http://www.kattigara.com/index.php?option=com_content&view=article&id=56:resena-qbq-de-alberto-santamaria-por-carlos-ealo&catid=37:el-fondeadero-de-los-chinos&Itemid=62

La recientemente creada Editorial Kattigara, un proyecto radicado en Cantabria y con ganas de “promocionar el gusto por la Literatura en todos sus géneros”, ha colgado en su página web (www.kattigara.com) una reseña de Carlos Ealo sobre ‘B’, la primera incursión narrativa del poeta Alberto Santa María, el que fue primer libro de El Desvelo, así como la obra que inauguró la colección ‘El legado del barón’. Todo un estreno.

Nos permitimos reproducirla a continuación. Y, de paso, volvemos a felicitar a Kattigara por su nacimiento y, seguro, feliz vida editorial. Y gracias a Carlos Ealo, por su atención y sus palabras.

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Carlos Ealo. Crítica de la novela titulada “B”, de Alberto Santamaría (Santander, El Desvelo Ediciones, 2009).

Músico vulnerable, factótum poético o esteta in pectore, son algunos de los calificativos que acuden a mi memoria a la hora de intentar describir la figura del escritor Alberto Santamaría (Torrelavega, 1976). Aunque más conocido en los círculos literarios por su premiadísima obra poética a lo largo de la última década, este joven autor inicia aquí su andadura por las sendas narrativas de la novela breve —o nouvelle— de la mano de El Desvelo Ediciones, una nueva empresa editorial radicada en Cantabria cuyos principales pilares se basan no sólo en el alumbramiento de obras literarias de calidad, riesgo y provocación sino también en la distribución de éstas a lo largo de todo el Estado español: no hay mejor antídoto contra el provincianismo que abrir fronteras en un mundo occidental cada vez más globalizado.

De este modo, la novela “B” supone la primera entrega de esta entusiasta editorial dentro de su colección El Legado del Barón, epígrafe que ya indica un claro homenaje a la figura de Ítalo Calvino y su afán europeísta. Si una noche de invierno, un viajero interrumpiera su diario devenir para internarse en las páginas de este libro, seguro que encontraría una edición muy agradable a la vista y una portada sobria pero moderna, cosa que se agradece.

Comienza uno adentrándose en sus páginas a través  del eficaz prólogo de Mada Martínez, el cual nos avanza algunos de los guiños que más tarde encontraremos en el texto: hibridismo, fragmentación y gusto por lo grotesco. Lo cierto es que si hay algo que merece la pena destacar de este libro es su estructura discursiva que, siguiendo lejanos ecos postmodernistas de Foster Wallace, Palahniuk o el primer Loriga, presenta toda una serie de escenas en forma de flash- back o flash-forward que trasladan al lector desde los márgenes hasta el centro de la historia o viceversa y que sirven, además, para ir caracterizando gradualmente a los diversos personajes que entran y salen en la trama. Hay que reseñar aquí las escenas impactantes de la cabeza de mujer hallada al azar en una solitaria carretera o el feto de bebé malogrado dentro un bolso, dignas de figurar en cualquier guión de los hermanos Cohen o del imprevisible David Lynch. Aunque quizá también haya que decir, más allá de estos secundarios desasosiegos, que lo principal de la trama en esta novela acaba siendo la construcción de la propia identidad del narrador, encarnado en esa enigmática “B” y, por ende, en la función del escritor como alter ego (a veces omnisciente, a veces caótico) del protagonista.

En cuanto al estilo, podemos comentar que es una novela de lectura fluida cuyos mayores hallazgos se encuentran en los símiles, metáforas y pinceladas líricas que el buen poeta que es Santamaría distribuye a lo largo del libro, bien como nexos de unión entre las diversas escenas o quizá como escalones en la búsqueda que todo escritor siempre hace para sí respecto a su existencia y el significado de su propia escritura. En definitiva, podemos concluir diciendo que “B” es una loable opera prima narrativa que enlaza nuestra producción novelística con las corrientes más actuales de un género cada vez más híbrido que lleva ya tiempo combinando guiños cinematográficos, poesía, lenguaje periodístico, o retazos de novela negra.

En el fondo, nuestra enfermedad como lectores críticos es eso: intentar desvelar los signos que hoy marcan el aire de los tiempos.

Carlos Ealo

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