sentar las bases de la emancipación de la mujer, algo que nunca se le perdonó, sobre todo tras la publicación de sus Memorias, de una gran sinceridad, que su viudo sacó a la luz tras su muerte.

Mary Wollstonecraft

Mary Wollstonecraft fue madre de Mary Shelley, autora de Frankestein o el moderno Prometeo. Casada con uno de los pilares del movimiento anarquista, William Godwin, y suegra del gran poeta romántico Percy B. Shelley, Wollstonecraft murió días después de dar a luz a Mary, de fiebre puerperales.

Cuando su hija acudía a su tumba, lo hacía con un libro que leía sentada en las inmediaciones. Ese libro era ‘La educación de las hijas’.

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