Mimu vuelve a su cuadro. Ahora es un retrato. Pinceles, aceites, agua, trapos alrededor del caballete. Le hablo de Oskar Kokoschka, cuya pintura pocos valoraban en su época. Le digo que solo con el tiempo sus clientes se reconocían en aquel retrato extraño. Que el pintor veía la vejez que se avecinaba, la tristeza, el cansancio. Ella me dice que no diga tonterías, que conoce a Kokoschka, pero que el retrato es el dibujo de uno ante los otros. Deja el pincel y me pide por favor que salga de la sala. “A veces, en vez de ayudar y quedarte quieto, a veces, te comportas como un crío”. La pintura,como el amor, no tiene misterios si sabes a quién amas, me dice.

Extracto de ‘Un poco de paz’, de Kepa Murua

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