Guillermo es una de las personas con el cerebro mejor amueblado que conozco. Es por eso que le estoy muy agradecido por estas palabras que leyó en la presentación de mi poemario y que, por supuesto, son totalmente inmerecidas.

Javier Fernández Rubio

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COSAS QUE NUNCA SE DICEN EN UNA PRESENTACIÓN

Siempre he pensado que todo periodista tiene algo de poeta crónico y clónico y que todo poeta posee algo de cronista de vida. Ahora que las caprichos empresariales del destino, que también los tiene, a veces más que los emocionales, han separado nuestras geografías profesionales, yo intento ver a diario el mundo y él ve el mundo a diario. Con Javier he compartido sístoles, diástoles y dislates, latidos sordos, ensordecedoras naderías y, aquellas pequeñas cosas que como canta el otro son las verdaderamente importantes para que podamos decir lo de….de vez en cuando la vida. También en el camino han existido proyectos imposibles, jornadas como agujeros negros y túneles, sin embargo, tan claros, que nos permitían vivir ese engaño que consiste en creer que todos los días nos devuelven la luz fundacional de las cosas. Por supuesto, también hemos soportado las sombras chinescas del poder y hemos asistido a las mayores representaciones de la falacia, esas lecciones de hipocresía que se escriben en las pizarras de pesudoprofesionales dispuestos a vender la vida al mejor postor tras concebir todo acto creativo como una mera factoría de rendimientos óptimos. Pero la palabra, como redención, enigma, baúl, metáfora y travesía, ha cruzado unas veces envenenada, otras asombrada, entre tanto cotidiano cuaderno de miserias y grandezas. Javier sabe que si escribes sin dolor estás levantando acta notarial de la defunción de tu escritura. Uno se vuelve monólogo, monologuista insípido, y endeble replicante de la cosa. Si escribes con pasión estás dando un permanente corte de mangas a la muerte. Empecé a chutarme poesía a los 12 años así que de tal adicción, concluyo que el poemario de Javier me enseña caminos reconocidos, sendas redescubiertas y muchas autopistas que llevan el nombre de cuerpos ajenos, mujeres inalcanzables, -lo son todas-, y una naturaleza mixta donde los objetos, los cuerpos y lo natural se funden y confunden como personajes de una novela río en busca de un caudal y una desembocadura definitivas. En los versos de Javier el poema posee formas sinuosas, elegantes y lúdicas de verdad certera, pero también rebosa mentiras sinceras. Hoy en día cuando reina la falacia o la impostura, donde lo mediático es la mentira, donde la pose es norma y dictado, lo adulterado es carne y el tacto superficial el mercado, estos versos tienen esa cualidad tan infrecuente de respirar verdad, de no eludir el combate interior y de exudar y sangrar toneladas de afectos y desafectos en un mar de ternura y desazón bien entendidos. ‘ahora celebremos el mundo mientras el amor nos cubre la retaguardia’. El ritual poético de Javier radica en mostrar señales equívocas, en buscar el contraste, en regodearse en los claroscuros, en partir de la crónica para detenerse en la metáfora y, por contra, en construir un estado poético que acabe por narrar la vida. Contra viento y marea, a lo Patrick O’Brian, el poeta escribe un cuaderno de bitácora que desafía las tormentas del desamor, posee el eterno retorno del relato del náufrago y echa el ancla junto a calas que son cuerpos y palabras que son cielos protectores. Unas veces desolado, otras vencido, pero siempre con la elegancia cínica de quien extrae resina de las sensaciones o sabe grabar un nombre a tiempo, un rescoldo, un legado de arqueología sentimental que sobrevuela la fugacidad de todo. Con la cabeza alta, todo este poemario, estas ‘Cosas que sólo….’ son un bolero de sombras y redención donde se pronuncian muchos dolores y se rinde cuentas ante el tribunal de las emociones. En una de las muchas hermosas cartas que Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre se cruzaron como posesos de sí mismos, que es el único amor posible y el que merece tal nombre, el autor de El gran Gastby escribió:» «La infelicidad es menos aguda cuando uno vive con algo de sobria dignidad». ‘No sufro por amarte te amo por haber sufrido y amar puede que no nos haga felices pero hace que vivir esté más limpio’ Como en las esculturas de Chillida o de Pablo Serrano, en estos poemas asoma la presencia de la ausencia, y su reverso. Acostumbrado a esa velocidad que conduce a ninguna parte y a la celebración de lo inane e inútil, estos poemas nos permiten tomar aire, comulgar con y en la palabra, y entre la restitución y la incitación al pecado, posar ‘la cabeza en la almohada hasta hartarnos de sangrar amor que luego vendrá el día y nos cubrirá de infamia’. Javier sabe que hay una cruzada prosaica, invisible pero lacerante, que trata de despojarnos del mundo, de robarnos la voluntad de vivir, de capturar los sueños de amor. Es mentira que las grandes obras sean cerradas, totales, finales. Viene de lejos esa caricia que siempre creemos penúltima o definitiva. Cuando volvemos a Rebeca nada es igual. Puede que esta vez no se la hayan llevado las olas. Lo malo es que aflora un presente extraño en el que algunos quieren convertir a Manderley en un hotel de lujo. En Casablanca el avión destinado a Rick e Ilsa es de Rayanair, los cabrones de controladores áereos les han dejado en tierra y Humbrey e Ingrid se ven obligadosa desnudarse , que es el sexo de Auswistchz, para pasar por el escáner y observar obscenamente como palpitan sus corazones. Hacemos esperar al amor y ya nada es igual, las criaturas en una cola inmensa, que nunca se mueve, acabarán odiándose. Nos salva la palabra. Javier escribe “y poses tu cabeza en mi vientre y me hagas renegar de la fe como un dios ateo”. Temblores, quebrantos, deseos, espejismos elegíacos, himnos huérfanos, y entre tanta trascendencia ‘el mordisqueo de unas nalgas blancas y 32 maneras de decir lo siento’. Este ‘desvelo de Cosas’ es una ofrenda, cirugía amorosa para cuerpos que se abrazan tanto como se despiden…. me lo has odio decir mil, diez mil veces estos años… Daría, hubiera dado, doy un brazo por haber escrito esto de Claudio, Rodríguez claro; de Luis, Cernuda claro; de Fernando, Pessoa, claro; de Mario, Benedetti por supuesto… y ahora de Javier, Fernández Rubio, desde luego. ‘porque mi respiración ya no te deja dormir aunque a mí la tuya todavía me quite el sueño’ Como en las grandes obras, como la vida el poemario queda abierto. Gracias Javier por esta herida, hendidura, escritura.

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