«El autor me pidió que hablase de Venecia…»

Jun 5, 2022 Blog
Elvira Martínez y Rafael Manrique, presentando ‘En Venecia’ en Casa del Libro.

El pasado 3 de junio, Rafael Manrique presentó su libro de viajes ‘en Venecia’. Le acompañó en aquella ocasión (Casa del Libro, Santander), Elvira Martínez, colaboradora y correctora de sus libros. Estas fueron sus palabras, cargadas de anhelos y vivencias de una ciudad que no ha pisado aún pero que tarde o temprano acabará haciéndolo:

El autor me pidió que hablase de Venecia, y yo, como soy una insensata, dije que sí,  porque, entre unas cosas y otras, yo  todavía no he estado en Venecia.

El primer recuerdo que tengo de Venecia es de la profesora de la historia de arte, en bachiller, Elena Macho se llamaba. Se saltó el temario y estuvo todo el curso hablando de Venecia. Empezó  por decir que era una ciudad hecha de más de 100 islas y más de 400 puentes, lo que me pareció algo muy poco serio para una ciudad. Después nos dijo que las islas se sostienen con unos troncos de árboles para no caer al fondo de la laguna… Tampoco lo vi nada bien…

En aquel entonces no había tantas imágenes como ahora, y ella nos hablaba de las arquitecturas renacentistas y de las barrocas de Venecia, de tal manera que, aunque yo no entendía a veces lo que decía, su pasión me conmovía cada día. 

Mi libro de historia de arte estaba forrado, y había puesto en el forro una foto de Rafael, no el pintor, sino el cantante. Ella lo vio. «Te voy a hacer un favor», dijo. Y lo arrancó, y mi foto fue a la papelera.  «Con el tiempo, me lo vas a agradecer…».  «Si te gusta la música, ahorra y compra un transistor y oye Radio 2, allí verás la música de Venecia…». Y me habló de Monteverdi, Vivaldi, Callavi, Albinoni, Wagner. Yo lo hice.

Creo que desde entonces, arquitectura y música van siempre conmigo.

Unos pocos años después, cuando ya no me gustaba Rafael, empezaba a saber otras cosas que me gustaban, ¡y mucho!, había oído muchos madrigales de Monteverdi y ya tenía un tocadiscos, y un día oí en la radio un fragmento de las Vísperas de la Virgen de Monteverdi, y lo quise entero y fui a comprarlo. Había dos en la tienda, de dos coros y dos directores. Yo no tenía criterio para elegir y le pregunté al dependiente cuál era mejor, y me dijo: «Llévate este (Philippe Herreweghe), y cuando lo ames, ven y compra el otro». Entonces supe que hay cosas que no te gustan, otras que te gustan y otras a las que amas.

La Venecia que nunca he pisado es bella y etérea, como si fuera un cielo, pero con edificios, y yo tengo el color de esos edificios… anaranjado, mostaza, siena…, y los matices que les confiere el sol desde que el alba al ocaso;  y tengo el color de las columnas, de las estatuas, de las fachadas, de los palacios…,  que también están cada el día a la espera de nuevo de la luz del sol…

Cuando vaya, viviré de noche mucho… La primera noche será para la plaza de San Marcos, cuando no haya nadie, para que sea solo para mí por unas horas. Me sentaré en cualquier sitio, andaré despacio, a mirar, a admirar, a llenarme de esa belleza que no he visto todavía. Sé que llegarán después los barrenderos y no me molestarán, porque cuidan la plaza. Pero sí que me enfadaré cuando personas pasen por esa plaza haciendo footing al amanecer. Lo veo por las cámaras web. Pasearé por esa plaza casi hablando con Claudio Monteverdi, y pensaré cómo se le ocurrió el cambio que dio a la música…, se salió del canon de la música renacentista y, con ello, creó la música barroca temprana con la ópera La fábula Orfeo, en 1606; y no solo eso, inició también la ópera tal como es hoy… A la mañana entraré a la basílica de San Marcos, donde él  fue maestro de cantores y director de coro.  ¡Cómo me hubiese gustado cantar en ese coro…! 

Iré a su tumba. Alguien cada día pone dos rosas en su lápida…; me gustaría hacer esa tarea…, estoy en deuda con él, su música me acoge siempre. 

En Venecia, de Rafael Manrique.

Para no olvidarlo nunca, tengo al lado del ordenador una foto de su tumba que este autor me trajo hace años.

Iré a ver las iglesias que hizo allí Palladio, la del Redentor, cuya fachada blanca límpida de mármol mira a la laguna, aunque esta estará menos limpia… Creo que tocaré levemente ese mármol. Y la del  San Giorgio Maggiore, acabada en 1567, que convive sin problemas con el edificio que está al lado que hizo Tadao Ando, ya en XXI;  y eso me hará recordar que tengo que ir a ver La Iglesia de la Luz (1989),  que hizo en Japón.

Iré a la iglesia en que bautizaron a Vivaldi. Iré al palacio donde Wagner compuso Tristán e Isolda.  Andaré por los lugares por los que pasó Leonardo de Vinci cuando ayudó a defender a esta ciudad de los turcos.

Iré a la Fenice, desde luego, ya ha ardido 2 o 3 veces, pero correré ese riesgo. Y lo haré más de una vez.

Y todo lo demás…

Caminaré cada día por las callejas (creo que son 400)  hasta que no pueda andar un paso más.

Estoy también en deuda con Elena, que me abrió los ojos y los oídos. Seguramente ya no estará aquí… 

Intentaré llevarle unas flores.

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