“Es una ardua tarea escribir sobre un tema cuando es probable que nuestras propias pasiones nos cieguen. Apremiados por nuestros sentimientos, tendemos a fijar como máximas generales lo surgido de nuestra experiencia parcial. Aunque no resulta fácil decir cómo debería actuar una persona bajo la influencia inmediata de la pasión, aquéllos que actúan sólo por vanidad y engañan con un comportamiento equívoco para satisfacerla no tienen ninguna excusa. Hay aproximadamente la misma cantidad de hombres coquetos que de mujeres coquetas, pero aquéllos son una plaga mucho más perjudicial para la sociedad, puesto que su ámbito de actuación es mayor y sufren menos la censura del mundo. Un silencioso suspiro, una mirada baja y las otras muchas artimañas empleadas pueden provocar un inmenso dolor a una mujer sincera e ingenua, aunque ésta no pueda sentirse molesta ni quejarse por el agravio. Este jugueteo me parece mucho más imperdonable que la inconstancia. El porqué me parece tan obvio que no necesito señalarlo.”

La educación de las hijas, Mary Wollstoncraft

Traducción: Cristina López

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