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‘Reconsideración indemostrable…’, un poema de Martin Seymour-Smith

Martin Seymour-Smith.

‘Reconsideración indemostrable sobre una observación quizás en un juego’

Los preliminares de tu muerte son
esto y lo otro: afeitarse, un poco de rabia,
acariciar la cabeza del gato, escribir una carta aburrida.
Tu lógica no encuentra nada mejor.

¿O en tu caso fantasías amorosas
interfieren de manera preocupante?
Tenemos entonces una base común falsa
sobre la que cimentar nuestra «amistad» (di)
¿o si soy una señora puedes entonces
expresarte de manera diferente?

Pon esto de la forma menos atractiva:
debes admitir que en conjunto supone, 
en la rutina hacia la muerte, unas vacaciones.
Freddy no puede analizarlo todo, no puede actuar.

Recuerda entonces la próxima vez que tu razón maldiga
este universo accidental sin dios,
que solo las mentiras evitan que empeore.

Traducción de Imanol Gómez Martín

Imanol Gómez Martín, traductor.

An observation for unverifiable
Reconsideration in a game perhaps 

The preliminaries to your death are
This and that: shaving, a little anger,
Pat the cat’s head, write a boring letter.
Your logic can show you nothing better.
Or have in your case fantasies of love
Interfered in a serious manner?
Then we have a false though common basis
Upon which to found a ‘friendship’ (say)
(Or if I am a lady then you may
Express yourself in a quite different way).
Put this at its very least attractive—
You must admit that on the whole it is,
From routine deathwards-going, a holiday.
Freddy can’t have all analysis, no play.
Remember, then, next time your mind must curse
This godless accidental universe,
That only lies prevent it from being worse.

El Lazarillo, Carpanta y la España de carretas sin carreteras

Foto Remartini
David Remartínez ‘Remartini’

El hervor final a la tortilla tenía por objeto, lógicamente, reblandecer el pan duro hasta convertirlo en algo digerible para aquellas bocas llenas de agujeros. Recordemos que somos el país del Lazarillo y de Carpanta; que aquí, hasta que tuvimos clase media, solo estaban gordos los curas, los generales y los ministros. Había una masa de gente que se aparentaba burguesa pero que no lo era, como tampoco las recetas caseras eran realmente recetas. 

Una receta siempre pretende ser una memoria orgullosa, no una mera instrucción para no morir durante el invierno. El hambre agudiza el ingenio para sobrevivir, en efecto, pero nunca alcanza por sí solo el necesario para súpervivir. El progreso requiere autopistas con entradas y salidas en lugar de pedregosos caminos de cabras. Josep Pla señalaba en 1972 que «una de las cuestiones más complejas y de mayor profundidad de esta península es la mejora de la cocina popular y rural, no solamente para llegar a vivir con un punto de discreción, sino con vistas a la eficacia». Una década después, en 1981, José Ramón Sáiz Viadero coincidía: «En Cantabria ha existido de siempre la teoría de comer para vivir, por encima de la más suntuosa de vivir para comer. Esta comarca peca, ya verán, de excesiva frugalidad, de manifiesto apego al comportamiento austero, y todo ello se echa de notar a la hora de hacer un repaso de los platos característicos de la región». Como se aprecia, ambas reflexiones, la de Viadero y la de Pla, entresacadas de Lo que hemos comido y de la guía Comer en Cantabria, respectivamente, son de hace dos días. De anteayer. De mis últimas imágenes de Petra y de su España helada, empujada por carros y carretas, y sin carreteras.

Remartini, La puta gastronomía.

William Morris: «El nombre de la enfermedad que padece el mundo civilizado es la Pobreza»

William Morris

El nombre de la enfermedad que padece el mundo civilizado es la Pobreza. (…) Somos muy pobres como para tener campos verdes placenteros y páramos atravesados por la brisa, en lugar de los horrorosos desiertos que nos circundan aquí; somos demasiado pobres como para tener ciudades planeadas racional y adecuadamente, con casas hermosas preparadas para que hombres honestos las habiten; somos muy pobres para prevenir que nuestros niños crezcan en la ignorancia; muy pobres para derribar prisiones y hospicios para reemplazarlos por bellos salones y lugares públicos destinados al placer de los ciudadanos; muy pobres, sobre todo, para darle a cada persona la oportunidad de hacer lo que sepa realizar mejor, y por lo tanto, para que pueda disfrutar del placer de hacerlo. ¡Qué digo! Somos demasiado pobres para apaciguar nuestro medio, y poner fin a la guerra entre ricos y pobres, entre los poseedores de todo y los carentes de todo.

William Morris, A pesar de los estragos del tiempo.

Blanca Varela

 «La urgencia, el desvelo, la absurda esperanza».

Blanca Varela

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