“[…]Desterrando cualquier pensamiento ingenuo y utópico
sobre el mundo y sobre la capacidad del arte para
cambiarlo —“quien considera que la vida es algo hermoso
y los seres humanos buenos, o bien es un idiota o alguien
con quien has de tener cuidado”—, Serner impugna el
sistema burgués del arte, ridiculiza la grandilocuencia de
la filosofía y la literatura —“vanas asnadas”—, constata el
sinsentido de la vida moderna —“todo es decididamente
una estafa”— y sentencia la muerte del arte —“el arte
fue siempre una enfermedad infantil”— como única vía
para su extensión en la vida. El lenguaje ya no es una
simple herramienta comunicativa: ha de repensarse hasta
ser deformado, ampliado, retorcido y vaciado de su “artisticidad”
para convertirse no en una representación de
la realidad, sino en un arma capaz de destruirla y regenerarla.
La construcción de otra realidad, de otro mundo,
pasa por la puesta en crisis de las ópticas desde las
que éste venía siendo contemplado. Las nuevas realidades
artísticas deberán ser concebidas como experiencias
intensificadas del existir. Experiencias fundadas sobre
la destrucción de las formas artísticas ideológicamente
construidas por una sociedad burguesa en la que se perpetúa
la vida alienada de los individuos.
Como ha explicado Simón Marchán: “Si nos dejamos
seducir por la estética de la destrucción y la negación que
destilaba la náusea dadaísta; si reconocemos que sus comportamientos
estéticos más genuinos son irrecuperables y sus obras son perpetuamente móviles (…), lo menos que podría suponerse es que su recuperación historiográfica
es antidadaísta o incluso irrelevante e irrisoria desde una
perspectiva dadaísta”. A pesar del “presentismo” de la vanguardia,
implícito en su negación de los tiempos pasados
y futuros, ésta estará siempre marcada por una extraordinaria
conciencia de la historia que le permite responder a
las necesidades de su tiempo para pensar otras formas de
vida. En este sentido, la recuperación bibliográfica de los
trabajos de Serner parece absolutamente pertinente para
una necesaria reestructuración de los relatos de la vanguardia
histórica, mucho menos homogéneos y coherentes
de lo que en ocasiones se ha hecho ver. Su fuerza pasada
parece proyectarse hacia un futuro en el que reverbera
con un sentido renovado. Los contextos de producción y
recepción nunca serán los mismos, pero la contestación
implícita en el trabajo de Serner se mantiene intacta en un
mundo que muta a gran velocidad. Y, teniendo en cuenta
que “el mundo desea ser engañado”, el manual para llegar
a ser un embaucador debería convertirse en el libro de cabecera
de todo aquél que desee seguir viviendo en él. […]”
Walter Serner: Más allá del temblor Dadá (extracto del prólogo de Juan Albarrán a ‘Manual para Embaucadores’)

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