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CARTA X

LA CONDESA DE NANGIS
A LA MARQUESA DE C.

Ayer he pasado la tarde en casa de mi suegra, allí he encontrado a Lord Exeter, Olivier y él se han colocado cerca de mí, y entonces, he relatado a Olivier el elogio encantador que Lord Exeter me había hecho de él la víspera de su llegada. “Nosotros los ingleses que carecemos de imaginación, dijo Lord Exeter, admiramos singularmente ese don de variar su mente y de pasearla por mil temas diferentes. Es preciso que haya una gran fuerza en una facultad de la que se hace todo lo que se quiere. – Yo no lo creo, respondió Olivier, pensaría más bien que la movilidad procede de la debilidad. No se recorren tantos temas más que porque os cansan todos sucesivamente. – O bien, dijo Lord Exeter, porque se les agota rápidamente, lo cual no es lo mismo. – A menos, dije yo mirando a Olivier, que no sea cuestión de sentimiento; entonces ¿es la fuerza o la debilidad lo que produce la constancia?” Lord Exeter se puso a reír: “no me atrevo a decir lo que creo, repuso, pero siempre he pensado que había pereza en la constancia, y que frecuentemente hacía falta menos fuerza para ser fiel que para cambiar. – Eso depende del carácter, dijo Olivier. – La inconstancia puede ser un deber, dijo Lord Exeter. – O un capricho, exclamé yo. – ¡O una desgracia!, dijo Olivier.” Al pronunciar estas palabras se levantó y se alejó de nosotros con una expresión de tristeza que me sorprendió: pues Olivier tiene demasiado buen gusto para no tomar las cosas por lo que valen; pero hace tiempo que noto que las bromas le hieren, y que nunca se puede prever el efecto que algo puede hacerle, Lord Exeter me dijo: “Ciertamente hay una causa secreta en la melancolía de Olivier; hay temas que no se pueden tocar con él; se parece a la sensitiva, cuando uno se acerca él se retira.

Traduc.: José Ramón San Juan

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