1. En su trayectoria usted ha tenido y tiene un amplio campo de acción: desde la gestión cultural hasta la dirección de una de las revistas digitales pioneras en España, Luke, pasando por una obra propia que bebe en los campos de la prosa, la poesía y también la crítica. Como crítico de sí mismo, ¿podría diseccionarme estos ‘Seis desnudos’?

No es un libro premeditado. Lo escribí movido por un impulso irracional, aunque recuerdo que era extrañamente consciente de la forma y el fondo que estaba adquiriendo. Si fuera músico, diría que se trata de un solo interpretado con absoluta libertad pero sin perder tempo, ritmo, armonía ni melodía. De ahí, por ejemplo, la importancia del número, presente en el título, y que me sirvió de regla. Son cinco bloques de diez poemas cada uno más un sexta de doce, cifra que es múltiplo de seis. Ninguno tiene título. Cada tirada se expresa en registros distintos con temática diferente aunque complementaria dentro de mi mundo poético: seis maneras estilísticamente distintas de desnudarse ante el lector. Volviendo a la música, pueden considerarse variaciones. El lector encontrará mis temas de siempre: la identidad, la introspección, el sentido de la existencia, la espiritualidad, la autoconciencia, la juventud, la apertura al otro, la soledad creadora, la forja del carácter, la misantropía, la soledad o el funcionamiento de la poesía.

2. Tras sus dos primeros poemarios -Radiograma 31 (2007) y Los pasos del nómada (2012)-, ¿qué supone con respecto a los anteriores poemarios ‘Seis desnudos’?

Me gusta que cada libro sea distinto del anterior. Huyo de la repetición y de la

Pedro Tellería.

Pedro Tellería.

fórmula y, como escritor y lector, estoy lejos de la corriente crítica y artística que, nacida de una exaltación desproporcionada de las tesis románticas sobre el genio, teoriza categóricamente sobre la mirada, la voz y el estilo personales e irreductibles. Me parece mucho más excitante y más cercano a la vida mutar en cada libro. Por eso creo que Seis desnudos recoge sólo un poco de cada libro anterior. Radiograma 31 era un libro lleno de audacia: prosa poética, condensación y lirismo. Los pasos del nómada es verso con una temática que casi nadie aborda en la actualidad: la espiritualidad religiosa y la errancia. Por decirlo más claro: en “Uno” encuentro ecos de Los pasos del nómada y en “Tres” o “Cinco” de Radiograma 31. Seis desnudos incorpora algo de ellos, pero se proyecta en diversos ejes y planos: es ante todo poliédrico.

  1. ¿Cuáles son esas seis etapas de desnudo existencial a las que se refiere el título?

Deberíamos entender “etapas” en sentido más metafórico que real. Como poesía existencial, Seis desnudos responde a una encrucijada personal que sólo yo conozco y me atañe. Es mi secreto. Esos temas a los que antes aludía son los que verán los lectores, pero hay una lectura interna descifrable prácticamente sólo por mí. Sin entrar en detalles íntimos, digamos que a la calma optimista y religada de Los pasos del nómada le siguieron en mi biografía unos meses mucho más convulsos que han cuajado en este poemario un tanto volcánico. Por eso, “Uno” contiene todavía ecos de Los pasos…: refleja un alma, un espíritu todavía en equilibrio con la naturaleza y el hombre. “Dos” representa, propiamente, el arranque de esa nueva etapa más convulsa. Ante la agitación se renueva el canto: son casi metapoemas. El crescendo continúa en “Tres”, donde lo irracional y lo oracular alcancan su primer clímax: es el momento báquico del libro. “Cuatro”, en contraste, tiene un tono muy meditativo: la búsqueda personal mediante imágenes de la verdad y el origen. El yo poético y la ambientación son invernales, gélidas y solitarias. Con “Cinco”, los ojos y el canto del poeta se vuelven hacia la ciudad en diciembre con un tono casi recriminatorio. A orillas de la gelidez meditativa del oráculo volcánico, el río de la vida sigue su curso. En nuestra cultura, diciembre es el mes que resume un año y quizá encierra las paradojas más exquisitas de nuestra sociedad. Es Navidad, tiempo de contradicciones lacerantes. Y el hombre maduro que, me temo, empiezo a ser reprocha que esas contradicciones son sufridas por una juventud que vive su peculiar incertidumbre. Finalmente, en “Seis” adviene el perdón salvador tras el airado reproche. Es un diciembre mucho más manso, cuando la voz regresa a su escenario natural, que no es urbano. En el plano estrictamente biográfico, representa ese momento en que di por cerrada la crisis que motivó el libro.

  1. El poemario es un itinerario emocional y estilístico. Me sorprende su sencillez aparente y su complejidad de fondo. ¿Esa catarsis personal que entraña el corolario de la obra, después de unas etapas a modo de viacrucis, en donde el narrador/protagonista va evolucionando, es inexorable como parece?

Queda inexorable en el texto: el libro es ése y así quedará. Pero supongo que podía haber sido de otro modo. Si hay alguna lección que he aprendido tras años de escritura y publicación, es que en el arte (o al menos en mi arte) lo contingente a veces se vuelve necesario. Supongo que todo escritor se preguntará por qué sus libros han sido precisamente esos y no otros. Lo que sí es sistemático, y agradezco que se haya fijado en ello, es esa correspondencia entre emociones y estilo. Los cambios estilísticos que se producen en cada sección responden a mis distintas emociones durante el periodo de escritura. Eso sí es inexorable, aunque no tanto el vía crucis (hermoso concepto, por cierto, de honda resonancia espiritual y estética). Sus etapas –o misterios, por ser estrictos– han resultado seis aunque no había, repito, premeditación en ello. Es un misterio más que se añade al de por sí enigmático reto de la creación estética. En cuanto al corolario, entiendo que se refiere al último poema. Le tengo un cariño especial: es un retrato de aquel adolescente enamorado del estudio y rebosante de curiosidad al que le gustaba recorrer su ciudad camino del colegio. Es un séptimo desnudo. Pero invitaría a que el lector se fijara en los cuatro inmediatamente anteriores, que son la “solución” al viacrucis. “Estar sin estar es la forma / De caminar por los días”. Es una conclusión parecida a la que llegaba en Los pasos del nómada.

5. ¿Cree que todo poema es una tumba que encierra un misterio, como dice, y que toda existencia conduce a la aceptación de la soledad como una herida que habrá de acompañarnos siempre?

Cada día estoy más convencido de que mi vida es un aprendizaje para la soledad. Nunca he publicado un poema amoroso. No por eso defiendo el pesimismo existencial ni forma alguna de nihilismo ético. El hombre es social, pero lo más chocante es que las experiencias más radicalmente profundas de la existencia resultan intransmisibles. Que les pregunten a los místicos. Podemos describir mejor o peor un estado de ánimo o la significación de un hecho, una situación, un rostro o un color para nosotros, pero siempre hay algo, el famoso no sé qué, que se queda para siempre sin comunicar. Literalmente nos lo llevamos a la tumba. Me gustaría saber de qué habló Ulises con Penélope cuando volvió a Ítaca. Me encantaría leer una segunda parte de la Odisea donde el héroe se sintiera solo. Cósmica (y cómicamente) solo. La verdadera ars vivendi consiste, por tanto, en aprender a tolerar ese abismo, como dice el poema que usted alude. Y sí, cada poema encierra para mí un misterio. No puede ser de otra manera.

6. Utiliza como recurso continuamente el contraste entre la naturaleza y la ciudad, y en concreto una ciudad como me imagino que sea Vitoria, la ciudad donde nació y donde vive. ¿Es ‘Seis desnudos’ un retrato vitoriano?

No exactamente, salvo en un sentido biográfico: casi todo lo que me pasa me sucede en Vitoria. Yo distinguiría dos planos. En mi poesía hay un plano abstracto, que sin embargo no es mero artefacto retórico, sino hondo sentimiento, que bebe de la oposición campo-ciudad, tan repleta de contradicciones. Es un tópico literario que me apasiona. Ya sabemos que lo encontramos en la tragedia griega, con las Bacantes como obra estelar; y por supuesto en Virgilio. La literatura española renacentista tiene, por su parte, momentos cumbre con fray Luis o el famoso Menosprecio de corte y alabanza de aldea. Hubo un primer estadio donde la naturaleza se interpreta en Grecia como el refugio de lo instintivo y lo animal, lo que está presente en “Tres”. Y después, sobre todo gracias a Virgilio y Horacio, el campo adquiere un prestigio absoluto con, respectivamente, Bucólicas y Epístolas. El campo da a la sociedad por medio de las cosechas la riqueza duradera y es el refugio del patricio que huye del foro esplendoroso pero contaminante. Y si vamos al plano concreto, mi biografía se enmarca en ese contexto: digamos que un año de mi vida es noventa por cien ciudad y diez por cien campo. Pero cada vez que recorro mi ciudad, se me escapan los ojos más allá de las casas. Buscan los montes y los campos que rodean Vitoria. A ello hay que añadir que Vitoria, pese a su flamante título de Green Capital, es una ciudad que en los últimos sesenta años ha devorado el excepcional paisaje que tenía alrededor, la Llanada Alavesa, como consecuencia del desarrollismo. Podría también hablar mucho sobre las ideas hippies de los años sesenta, que tanto me atraen, o del ecologismo, que no lo hace tanto. De todos modos, no hay en el libro un retrato de Vitoria. Éste está por hacer.

8. También veo un contraste y un paralelismo entre las estaciones y los estados de ánimo, así como una crítica desencantada de la sociedad actual. Y en el centro, la voz protagonista de este narrador, solo rodeado de gente. ¿Es este el peaje de la independencia de espíritu, de la sed de saber?

Desde luego. Hay que darse cuenta de que el libro empieza justamente al revés: alguien que se abre a los brazos de los demás y a la fiesta, otro tema que me atrae. Pero muy pronto, al final del primer poema, aparece el silencio. En cuanto a las estaciones, no sé qué sucederá a otras personas, pero en mi caso me marcan de forma permanente. Me atrae el mero hecho de que cada día amanezca o anochezca un poco antes o un poco después. Quizá la propia palabra “estación”, que connota viaje y parada, tenga algo que ver. Las estaciones sugieren cambio continuo, lo que, unido a las alternancias que se producen en las relaciones personales, sociales e institucionales, ha hecho que escogiera el camino del nomadismo interior. Todo esto, paradógicamente, sin salir apenas de mi ciudad. En cuanto al desencanto sobre la sociedad actual, acierta: en mi caso es absoluto.

  1. ¿Por qué la poesía? ¿Qué poética dispone?

La poesía fue mi primer acto literario consciente en la adolescencia, primero como lector en voz alta y después como escritor novel. La narración vino después. En cuanto a mi poética, y sin darla nunca por definitiva, ha sido desgranada ya. La libertad de estilo, la innovación constante, la no confesionalidad, la existencialidad       no meramente descriptiva sino que intenta remontarse a la causa metafísica y espiritual, y el antirretoricismo minimal. Básicamente todo lo que no tenía mi primer poema adolescente. En cuanto a los temas, el poema propio que me guste debe conectarme siempre con mi peculiar idea de trascendencia, debe tener capacidad religadora con mi divinidad.

10. ¿Cómo ve el momento poético actual?

Puede hablarse de eclecticismo. De todos modos, la poesía actual que me gusta es aquella que ha superado los tópicos que fueron innegociables en la modernidad: confesionalidad, surrealismo, agnosticismo, ocurrencialismo y ciudad. Ningún poeta joven debería emprender este camino porque pertenece a otro momento histórico. Es como inventar el jazz o el rock de nuevo. En cuanto a los canales de difusión, y admitido que la lectura hirió de muerte a la poesía, Internet es un cauce fantástico, pero su fragmentarismo conlleva el riesgo innegable de aniquilar los poemarios y reducirla a aisladas piezas de ocasión. Como las antiguas revistas. Lo mágico sería aprovechar el carácter multimedia de Internet para devolver a la poesía su arcana relación con la música en particular y el sonido en general. Yo lo hice hace años con un cuarteto de jazz eléctrico. Es lo mejor que me ha sucedido si hablo de poesía. Viví la relación del poema con el compás, de donde nunca debía haber escapado. No descarto retomar la idea.

12. ¿En qué está trabajando ahora?

He terminado una novela ambientada precisamente en mi ciudad. Otra, también ambientada en Vitoria, va camino de escribirse si las circunstancias no lo impiden. Como decía, sus últimos sesenta años de historia son un episodio casi único en Europa, pero nadie, salvo un grupo de historiadores que investigan y escriben con gran profesionalidad pero prácticamente en el anonimato parece saberlo. Es el momento de que el arte repare en ello. Y de momento no hay poesía.

 

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