Etiqueta: En Venecia

«El autor me pidió que hablase de Venecia…»

Elvira Martínez y Rafael Manrique, presentando ‘En Venecia’ en Casa del Libro.

El pasado 3 de junio, Rafael Manrique presentó su libro de viajes ‘en Venecia’. Le acompañó en aquella ocasión (Casa del Libro, Santander), Elvira Martínez, colaboradora y correctora de sus libros. Estas fueron sus palabras, cargadas de anhelos y vivencias de una ciudad que no ha pisado aún pero que tarde o temprano acabará haciéndolo:

El autor me pidió que hablase de Venecia, y yo, como soy una insensata, dije que sí,  porque, entre unas cosas y otras, yo  todavía no he estado en Venecia.

El primer recuerdo que tengo de Venecia es de la profesora de la historia de arte, en bachiller, Elena Macho se llamaba. Se saltó el temario y estuvo todo el curso hablando de Venecia. Empezó  por decir que era una ciudad hecha de más de 100 islas y más de 400 puentes, lo que me pareció algo muy poco serio para una ciudad. Después nos dijo que las islas se sostienen con unos troncos de árboles para no caer al fondo de la laguna… Tampoco lo vi nada bien…

En aquel entonces no había tantas imágenes como ahora, y ella nos hablaba de las arquitecturas renacentistas y de las barrocas de Venecia, de tal manera que, aunque yo no entendía a veces lo que decía, su pasión me conmovía cada día. 

Mi libro de historia de arte estaba forrado, y había puesto en el forro una foto de Rafael, no el pintor, sino el cantante. Ella lo vio. «Te voy a hacer un favor», dijo. Y lo arrancó, y mi foto fue a la papelera.  «Con el tiempo, me lo vas a agradecer…».  «Si te gusta la música, ahorra y compra un transistor y oye Radio 2, allí verás la música de Venecia…». Y me habló de Monteverdi, Vivaldi, Callavi, Albinoni, Wagner. Yo lo hice.

Creo que desde entonces, arquitectura y música van siempre conmigo.

Unos pocos años después, cuando ya no me gustaba Rafael, empezaba a saber otras cosas que me gustaban, ¡y mucho!, había oído muchos madrigales de Monteverdi y ya tenía un tocadiscos, y un día oí en la radio un fragmento de las Vísperas de la Virgen de Monteverdi, y lo quise entero y fui a comprarlo. Había dos en la tienda, de dos coros y dos directores. Yo no tenía criterio para elegir y le pregunté al dependiente cuál era mejor, y me dijo: «Llévate este (Philippe Herreweghe), y cuando lo ames, ven y compra el otro». Entonces supe que hay cosas que no te gustan, otras que te gustan y otras a las que amas.

La Venecia que nunca he pisado es bella y etérea, como si fuera un cielo, pero con edificios, y yo tengo el color de esos edificios… anaranjado, mostaza, siena…, y los matices que les confiere el sol desde que el alba al ocaso;  y tengo el color de las columnas, de las estatuas, de las fachadas, de los palacios…,  que también están cada el día a la espera de nuevo de la luz del sol…

Cuando vaya, viviré de noche mucho… La primera noche será para la plaza de San Marcos, cuando no haya nadie, para que sea solo para mí por unas horas. Me sentaré en cualquier sitio, andaré despacio, a mirar, a admirar, a llenarme de esa belleza que no he visto todavía. Sé que llegarán después los barrenderos y no me molestarán, porque cuidan la plaza. Pero sí que me enfadaré cuando personas pasen por esa plaza haciendo footing al amanecer. Lo veo por las cámaras web. Pasearé por esa plaza casi hablando con Claudio Monteverdi, y pensaré cómo se le ocurrió el cambio que dio a la música…, se salió del canon de la música renacentista y, con ello, creó la música barroca temprana con la ópera La fábula Orfeo, en 1606; y no solo eso, inició también la ópera tal como es hoy… A la mañana entraré a la basílica de San Marcos, donde él  fue maestro de cantores y director de coro.  ¡Cómo me hubiese gustado cantar en ese coro…! 

Iré a su tumba. Alguien cada día pone dos rosas en su lápida…; me gustaría hacer esa tarea…, estoy en deuda con él, su música me acoge siempre. 

En Venecia, de Rafael Manrique.

Para no olvidarlo nunca, tengo al lado del ordenador una foto de su tumba que este autor me trajo hace años.

Iré a ver las iglesias que hizo allí Palladio, la del Redentor, cuya fachada blanca límpida de mármol mira a la laguna, aunque esta estará menos limpia… Creo que tocaré levemente ese mármol. Y la del  San Giorgio Maggiore, acabada en 1567, que convive sin problemas con el edificio que está al lado que hizo Tadao Ando, ya en XXI;  y eso me hará recordar que tengo que ir a ver La Iglesia de la Luz (1989),  que hizo en Japón.

Iré a la iglesia en que bautizaron a Vivaldi. Iré al palacio donde Wagner compuso Tristán e Isolda.  Andaré por los lugares por los que pasó Leonardo de Vinci cuando ayudó a defender a esta ciudad de los turcos.

Iré a la Fenice, desde luego, ya ha ardido 2 o 3 veces, pero correré ese riesgo. Y lo haré más de una vez.

Y todo lo demás…

Caminaré cada día por las callejas (creo que son 400)  hasta que no pueda andar un paso más.

Estoy también en deuda con Elena, que me abrió los ojos y los oídos. Seguramente ya no estará aquí… 

Intentaré llevarle unas flores.

‘Un millón de pasos. Las vueltas por el mundo de un tipo corriente’, de Álvaro Machín, ya a la venta

Un millón de pasos, de Álvaro Machín.

A partir del 23 de mayo ya tendremos a la venta en toda España ‘Un millón de pasos. Las vueltas por el mundo de un tipo corriente’, un libros de viajes, de andanzas, de experiencias y de reflexiones del periodista de Santander Álvaro Machín, con prólogo de la también periodista Marta San Miguel e ilustración de portada de Pedro Sainz Guerra.


«¡Yo no viajo para llegar a ningún sitio. Lo hago tan solo por el placer de ir!», dijo el autor de ‘La isla del tesoro’. A Robert Louis Stevenson le gustaba viajar y contar historias, algo que comparte con Álvaro Machín, periodista de Santander. ‘Un millón de pasos. Las vueltas por el mundo de un tipo corriente’ es justo una recopilación de itinerarios y crónicas en carne propia.

No es una guía de viajes ni los relatos que escribiría el protagonista de ‘El último superviviente’. Es la colección de anécdotas, personajes y experiencias a lo largo de unos cuantos años de camino de un tipo corriente que lleva en la maleta, sobre todo, curiosidad. Relatos de andar por algo lejos de casa. Uzbekistán, Camboya, las carreteras de Benín, los vagones del Transiberiano, un par de timadores en Tiananmén o el balcón de un restaurante en Torun (Polonia). De los destinos, de las distintas compañías, de los motivos y del ánimo que envuelve cada fecha hay detalles en los relatos de cada capítulo.

El autor

Álvaro Machín (Santander, 1976) ha vivido siempre cerca de las vías del tren. Desde niño, le gustaron las historias de viajeros. Para escribir crónicas se fue a Bilbao a estudiar Periodismo y, siendo un crío, empezó unas prácticas en El Diario Montañés. AllÌ sigue practicando su profesión desde entonces, una labor que ha compaginado con etapas en la radio (COPE y Punto Radio), en televisiones locales de Cantabria y como profesor de Redacción de otros aprendices de periodista. Ganador del Premio periodístico Langarita y del Solidarios ONCE en Cantabria.

Los libros son también para el verano: viajar, descubrir, conocer… de la mano de un buen ‘cicerone’

Rafael Manrique, en la librería Acqua Alta, de Venecia.

Los libros también son para el verano. Pueden llegar a ser el compañero ideal para viajar, que es descubrir y conocer otros paisajes y culturas. A la hora de hacerlo, es mejor de la mano de aquellos que nos han precedido y que nos pueden legar su experiencia y sus sugerencias. Podemos hacerlo sin su compañía, pero tal vez los errores y las pérdidas de tiempo sean un precio a pagar que no merece la pena asumir. Mejor es dejarse llevar por el consejero libresco, más sabio que nosotros.

Este verano hemos decidido darle un empujón a una colección que empezamos hace un año y que teníamos un poco olvidada: ‘La pomme carré’, ‘La manzana cuadrada’. Esta es una serie en la que pretendemos internarnos en otras culturas, mediante géneros como la crónica, el diario personal o simplemente el ensayo. Lo hacemos este año con dos entregas, a cargo de sendos ‘cicerones’: una dedicada a Venecia, de la mano de Rafael Manrique; y otra a los viajes por todo el mundo de otro impenitente paseante, el periodista Álvaro Machín, quien recopiló sus vueltas por varios continentes con el sugerente título de ‘Un millón de pasos’.

Como los libros no solo los hacen los autores y, a años luz, los editores, es de justicia dar paso a escena a dos ilustradores (Julia Manrique, para ‘En Venecia’; y Pedro Sainz Guerra, para ‘Un millón de pasos’), así como a una colaboradora cuya labor es importantísima en la corrección, y que siempre está detrás de los ensayos que hemos publicado de Rafael Manrique, Begoña Cacho y los Textos Insólitos en general, como es Elvira Martínez.

Tampoco queremos olvidarnos, porque sería imposible, de Marta San Miguel, periodista que ha firmado el prólogo de ‘Un millón de pasos’.

En Venecia, de Rafael Manrique.
Un millón de pasos, de Álvaro Machín.

Librerías y canales de venta online donde se puede encontrar ‘En Venecia’, de Rafael Manrique

No son todas donde está, pero sí que ‘En Venecia’, de Rafael Manrique, está en todas estas librerías:

FNAC, Casa del Libro, Amazon, Troa, Elkar, Santos Ochoa, Cálamo (Zaragoza), Agapea Factory (Palma de Mallorca), Altair (Barcelona), Finestres (Barcelona), La Llar del Llibre Centre (Sabadell), La Mulassa Nova (Vilanova i la Geltrú), La Viatgeria (San Antoni de Calonge, Girona), Viñolas Llibres & Viatges (Figueres), Cantón 4 (Ferrol), Follas Novas (Santiago de Compostela), Lume (A Coruña), Noviembre (Benicassim), París Valencia 3 (Valencia), Popular Libros )Albacete), Antonio Machado (Salesas, Madrid), El Aleph (Madrid), Le Librería (Madrid), Marcial Ponso (Madrid), Visor (Madrid), Anais Libros (Castro Urdiales), Binario (Bilbao), Cervantes (Oviedo), Donosti (Donostia), Vorágine (Santander), La Librería de Bolsillo (Gijón), Sancho Panza (Cabezón de la Sal), Walden (Pamplona), Agapea Factory (Málaga), Agrícola de Jerez (Jerez de la Frontera), Babel (Granada), Lual Picasso (Almería), Luces (Mälaga), Mapas y Compañía (Mälaga), Picasso (Granada), Isla de Papel (Sevilla), El árbol de las Letras (Valladolid), Galatea (León), Letras Corsarias (Salamanca), Víctor Jara (Salamanca), Margen (Valladolid), Santos Ochoa (Salamanca), Biblos (Lugo), Kathedra (Ourense), Couceiro (Santiago de Compostela), Paz (Pontevedra), Tanco (Ourense), Versus (Vigo), Santos Ochoa (A Coruña), Taiga (Torrelavega), Malvasía (Santiago de Compostela).

En Venecia, de Rafael Manrique

En el Campo dei Mori, Cannaregio: Tintoretto

[…] Al final de la plaza, tras pasar el puente, la iglesia de la Madonna dell’Orto guarda la tumba de Tintoretto. Está enterrado entre varias de sus obras. Por muy muerto que se esté, ha de dar morbo este detalle de pasar la eternidad en medio de tus cuadros. Asimismo, la casa en la que vivió y murió el pintor está a pocos metros de la plaza. Hoy, justicia poética, es una escuela de pintura. La iglesia, según he leído, fue muy dañada en las inundaciones de 1966 y luego reconstruida por una institución británica dedicada a la salvaguarda de Venecia. ¡Qué tiempos aquellos con ese tipo de instituciones! Es pequeña y delicada. Su estilo tiene la apariencia gótica, pero ya hay algunos detalles que anuncian el Renacimiento. En ella hay varias y buenas obras de Tintoretto.
Particularmente me gusta ‘La presentación de la Virgen en el templo’. Un lienzo que, contrariamente a lo que solía, realizó nada menos que en tres años. Es un tema tocado por otros pintores y, en especial, por Tiziano, su maestro un tiempo muy breve. Sorprende la enorme diferencia entre la versión de uno y otro. Compare el lector. Comparten el tema, la idea y hasta la composición, pero el resultado es totalmente diferente, siendo ambas obras maestras. Donde Tintoretto plasma el movimiento y guía la mirada del espectador casi con lógica cinematográfica, Tiziano es institucional y posado; donde Tintoretto es rápido, vibrante e inacabado, Tiziano es fuerte y solemne; donde Tintoretto ve un acontecimiento, Tiziano ve un acto; donde Tintoretto dibuja una niña decidida, Tiziano pinta una prudente; donde Tintoretto es conmovedor, Tiziano es refinado. En ambas versiones vemos la elegancia radiante de la niña subiendo por la escalera y la vista lateral, ya que ella no está en el primer plano, pero claramente señalada e iluminada de forma que adquiere más dramatismo y un contenido narrativo muy poderoso.
Al hilo de esta comparación, recuerdo que Tiziano expulsó de su taller al joven discípulo Tintoretto. Quizá vio en él a un temible competidor. También la intromisión y el atrevimiento del pintor, sin duda, ayudó. «Tintoretto es Venecia», dijo Jean Paul Sartre.

En Venecia, Rafael Manrique
Em Venecia, Rafael Manrique.

A %d blogueros les gusta esto: