El amor entre Vera Brittain y Roland Leighton en dos libros: ‘Un llanto sobre el mar’ y ‘Nada tan amargo’

Sep 8, 2020 Autores, Lecturas

Dos de nuestros libros están íntimamente relacionados y si se leen a la vez se comprenderá por qué. En ‘Nada tan amargo’, conjunto de poemas de poetas de la I Guerra Mundial, Vera Brittain tiene un protagonismo especial. Pero también Roland Leighton, aquel muchacho de quien estuvo enamorada y cuya relación quedó truncada por la guerra. De Roland Leighton hemos publicado ‘Un llanto sobre el mar’ y tanto en un libro como en otro se encuentran poemas cruzados, los que Vera dedicó a Roland y los que Roland dedicó a Vera.

Leighton no tenía un círculo amplio de amigos ya que sus compañeros lo consideraban bastante frío y vanidoso. Sin embargo, se convirtió en un amigo cercano de Edward Brittain, hermano de Vera. Leighton utilizó el medio de la poesía para expresar su creciente amor por ella, a quien conoció cuando tenía 19 años. No tuvieron mucho tiempo. Roland moría en 1915, con 20 años, en Francia.

Fotografía de Vera Brittain
Vera Brittain

‘Un llanto sobre el mar’ fue editado por Paula Campos Fernández. ‘Nada tan amargo’, por Eva Gallud Jurado. Sin ellas no hubieran sido posible estos libros.

Porque yo naceré en un burdel

Roland Leighton

Porque yo naceré en un burdel
y tú nacerás sobre un trono.
Con rostro desatento
el destino nos asigna un lugar,
y nunca podemos reclamar el nuestro.
Y no nos atrevemos a murmurar
y no expresamos queja alguna,
aunque muy bien sabemos
qué infierno deben vivir algunos
antes de morir.
Porque una parte de la tierra es cielo
y la mayor parte de la tierra es infierno
y las estrellas burlonas
miran a través de las rejas del cielo
y sonríen: «Dios lo ha hecho bien.»

Traducción: Paula Campos Fernández

El único hijo

Vera Brittain

La tormenta golpea ruidosa y tú estás lejos, 
la noche es feroz,
¿acaso apunta el día en lejanos campos de batalla, 
pequeño mío?

Hasta el menor de los males intenté evitarte 
en el pasado,
con sueños de hombría en colinas lejanas calmé 
tus temores infantiles,

pero no pude salvarte del choque del conflicto; 
con ojos brillantes
agarraste la espada y por el camino de la Vida 
saliste a buscar tu recompensa.

La tempestad ruge, pero tú estás dormido; 
aunque el viento azote con furia
no podrán romper tu profundo sueño infinito, 
pequeño mío. 

Traducción: Eva Gallud Jurado

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