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Silvia Carnicero, antropóloga forense: “No hay otra necrópolis en Cantabria con este nivel de uso: ya se han encontrado los restos del individuo 44”

Silvia Carnicero, forense.
Silvia Carnicero, forense.

Es forense y por lo tanto realiza autopsias y evalúa a heridos en accidentes y en otros sucesos en los que la Justicia reclama una evaluación física de los afectados, pero su pasión se remonta a un tiempo mucho más antiguo. Como forense, y como antropóloga forense, de un modo u otro su vida está rodeada de despojos humanos a los que interroga para saber cómo vivieron y cómo murieron. “Los forenses no nos dedicamos solo a autopsias. En patología forense hay mucho paciente vivo, aunque la gente no lo crea, pero yo me dedico básicamente a realizar autopsias. Al margen de mi trabajo del día a día, me he formado como antropóloga y me dedico a estudiar muertos más antiguos”, comenta al empezar la entrevista.

Quien así habla es Silvia Carnicero, una bilbaína de 43 años que ha dedicado su tiempo libre a estudiar 18 yacimientos arqueológicos de Cantabria, que darán lugar a una tesis doctoral sobre cómo eran, de dónde procedían y cómo vivieron y murieron los cántabros del interior y de la costa en el entorno del año 1.000. Está casada con Yeyo Balbás, escritor cántabro de novela histórica al que conoció haciendo recreación histórica y por el que acabó residiendo en Cantabria. Su grupo dedicado a revivir la historia con trajes y representaciones se llama ‘El clan del cuervo’ y está integrado por aficionados de todo el país. Todos recrean la época visigoda.

Pero si Silvia Carnicero ha salido a la palestra recientemente es porque integra el equipo que investiga los restos que se excavan en una pequeña calle que flanquea la catedral de Santander, denominada Los Azogues. Acaban de empezar y ya tienen, literalmente apilados, 44 esqueletos, en buena parte niños, que datan al menos del siglo XIII. Ella no se ocupa de excavar, sino de investigar las tumbas y las osamentas aplicando la observación y herramientas como isótopos radioactivos y la genómica, el estudio del ADN extraído de los huesos. En los días en que acaba de darse el Nobel de Fisiología y Medicina al investigador sueco Svante Pääbo, galardonado por desarrollar el genoma del neandertal, Carnicero tendrá que tomar muestra y analizar los datos de ADN que extraiga del yacimiento. Como si se tratara de un libro, leerá en ellos los hábitos de vida y culturales de aquellos primeros pobladores de uno de los principales asentamientos de la Cantabria post-romana.

¿Qué le dicen los huesos?

Los huesos pueden decir más de lo que pensamos, solo hay que preguntarles.

¿No era algo esperable encontrar una necrópolis junto a la catedral de Santander?

Desde mi perspectiva, la arqueología medieval no está desarrollada en Cantabria. Era esperado el yacimiento que se ha encontrado, pero teniendo en cuenta que no se ha excavado en Santander, o que gran parte quedó arrasado después del incendio de los años 40, lo que queda es muy poco. Aunque no formo parte del equipo de arqueólogos [integrado por Lino Mantecón y Javier Marcos], el yacimiento de la catedral es importante porque se está excavando con tecnología actualizada, con preocupación por los restos humanos, porque otros yacimientos se excavaron antes sin que los restos humanos fueran lo más importante.

¿Caben sorpresas en la excavación? ¿Está datada la necrópolis ya?

Hubo una primera campaña en 2018-2019 y esta es la segunda fase, que se tuvo que aplazar por agotarse los fondos y, claro, el yacimiento era mayor de lo que se esperaba. En aquella primera se dató parte del muro que había aflorado, que era del siglo X.

¿Y los restos?

Es seguro que los restos pertenecen al siglo XIII y precedentes. Como todavía no se ha llegado a los niveles más inferiores no se sabe hasta qué época se va a llegar. Ahí está la incógnita.

¿Cuándo se despejará la incógnita?

En lo que afecta a mi trabajo, seis meses, un año a más tardar.

El yacimiento es pequeño en extensión, pero por lo que dice es profundo.

Sí, es profundo y revela que había una promiscuidad entre viviendas y cementerio. De hecho, hubo normativa que prohibía hacer fiestas ya que todo se hacía cerca al ser el espacio tan pequeño y no existir el recelo ante los muertos que hay ahora.

¿Cómo es su trabajo en el día a día?

Yo solo analizo las tumbas. En ese yacimiento hay estructuras murarias, tanto del castillo como de la catedral primitiva, vasijas… Todo eso lo examinan los arqueólogos.

Luego usted se centra en los restos humanos. ¿Cuántos cadáveres hay sepultados?

Ahora van ya por el individuo 44. Es una necrópolis muy intensamente utilizada. Están uno encima de otro. Es la típica necrópolis urbana, en el sentido de que es un espacio pequeño, intensamente usado.

¿Le ha sorprendido?

Sí, por cómo son las necrópolis en Cantabria, en el entorno rural, con mucho espacio. Pero no hay otro ejemplo en Cantabria de este nivel de uso. Son restos revueltos, recolocados, con individuos unos sobre otros. Hay un individuo, por ejemplo, con tres cabezas sobre la pelvis. En las tumbas se inhumaba a una persona junto a los restos de otras.

Hay un individuo, por ejemplo, con tres cabezas sobre la pelvis. En las tumbas se inhumaba a una persona junto a los restos de otras

En concreto, ¿qué intentará averiguar?

Estoy efectuando un estudio multidisciplinar que abordará la parte física de la población enterrada en la necrópolis (edad, estatura, enfermedades, etc.) y especialmente investigaciones genéticas para determinar dietas o depósitos de metales de cara a conocer las diferencias sociales que existían o el tipo de población que se enterraba en este cementerio de la ciudad de Santander.

¿Se ha conservado el yacimiento intacto con el paso de los siglos?

La catedral se amplió durante la época gótica, en el barroco y tras el incendio [de 1941] y por lo tanto ha habido alteraciones y encontramos tumbas con huesos descontextualizados.

La tumba en sí, ¿cómo es?

A pesar de que en la época se enterraba con tumbas de lajas, en la catedral son fosas con ataúd, la gran mayoría, o sin ataúd. Es importante la cantidad de clavos de ataúd que se están encontrando.

¿Cómo eran los enterramientos?

Los muertos se enterraban con sudario. Aunque la cristianización impedía enterrar con ajuar, se ha encontrado un anillo y una moneda. Irían vestidos, pero los tejidos desaparecieron.

¿Qué le dice el anillo?

Los anillos se asocian con sepulturas de mayor rango. Puede significar que se trata del clero de la abadía. Antes de que Alfonso VIII le concediera el Fuero [en 1187 el rey castellano nombró al abad dueño y señor del pueblo y dotó a la villa de un fuero para facilitar la actividad económica], e incluso antes, quien dirigía la ciudad era el abad. Estamos hablando de la élite social de la ciudad de Santander. De hecho, las casas de la Rúa Mayor eran de clero de la entonces abadía.

¿El estudio del ADN qué está revelando?

Yo estoy haciendo el estudio antropológico puro y duro: sexo, edad, estatura, patologías que pueda haber… Todavía no hay resultados del ADN. Santander está en el Camino de Santiago y era una villa marinera. A lo mejor encontramos sujetos foráneos enterrados. Igual se confirma que hay mucho intercambio de personas, o al contrario. Son preguntas que están en el aire y a las que intentará responder no solo la genética, sino también los estudios de isótopos.

¿Qué dirán los isótopos?

Servirán para comprobar, por ejemplo, si hubo un movimiento de población grande desde Toledo por la conquista árabe. Los estudios de isótopos facilitan información sobre traslados. Los estudios pueden hablar de proximidad a la costa, alimentación y del origen de las personas. Los isótopos y la genética nos pueden permitir hacer mapas de población y compararlos con otros de la meseta.

¿Cuál era la esperanza de vida?

La esperanza de vida oscilaba entre los 35 y 45 años, tanto en hombres como mujeres, con picos de mortalidad asociados en los varones a conflictos bélicos y en el caso de las mujeres, a los partos. Habrá que estudiar si en la Catedral hay una curva demográfica diferente.

¿Es similar la proporción hallada entre hombres y mujeres?

Parecía haber mujeres pero es complicado porque pueden ser restos de individuos masculinos jóvenes, que no están del todo desarrollados. Y hay bastantes, bastantes niños o niñas, no está claro tampoco su sexo porque en los restos infantiles es más difícil de determinar.

¿A qué cree que puede deberse la proliferación de enterramientos de niños?

En una necrópolis urbana encontraríamos mujeres y el hecho de que la mortalidad infantil fuera muy elevada. Los niños no están enterrados en una zona concreta, como en otros cementerios; en la catedral están mezclados con adultos y habrá que determinar si son niños o niñas. A lo mejor son solo niños que se entregaron a la abadía.

¿Qué significa ‘entregar’? ¿Una especie de orfanato?

O que se entregaran a la abadía para que hicieran carrera eclesiástica.

¿De qué murieron?

Fallecieron por causas naturales como fallecían la mayoría de los niños en esa época. Los huesos evidencian un estado de salud bastante bueno. En esa zona estaba la casa del abad y, aunque no es el lugar donde se enterraría la gente más rica alrededor de una iglesia, sí que puede ser en este caso la zona de los ricos.

¿Dónde se enterraba habitualmente a los pudientes?

Cuanto más rico, más cerca del muro. A partir del siglo XIII, los enterramientos se producen en claustros.

Entre los restos hallados en la capital cántabra, ¿se han encontrado signos de violencia?

Hay dos cráneos con lesiones ya curadas, es decir, no murieron a resultas de ello. Parecen heridas de arma blanca, a nivel frontal.

El yacimiento finalmente se va a cubrir con una cristalera, ¿se mantendrán los restos en el lugar?

No van a dejarse los restos esqueléticos. Los voy a estudiar todos y no se van a volver a colocar porque con la humedad se estropearían. Se va a instalar una ventana arqueológica que permitirá apreciar los cimientos de la primitiva catedral. Va a ir orientada a la arquitectura, acompañada de la debida panelización.

Del resto de yacimientos cántabros, ¿qué otros destacaría?

Hay unos yacimientos que llaman mucho la atención como son los enterramientos en cueva. Son de época visigoda, como en La Garma, Riocueva y Las Penas. Yo ya he hecho el estudio antropológico de Riocueva y Las Penas y se trata de población muy seleccionada: gente joven, niños, enterradas con ajuar, aunque en aquella época no se enterraba con ajuar… Sospechamos que pudo haber una epidemia, bastante compatible con la peste justiniana, de la misma época, aunque los estudios de paleomicrobiología no han dado resultados. Con gente muy joven que ha muerto sin signos de violencia tiene que haber una causa infecciosa detrás.

¿Cuántos son?

En Las Penas, diez; en Riocueva, ocho; y en La Garma, cinco. Se les enterró con útiles de la vida cotidiana.

¿Se han cometido habitualmente errores en la interpretación de los restos arqueológicos?

Hay errores comunes asociados a no realizar los estudios antropológicos. Durante muchos años, en los enterramientos con ajuares, se asociaba la aparición de armas con restos masculinos. Hasta que no se han introducido los estudios de antropología y se ha determinado el sexo no se han podido determinar realmente este. De hecho, hay enterramientos femeninos con armas.

¿Como muestra de estatus o porque eran guerreras?

En los pueblos germánicos aparecen enterramientos de mujeres con cuchillos porque el cuchillo era un elemento de estatus en el sentido de que eran personas libres. Si eras esclavo, no podías portar cuchillo. En pueblos escandinavos ha habido alguna tumba de mujeres con armas y varias interpretaciones al respecto.

¿En Cantabria hay casos?

No, pero en Peñamellera Baja, en Asturias, en la cueva de La Cerrosa, han aparecido lanzas y un ajuar guerrero de la época de las guerras cántabras y, asociado a ello, en la misma cueva, están los cráneos de dos mujeres. Es un yacimiento que todavía está en excavación y a la espera de resultados.

Francisco Taboada, ‘programado’ para contar

Francisco Taboada, junto a su editor. Foto: Jesús Ortiz Pérez del Molino.

Francisco Taboada (Bilbao, 1957) es escritor y pedagogo, pero sobre todo lector, que es el auténtico oficio de aquellos que algún día quieren escribir y obtener el beneficio de la atención de otros como ellos. Así que Taboada es un escritor que lee o, mejor dicho, un lector que escribe. También ha sido profesor de Didáctica del Pensamiento en la Universidad del País Vasco; y, vamos sacando los dedos para enumerar como en los viejos tiempo, albañil, viajante de comercio, encuestador, librero, restaurador de muebles, barman, cuidador de ancianos… una experiencia laboral variopinta que refleja con humor en su obra literaria, porque Francisco Taboada no es un novel en esto de escribir. A lo largo de los años ha sido autor de los libros de poemas: Garbanzos (1979), Palabras dactilares (2011) y Frontera de carne (2015); de la obra de teatro El Maestro (2012); y de las novelas: Memorias de Yoser Pez (2006), La cosecha (2012), El pozo séptico (2015) y ‘Gerónimo de los paracaidistas’ (El Desvelo Ediciones, 2019). Ahora, con más lecturas a cuestas, vuelve a reincidir con esta editorial con los relatos de ‘Entre la multitud y el agua’.

Dicho llanamente, estamos ante un libro de tipo literario, más concretamente de narrativa, más concretamente de relatos y relatos de recorrido medio entre la ‘nouvelle’ y la novela corta. Esto es lo que podría decir el DNI del libro, junto con datos sueltos como el precio, las dimensiones o la calidad del papel. Pero van a permitirme que, antes de decirles de qué van realmente los cinco relatos de ‘Entre la multitud y el agua’ me explaye en una cuestión.

Francisco Taboada, como les comentaba previamente, fue lector antes que escritor. Él tiene la suerte o el mérito de poder disponer de su tiempo libremente y lo destina a actividades que la mayor parte de la población consideraría superfluas, pero son las que permanecen con el tiempo y en las que se fijan nuestros descendientes a la hora de hablar de nuestra época. Paco dedica su tiempo a leer, queda dicho, a hacer esculturas, a escribir y de vez en cuando cae algún viaje y algún libro.

Este ‘Entre la multitud y el agua’, que recoge en su título un bello verso de Paul Valery («Ojalá no hubiera experimentado en tan alto grado la soledad, entreverada de orgullo y angustia; aquella percepción oscura y extraña del riesgo de soñar entre la multitud y el agua») es un buen ejemplo de la metamorfosis de lector en autor. Dicho con otras palabras, de cómo una persona recibe un impulso irrefrenable por contar, por comunicarse, por transmitir sentimientos, conceptos, certezas, incertidumbres… todo aquello que puja por salir de nosotros, del mismo modo que nuestro cerebro es una esponja ávida de atrapar sentimientos, conceptos, certezas, incertidumbres, relatos, poesía, lo que sea.

Esta ‘programación’ del ser humano para contar y ser contada tiene una raíz evolutiva anclada en nuestro cerebro. La narración es una necesidad/facultad resultado de milenios de evolución y, como es bien sabido,todo aquello que no es útil para la supervivencia es desechado por nuestro cerebro. Entonces, ¿por qué contar y ser contado es útil para nuestra supervivencia? ¿Es tan caprichoso como parece el afán, un punto pretencioso, del escritor por contar y que los demás le prestemos atención? ¿O hay un poso necesario para seguir vivos en las enseñanzas y lecturas de un escritor?

No sé si Francisco Taboada se pone en modo tan prosopopéyico cuando decide coger el lápiz, la pluma o lo que sea para escribir o simplemente se pone a ello y, sin más, escribe. Pero algo hay en la escritura que nos es necesario. Aparte del placer y la belleza, cosas interesantes pero prescindibles a la hora de vivir, hay en los relatos, ciertamente; en la narrativa, ya sea ante el resplandor de un fuego en un campamento de cazadores-recolectores de hace 10.000 años o al cálido abrigo de la manta mientras se lee en invierno en la butaca, hay también, ya digo, un aprendizaje que nos es necesario. Tal vez sea ese el conocimiento que intuitivamente Paco y tantos otros nos intentan legar con su trabajo.

¿Enseñanzas? ¿Qué me va a enseñar el arte a mí? ¿Qué me resultará útil de este escritor?

Nadie viene enseñado al mundo, pero la narración, los cuentos, nos permiten acortar el camino a la hora de adquirir experiencia. En cierto modo sí es cierto que uno puede acudir a un centro comercial y comprar un kilo de experiencia en los términos que un consumidor quiera. Cámbiese ‘centro comercial’ por ‘libro’ y se obtiene lo que pretendo decir: experiencia encuadernada. Cuando leemos, cuando vamos al cine, cuando escuchamos a nuestro cantante preferido, no solo le damos fuerte a la dopamina que nos proporciona la belleza y el ingenio, con emociones tan fuertes y auténticas como si pertenecieran a la vida real, sino que también aprendemos. Ahora sería irrisorio planteárselo, pero ¿cuántos adolescentes aprendieron a besar en el cine? ¿Cuántos hombres y mujeres aprendieron a manejar la situación del cortejo viendo cortejar a Clark Gable, Vivian Leigh o Jack Lemmon? ¿Cuántos aprendieron lo que es la gran ciudad sin haber pisado una? ¿No hemos aprendido por otros a cómo reaccionar ante situaciones que pueda plantearnos la vida? ¿No es esa la cualidad de nuestra fascinación e interés por seguir leyendo: adquirir el conocimiento de cómo salir de apuros? ¿No somos más sabios, en definitiva, cuando cerramos un libro? 

Francisco Taboada afirma y tiene escrito que necesitaba contar estos cinco relatos de ‘Entre la multitud y el agua’. ¿Por qué? ¿Qué necesidad casi fisiológica tiene de contar, de poner por escrito? ¿Acaso no seguiría su vida un curso similar si no lo hiciera? ¿Se le caería el pelo, iría a la cárcel, sufriría mil y un tormentos si arrinconara los útiles de escribir y prefiriera pasear o ver la tele? 

Y sin embargo, escribe.

Pues algo debe haber cuando una persona dedica horas, días, semanas, meses, años de su vida a esto de escribir. Hay algo obsesivo en ello, fácil es deducirlo, que se sitúa entre el orgullo y la necesidad de comunicarse.

Creo que el acto de escribir es un acto de generosidad del escritor, por más que haya escritos que caritativamente merecieran ser enterrados. Del mismo modo que el escritor es generoso, el lector también lo es. Dedica su tiempo a otros. Quiero pensar que en un mundo ideal acosado por la amenaza atómica o pandémica solo sobrevivan los que han leído, que todos esos héroes mazados y tan seguros de sí mismo serán derribados en los primeros momentos y que solo el lector curioso tenga las habilidades necesarias para sobrevivir a los vientos furiosos del Apocalipsis. Pero sin ir tan lejos, la literatura da a quien tiene la generosidad de acercársele las herramientas para vivir y soportar los avatares de la vida. Piensen en la soledad. Todos sabemos lo que es, pero no sabemos adquirir las dosis justa para alcanzar un equilibrio ideal, sin el cual vivir es algo insoportable tanto por soledad extrema como por gregarismo extremo.

Sí, este libro contiene la soledad; y su autor da cinco claves que no ha podido evitar contar.

De lo innombrado, que no inefable

Hay una palabra hermosísima en castellano que es inefable, que significa aquella emoción que no puede ser expresada con palabras. No tiene nada que ver con aquello que no queremos mencionar por superstición o miedo. Por ejemplo, la muerte. Por ejemplo, la soledad. La soledad es un tabú en nuestra sociedad, en donde las dinámicas de grupo son norma de obligatorio cumplimiento, lo que no quiere decir que la emoción, a veces placentera, a veces desesperante, de la soledad sea inefable.

Francisco Taboada, aparte del oficio y la pulsión de narrar, también tiene el talento de convertir lo que es en apariencia inefable en algo decible, y también el atrevimiento de romper el tabú y dedicar cinco relatos de largo recorrido a la soledad, una experiencia por la que la mayor parte del público no estaría dispuesta a hacer cola por contemplar.

No hay nada tan peligroso y perturbador como la soledad. Puede ser un premio o un castigo, un bálsamo o un perro rabioso, algo deseado o repudiado, un síntoma de locura o de evidente cordura, la prueba del éxito o la manifestación de una derrota, sea lo que sea que consideremos éxito o derrota, términos en ocasiones intercambiables. Por eso, los cinco relatos largos de este libro presentan la soledad como una enorme paradoja, el grial luminoso y oscuro que buscamos con la esperanza o la frustración de no encontrarlo jamás. 

Es imposible estar solo, parece decirnos Paco Taboada, porque nuestro cerebro necesita para estar tranquilo sentirse integrado en la sociedad y que el fluido de nuestro pensamiento lleno de palabras se coordine con ella, contenga la multitud. al menos en su formulación más prístina: el propio lenguaje.

Pero, por otro lado, Taboada nos deja el mensaje embotellado en forma de libro de que la conquista de la soledad es necesaria para que exista la persona individualizada del grupo, no devorada y anulada por el conjunto. Soledad y alienación ahora parecen socios de toda la vida. 

Así lo comprenden los protagonistas del primer relato, Las hojas más duras, blancas y brillantes, donde una chica y un chico que crecen juntos utilizan a sus perros como talismán para defenderse de una realidad cada vez más abducida por las redes sociales. 

Y como el propio autor explica este relato y los que acompañan vienen de una experiencia directa, enquistada en la memoria, que no hay más remedio que exorcizar con palabras. “Así es como estos cinco relatos llegaron hasta mí”, dice. Pero no hay que engañarse, no se trata de autoficción. Porque las historias tienen anclajes en la realidad, pero su desarrollo es totalmente ficticio, especulativo. En cierto modo, Paco lo que hace escribiendo es llenar con ficción los intersticios dejados por la experiencia, porque como todos sabemos, la vida por lo general es avara e insuficiente, muchas veces imperfecta y rara vez nos da toda la información, ni mucho menos proporciona la claves. 

Tengo que contar/leer estas historias

En ‘Las hojas más duras, blancas y brillantes, Taboada tiene una tentación de contar una historia o completarla. ¿Qué historia? El mismo relata su origen:Mientras yo me adiestraba en el alzamiento de peonza hasta el cuenco de la mano o jugaba con los chicos del barrio al escondite, lo veía salir al atardecer acompañado de su hermoso perro en dirección opuesta a la nuestra, hacia el parque, y me preguntaba cómo podía soportar su soledad aquel chico esmirriado, el número uno de la clase, exento de gimnasia porque era asmático grave, aunque tenía novia desde crío, una chica bajita y saltarina con quien se disputaba todos los años el récord de Matrículas de Honor del colegio, pero un verano desapareció repentinamente y de entrada pensé que su familia se había cambiado de casa. Siempre quise contar esta historia”.

En el relato que da título al libro, ‘Entre la multitud y el agua’, una hippie desengañada se reintegra a la sociedad fabricando un perfil falso que oculta su vacío interior.  Pero, ¿cuál es su origen? “Como estaba tan enamorado de aquella chica, iba con frecuencia al cuarto de mi hermana para mirar la foto enmarcada de su grupo de amigas, donde destacaba ella, alta, perfecta, con su deslumbrante cabellera rubia rizada, vestida como las otras con un traje de vaquera en postura desafiante, y con el paso de los años a la menor oportunidad preguntaba qué era de su vida, por dónde andaba, porque lo había dejado todo y se había convertido en hippie, trotamundos, aventurera, así que cuando una década después mi hermana me dijo que ella había regresado, que parecía una vieja desilusionada, me  limité a cabecear igual que un perro bobo en la trasera de un coche. Siempre quise contar esta historia”.

En el tercero, Escaparate, una pareja es contratada por unos grandes almacenes para mostrar durante un año su intimidad a una clientela ordinaria. Pero, ¿cuál es su origen? “Regresaba con mi prima cogida de ganchete después de una boda familiar cuando al torcer hacia la Gran Vía vimos en el escaparate de unos grandes almacenes a una mujer dando los últimos retoques a un maniquí con vestido de novia, y comenté que sería interesante que te contrataran para casarte allí, con público en el exterior, y que después tuvieras que hacer tu vida diaria a la vista de todos durante digamos un año entero, pero mi prima dijo que no haría eso ni aunque le pagaran su peso en oro, a lo que yo repliqué que lo decía porque estaba delgada pero que se imaginara gorda, ¿cómo de gorda?, cien kilos, vaya, eso es mucho oro, primo, da que pensar, pero solo funcionaría en un relato de los tuyos, deberías escribirlo. Siempre quise contar esta historia”.

La cuarta historia, El Laboratorio, retrocede en el tiempo para encontrar el origen turbio de la demolición de un grupo de amigos. Pero, ¿cuál es su origen? “Cuando estaba a punto de cerrar el pub, llegaba aquel grupo de ejecutivos elegantes, con sus corbatas primorosas y sus zapatos italianos, preguntando con sorna si tenía Dom Pérignon o al menos Moët, chaval, que no tienes de nada, para a continuación pedir cinco whiskis del más caro, en vaso ancho, sin hielo, y mientras les servía comentaban las proezas sexuales de esa noche, eran puteros de lujo y presumían de tirarse a todo lo que se contoneaba a su alcance, pero una noche vinieron más cargados de la cuenta y cuando yo estaba en el almacén uno dijo algo de una chica y los demás le mandaron callar de inmediato, luego guardaron un silencio doloroso, dejaron la bebida a medias y sobre la barra el doble de la exorbitante propina acostumbrada. Siempre quise contar esta historia”.         

Por último, La casa sosegada presenta a un matrimonio de profesores acomodados que se embarca en un experimento arriesgado y extravagante para conservar su insatisfactorio estilo de vida. Pero, ¿cuál es su origen? ”Me gusta la poesía de mi amigo, es recia, profunda, elevada, merece los mejores calificativos, además él tiene un doctorado cum laude, unos conocimientos enciclopédicos, una cultura exquisita y ejerce como profesor de literatura española en la facultad de filología desde hace una década, de modo que a su mujer y al librero y a mí nos llamó la atención que solo nosotros cuatro estuviéramos en la presentación de su noveno libro, no acudieron ni sus alumnos, estaba consternado, así que nos fuimos a su casa y de puro rencor nos bebimos una botella grande de agua con gas, no le pusimos ni rodaja de limón, entonces él señaló con amargura a su jardín y dijo: Si mañana me encierro en una caseta de Leroy Merlin y escribo de nuevo el Cántico Espiritual, seguro que vendo cien mil ejemplares, y le dimos la razón, nos echamos a reír y descorchamos el champán. Siempre quise contar esta historia”.

Aquí tenemos cinco relatos y cinco orígenes, cinco visiones diferentes de un mismo problema, la hostilidad de un mundo en decadencia que arrastra hacia el abismo al individuo, indefenso y carente de voluntad. Es preciso resistirse, la soledad es una consecuencia, pero también un recurso para supervivientes. Y Francisco Taboada lo expresa con una versatilidad de estilos e historias: desde el lirismo del primer relato, hasta la brutalidad del cuarto, pasando por el surrealismo de ‘Escaparate’ y ‘La casa sosegada’, y el humor irónico de ‘Entre la multitud y el agua’. Los hay más dialogados y los hay más como torrenteras de palabras que anegan al lector, pero siempre, siempre, con una prosa efectiva, funcional, que va paso a paso, en una secuencia de lógica implacable, contando esa historia que siempre quiso contar y que ahora cuenta. Hay mucha vida, muchas experiencias, muchos libros y mucha buena escritura en esta selección de relatos.

El posible lector ha de decdir ahora si esto puede servirle de provecho o no.

Javier Fernández Rubio. Presentación de ‘Entre la multitud y el agua’.

‘En Venecia’, presentación en Santander

Un viajero de nombre desconocido emprende su enésima estancia en Venecia y encuentra en el palacete en que se aloja un viejo manuscrito con anotaciones de 10 lugares de singular interés de la ciudad. Son lugares que el viajero visita. Estando a la vista de todos, pertenecen a la misteriosa escritora y al viajero, que complementa, y apropia, las observaciones de aquella hechas un siglo antes. Todo ello lo relata la voz narradora de Rafael Manrique, psiquiatra y viajero impenitente.

Muchos son los que piensan que Venecia tal vez sea la más hermosa ciudad del mundo. Su belleza además de conmovernos puede transformarnos. Para eso hay que visitarla el tiempo suficiente o hacerlo varias veces. Recorrerla por los sitios conocidos y desconocidos. Con objetivo y deambulando. Hay, claro está, calles, plazas o edificios que se cuentan entre los más bellos que la humanidad ha podido crear pero cada uno de sus rincones, incluso esos un tanto abandonados y que necesitan con urgencia rehabilitación, son capaces de envolvernos en esa belleza inusual. Ecos de Bizancio y Samarcanda se intuyen en cada esquina.

En Venecia, guiados a través de un borrador de viaje escrito alrededor de los años 20 del siglo XX y encontrado al azar, se propone un recorrido estético, histórico, sensitivo y reflexivo por 10 lugares que no son los más conocidos ni extravagancias de diletantes. Apenas cabe posar la vista en lugar alguno que no esté saturado de arte, cultura, historia, anécdotas, diseño urbano, política, sexo, poder, intrigas o dinero. A través de ellos, de sus habitantes y visitantes de entonces y de ahora se introduce al lector en la Venecia más antigua y en la del siglo XXI.

Este es un libro que puede leerse antes de ir, durante la visita, usándolo como guía, o a la vuelta. Serán lecturas muy diferentes. También será necesario que se visite en pequeña compañía. Con aquella persona que sea, o pueda ser, el amor de su vida o, al menos, con alguien cercano y amable. Como máximo un grupo mínimo pero también en soledad, por unos días o por una tarde. Lo que sea suficiente para valorar cómo en un lugar casi imposible, una laguna pantanosa, se construyó una ciudad capaz, decía Joseph Brodsky, de embellecer el futuro de la humanidad. Así se observará cómo el tiempo, el espacio, las distancias, los objetos, pequeños como un pendiente o enormes -como los edificios de las Procuradorías-, o los inefables efectos de la luz en las esquinas o los puentes, tienen una lógica y una belleza diferente y transformadora.

Este libro es una descripción de un método estético de conocimiento, es una guía de viaje y es la confluencia de dos historias de amor, con Violetta y Ella, que no pudieron ser. Una dificultad correspondiente a la de hacerse cargo de las ambivalencias de la sabiduría, erotismo, misterio, vanidad, elegancia y poder que permean los lugares que este libro propone conocer: La biblioteca Marciana, la iglesia de San Zacarías, la escuela de los dálmatas, el Campo dei Mori, el puente Chiodo, o la corte seconda del Milion son, entre otros, las singularidades de la Venecia que este libro propone.

Rafael Manrique

Rafael Manrique Solana es psiquiatra y doctor por la Universidad de Cantabria. Trabaja en práctica privada en Santander. Sus áreas de trabajo son la psicoterapia y las relaciones amorosas, temas sobre los que ha publicado diversos libros. Las áreas de interés no profesionales son el cine y los viajes, sobre los que asimismo ha publicado varios trabajos. Publicó con esta editorial la novela ‘El Gran Vacío Amarillo’, junto a Silvia Andrés Serna y el ensayo ‘Subversivo’, junto a Begoña Cacho. También es autor de los ensayos ‘Cásate (o no)’ y ‘Del gen al género’.

Los Caprichos de Mannekind, en Santander

Presentación del libro ilustrado de J. Martimore (Juan M. Moro) en Casa del Libro en Santander (calle Burgos, 5), a partir de las seis de la tarde.

Acompañarán al autor los editores Jesús Ortiz Pérez del Molino y Javier Fernández Rubio.

Para asistir al acto es necesario inscribirse previamente enviando nombre y teléfono de contacto a esta dirección mail: santander@casadellibro.com

 

La guerra es una estafa

Después de retirarse del Cuerpo de Marines, en 1935, el general Smedley Butller, el militar más condecorado de la historia de Estados Unidos, escribió el discurso War is a racket (La guerra es una estafa) en el que denuncia el uso de las fuerzas armadas de los Estados Unidos para el beneficio de Wall Street. Este libro detalla como Estados Unidos intervino militarmente en Latinoamérica, Europa y China en beneficio de las grandes compañías estadounidenses, pasando el costo de la guerra finalmente a los ciudadanos.

Presentación de ‘Un rastro de sentido’ en La Vorágine, en Santander

Lamberto Ricci

Lamberto Ricci

No es nuestro pero como si lo fuese. #lambertoricci es un poemario que escribimos y diseñamos para otros. Quien esté interesado puede ponerse en contacto con nosotros aquí.

En ocasiones realizamos encargos externos y en ocasiones vamos más allá de ser meros contratistas, como fue en este caso en que se nos pidió también escribir. El resultado fue este libro.

‘Cosas que solo suceden cuando a ti te pasan’

Cosas que solo suceden cuando a ti te pasan

La escritura es un ejercicio de continuados movimientos tectónicos. Uno escribe y de pronto algo, bajo sus pies, se mueve. Y de ese movimiento, en ocasiones, brota el poema. Recordemos que un poeta como Wallace Stevens gustaba de decir que “no todos los días el mundo se ordena en un poema”. Es cierto, no siempre el poema, ese no-nato hecho de palabras, oculto, bajo tierra, se hace presente. Sin embargo, cuando lo hace, cuando las palabras al fin toman su apariencia de orden, el poema adquiere formas inesperadas, muta, se nos hace propio y ajeno al mismo tiempo. Si acudo a metáforas geológicas –no sé si es la expresión correcta- es porque en estos poemas de Javier Fernández Rubio el mundo, precisamente, se ordena a través de un movimiento físico, terráqueo, que enlaza con otro movimiento radicalmente físico: el amor. El amor entendido como esa piedra alada, de la que hablase el poeta José Watanabe. Naturaleza y cuerpo, piedra y carne se funden indisolublemente en este libro que el carne se funden indisolublemente en este libro que el carne se funden indisolublemente en este libro que elcarne se funden indisolublemente en este libro que el lector tiene entre sus manos. Ese “hipócrita lector” que somos todos y que Baudelaire definió astutamente. Un Baudelaire que, necesariamente, estará presente desde el inicio del libro. ¿Quién sino en la historia de la literatura moderna ha sabido compaginar mejor que el poeta francés la pasión amorosa y la carnalidad más cruda?

Del Prólogo. Alberto Santamaría

desvelo_es «sobre los escombros de mi amor/ edificaré mi casa/ mi casa que/envejecerá conmigo/pero vivirá más que yo/otros moradores/insuflarán nueva savia/a estos escombros/y sobre ellos eternamente/latirá mi amor/
se levantará mi casa». 

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‘Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro’, la fotografía hiératica y mística de Rax Rinnekangas

Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro.

”Nosotros venimos de la oscuridad y vamos a la oscuridad. Entre esos dos puntos definitivos pasa la vida de la luz, el único arquitecto de cada vida humana. En mi infancia en el norte de mi país, el cielo formaba el 80% del paisaje; yo pensaba: el cielo es la palabra del Dios. O mejor dicho: ese espacio del cielo con nubes forma frases. Pensé también que los días de lluvia tienen sol si vemos más allá de las nubes…. La luz tiene alma, ojos, carácter en esta realidad.

Rax Rinnekangas

Como fotógrafo, no he necesitado lámparas: he trabajado en diálogo con la luz del Dios. La luz ha formado las composiciones de mis fotos donde mi papel es solo amoldar las composiciones mortales a la pintura clásica. Giorgio Morandi, Edward Hopper… ésos son mis padres. En el libro ‘Fabricando ladrillos de luz para la casa de Ícaro’, cada imagen  tiene dialogo directo con la Luz. Las fotos hablan con la luz en los campos de  concentración, en la otra Rusia, en un pueblo que se llama Europa, en mis prados y bosques del Norte. Son fotos silentes; no tienen ruidos de hoy, no tienen violencia ni pornografía; no intentan bailar con los titulares de los medios de comunicación: hablan de la melancolía, la soledad, la memoria, pero en todo positivo. Las técnica no vale nada para mí; he trabajado con el mismo cuerpo de la cámara de sencillo formato durante 30 años. Es mi amante y mi madre.

La luz está muy triste en estos tiempos. Está llorando porque el mundo humano no respeta su silencio, sino que quiere llenarlo de ruidos. No veo mucha audiencia para mi estilo, pero sí para aquellos que están en contacto con la luz de su alma, su corazón, sus pensamientos y en su camino entre dos oscuridades.”

La cubierta del libro es obra Carmen Quijano sobre una fotografía de Rax.

Taller de Comunicación en Unate/Cantabria

papeles-y-una-libreta-en-blanco_1232-1030Unate, la Universidad Permanente para personas mayores en Cantabria, ha tenido a bien invitarme a dar un taller sobre comunicación, el cual se impartirá en cuanto el cupo de 12 alumnos se complete.
Se impartirá en Santander, en la sede de Unate en la calle Perines, los lunes de cinco a siete de la tarde, y en él intentaré trasladar a los alumnos cuáles son las claves comunicativas en las que vivimos según los escenarios y los soportes.
Daré el taller de una manera muy práctica y amena, procurando que sean los alumnos quienes encuentren las claves de esta habilidad que, tarde o temprano, termina por dar con nosotros o que necesitamos sin pretenderlo, dado que la vida nos lleva más por el camino de lo público querámoslo o no.
Quien quiera apuntarse puede hacerlo ya. Hay que acudir presencialmente a hacerlo en la sede de la calle Perines, nº32, en Santander, aunque uno puede informarse previamente en el teléfono 942 37 69 92 o escribiendo al mail unatetres@unate.org.
El taller tiene un coste de 4,2 euros la hora. De tal modo que apuntarse cuesta 79,50 euros para los que ya son socios de Unate y 84,50 euros para los que quieran acudir sin ser socios. Serán 20 horas, repartidas los lunes de dos meses, aproximadamente.
Y recordad que Unate da servicio a personas mayores de 50 años. Aquí, a diferencia de otras situaciones, lo que no vale es quitarse años.
El centro dispone de recursos informáticos, pero se puede acudir con el propio portátil y otros recursos. Se facilitará material escrito y digital y el taller se apoyará en presentaciones multimedia y la participación activa de los alumnos con debates, ejercicios y dinámicas de todo tipo.
Yo soy Javier Fernández Rubio y para el que no me conozca diré que me crié y me hice mayor trabajando en periódicos y que ahora hago libros, doy charlas y colaboro en medios de comunicación. Es decir, soy periodista y editor, con una certificación en docencia que me permite enseñar a otros.
Hablaré en el taller de estas cosas:

.Comunicación escrita
-El alfabeto, estructuras gramaticales y la ortografía.
-La composición escrita: presentación según el destinatario y el soporte.
-La precisión en el lenguaje y el vocabulario.
-Comprensión lectora y lectura crítica.

.Comunicación oral
-La oratoria y el control de la ansiedad.

.Comunicación no verbal

.Comunicación audiovisual
-El material multimedia y la presentación

.Comunicarse en público
-La carta y el escrito en general.
-Los medios de comunicación y de difusión. Géneros y estilos.
-Página Web y blog
-Comunicación 2.0: Redes Sociales
-El aprendizaje comunicativo con las TIC.

Espero que os animéis y que pasemos un rato juntos lo más entretenido y provechoso posible.

Resumen:
Taller de habilidades comunicativas en Unate.
Imparte: Javier Fernández Rubio.
Mayores de 50 años (no necesariamente socios)
Lunes de 17.00 a 19.00 h. (20 horas en total).
Sede Unate calle Perines, 32 (Santander).
Información: 942 37 69 92 / unatetres@unate.org.
Matrícula presencial en sede Unate.
Precio: 79,50/84,50 euros.

(imagen: Jannoon028).

 

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