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‘Más cerca que cerca’: amor, filosofía y misticismo de la mano de Jari Ehrnrooth

Más cerca que cerca

Paul e Iman son dos corredores de fondo que se conocen en una pista de atletismo. Desde el primer momento la conexión que surge entre ellos les disturba, va más allá de la colegialidad entre deportistas, son dos seres semejantes. El encuentro de dos almas gemelas que para Paul supone un regalo irrechazable y posee reminiscencias filosóficas, para la profunda religiosidad de Iman significa una traición al juramento de matrimonio que realizó en su día. Y mientras, esa segunda persona que habita en lo más profundo de cada uno suspira por elevarse. Más cerca que cerca es una novela de corte de amor, sin más, abordada por el autor de una manera reflexiva y original, entroncando con el ‘realismo místico’ que le caracteriza. Un ‘samurai’ del sentimiento. 

La ilustración de cubierta es de Pablo Gallo y la traducción de Luisa Gutiérrez Ruiz.

#jariehrnrooth #marcercaquecerca #finalndia #pablogallo #novela #ellegadodelbaron

Las obras literarias de Ehrnrooth combinan el ensayo y la expresión poética. El mismo ha definido su estilo como «realismo místico». Ehrnrooth ha recibido el premio Kalevi Jäntin (1996) de ensayo y el Premio de la Academia de Finlandia por su «importante labor de investigación interdisciplinaria» (2003). ‘Más cerca que cerca’, la historia de una relación amorosa con una gran densidad reflexiva, es su primera novela traducida al español.

jari Ehrnooth
jari Ehrnooth

‘La partida’, de Rax rinnekangas, Premio Otava de narrativa en Finlandia

Uno de los mejores escritores de Finlandia, Rax Rinnekangas, Premio Nacional en su país, recibió el Premio Otava hace 30 años por esta recopilación de relatos. De Rinnekangas hemos publicado también su novela ‘Adana’ y el libro sobre su obra gráfica ‘Fabricando ladrillos de luz para la Casa de Ícaro’.

Nueve relatos de otros tantos personajes ambientados en la Finlandia rural y urbana. Retrata, mediante un lenguaje cinematográfico y cargado de diálogos y elipsis el proceso de maduración y decepción. Escritos hace 30 años, Premio Otava de narrativa en #finlandia, #lapartida, de #raxrinnekangas, fue traducida por #luisgutierrezruiz y no ha envejecido nada mal.

La cubierta del libro fue obra de la diseñadora Carmen Quijano.

‘Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro’, la fotografía hiératica y mística de Rax Rinnekangas

Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro.

”Nosotros venimos de la oscuridad y vamos a la oscuridad. Entre esos dos puntos definitivos pasa la vida de la luz, el único arquitecto de cada vida humana. En mi infancia en el norte de mi país, el cielo formaba el 80% del paisaje; yo pensaba: el cielo es la palabra del Dios. O mejor dicho: ese espacio del cielo con nubes forma frases. Pensé también que los días de lluvia tienen sol si vemos más allá de las nubes…. La luz tiene alma, ojos, carácter en esta realidad.

Rax Rinnekangas

Como fotógrafo, no he necesitado lámparas: he trabajado en diálogo con la luz del Dios. La luz ha formado las composiciones de mis fotos donde mi papel es solo amoldar las composiciones mortales a la pintura clásica. Giorgio Morandi, Edward Hopper… ésos son mis padres. En el libro ‘Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro’, cada imagen  tiene dialogo directo con la Luz. Las fotos hablan con la luz en los campos de  concentración, en la otra Rusia, en un pueblo que se llama Europa, en mis prados y bosques del Norte. Son fotos silentes; no tienen ruidos de hoy, no tienen violencia ni pornografía; no intentan bailar con los titulares de los medios de comunicación: hablan de la melancolía, la soledad, la memoria, pero en todo positivo. Las técnica no vale nada para mí; he trabajado con el mismo cuerpo de la cámara de sencillo formato durante 30 años. Es mi amante y mi madre.

La luz está muy triste en estos tiempos. Está llorando porque el mundo humano no respeta su silencio, sino que quiere llenarlo de ruidos. No veo mucha audiencia para mi estilo, pero sí para aquellos que están en contacto con la luz de su alma, su corazón, sus pensamientos y en su camino entre dos oscuridades.”

La cubierta del libro es obra Carmen Quijano sobre una fotografía de Rax.

Extracto de ‘Adana’, de Rax Rinnekangas

Adana

«Cuando el féretro estaba ya en la tumba y la gente empezó a depositar las coronas y las flores sobre las ramas de abeto que la cubrían, fijé la atención en cierta persona que estaba sentada tan apartada de los demás como yo. Se encontraba detrás del resto de la gente, en el lado contrario al que yo estaba, por lo que al principio me pareció haber visto tan solo su silueta. Fijé la atención en esa persona porque miraba el final del entierro desde un lado, como si fuera un objeto invisible en algún lugar fuera del cementerio.

Cuando el párroco empezó a dar la mano a los parientes cercanos y a las primeras personas que abandonaban el lugar, me trasladé a un segundo plano, muy a la derecha, para ver mejor a esa persona. Ahora distinguí que se trataba de una mujer, quizá algo mayor que yo y completamente extranjera. En toda su esencia y forma de estar presente sin estar presente, no encajaba, de ninguna manera, en la imagen general del funeral.

La mujer estaba de pie a un lado del grupo de gente, varios metros por detrás de los últimos visitantes, como si hubiera acabado allí por casualidad y ya no fuera capaz de irse. Sin embargo, parecía que había ido expresamente a la ceremonia. Llevaba el cabello negro de longitud media atado en una trenza lateral. Con una mano sujetaba la correa de su bolso de mano; la otra mano la tenía dentro del bolsillo del abrigo. Por debajo del dobladillo del abrigo se distinguía un vestido rojizo de terciopelo con pliegues. Cuando la mujer sacó la mano del bolsillo y se rozó el pómulo, su muñeca dejó ver un aro cuyo material no pude distinguir en la distancia.

Sentí que se me formaba un nudo en el estómago y empezaba a cubrirme de sudor; en ese momento, la mujer empezó a moverse al lado de la gente hacia la tumba. Avanzaba con paso firme, como una persona que toma todas las decisiones en su vida. Finalmente, se quedó de pie al lado de la tumba, inmóvil, sin depositar nada sobre las ramas; se limitó a mirar hacia abajo, como si el dolor la presionase en esa posición y la dejase paralizada en el sitio. Finalmente, esta mujer que parecía mulata se enderezó y, sin dejar de mirar al frente, regresó con calma a su sitio; entonces, se quedó mirando fijamente al horizonte del cementerio.

Todo esto lo observé por detrás, sin distinguir la cara de la mujer en ningún momento. Solo veía su estrecha figura, su cabello negro y su perfil. Tampoco tuve tiempo de más, ya que varias miradas alrededor de la tumba se dirigieron hacia mí: algunos parientes del difunto me habían reconocido. Era mi turno de acercarme al féretro. «

Adana, Rax Rinnekangas.

Busco a Rax

Nos vamos a Finlandia (si el Volcán Quiere)

Buscamos a Rax…

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