Etiqueta: La vida me sienta mal

‘La vida me sienta mal’, presentación en La Vorágine

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foto: Jesús Ortiz
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foto: Jesús Ortiz
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De ‘B’ a ‘La vida me sienta mal’, primero y último

Hace casi seis años, comenzamos nuestra pequeña aventura publicando B, de Alberto Santamaría. Todo lo espartana que era su cubierta (incluido título tan lacónico) era barroco su interior, una desopilante narración, tan cautivadora como intensa, una de las mejores narraciones que hemos publicado. Casi seis años y 38 libros después volvemos a publicar a Alberto, uno de nuestros autores más reincidentes, a la par que amigo. Con La vida me sienta mal, un ensayo cuya publicación se dilató con el tiempo (es lo que pasa cuando hay confianza), y en donde ahondamos en otra de las muchas facetas de Santamaría, la ensayística. En esta malavida se revela como el pensador original, apasionado y erudito que es (cosa que ya sospechábamos), una de las principales voces intelectuales de este país y si no, al tiempo… Por nuestra parte, esperamos que la tercera entrega no se demore tanto.

Portada
B
La vida me sienta mal7
La vida me sienta mal

‘La vida me sienta mal’, en El Diario Montañés

La vida me sienta mal_El Diario Montañés

‘El descubrimiento del señor Jourdain’, extracto de ‘La vida me sienta mal’

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Alberto Santamaría

“En El burgués gentilhombre Molière nos sitúa frontalmente ante uno de esos personajes desde cuyo ser-delirante es posible leer las acciones de una época: el señor Jourdain. El señor Jourdain es un simple y clásico hombre de la burguesía francesa del momento; buena persona, cándido y algo ingenuo, es cierto, pero con pretensiones de introducirse con buen pie en el peculiar mundo de la nobleza y de la aristocracia de la época. Posee una gran suma de dinero, dado que su padre se enriqueció con el oficio de trapero; oficio que él tratará de ocultar por todos los medios1. En cualquier caso, su objetivo principal en la vida será impresionar a las que denomina les gens de qualité, frente a las cuales trata de hacer ver su cultura como medio de aceptación. Sabe, o más bien ha oído, que para lograr su aristocrático objetivo el mejor camino es el de desarrollar una cultura propia o, dicho de otro modo, cultivarse para así lucirse y conquistar a ese notable público. Para ello no escatima en esfuerzos ni en dinero, y contrata tanto a un profesor de música como a un profesor de baile. Ambos tratan de reconducir al burgués gentilhombre, ambos buscan estrategias para educar, pero también para contener, al señor Jourdain. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de sus maestros, éste no sólo carece de dotes para tales artes sino que además carece de gusto y estilo, según narran, lo que provocará situaciones densamente tragicómicas.

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Moliere

Al inicio de la obra, Molière, en un perfecto modo de condensar temporalmente la acción, sitúa a ambos profesores esperando la llegada del señor Jourdain. La teatralización de los gestos delata, a su vez, una teatralización de las conciencias. Mientras eso sucede, el profesor de música y el de baile, divagan libremente en torno a su trabajo y, sobre todo, acerca de su relación comercial con el burgués gentilhombre. «Los dos hemos encontrado un hombre tal que nos conviene. Rica renta es la que nos proporciona el señor Jourdain —dice el profesor de música— con sus quimeras de galantería y nobleza». Y más adelante describe con una sutil superficialidad la propia superficialidad del señor Jourdain: «Verdaderamente nuestro alumno es persona de pocas luces, que habla de todo a derechas y torcidas, y que nunca aplaude sino a deshora; pero su mucho dinero corrige su poco ingenio. Tiene su juicio en su bolsa, sus loores son en moneda contante, y ya veis que este ignorante burgués nos es más útil que el culto gran señor que a él nos ha presentado». De pronto un personaje aparece en escena. Es el propio señor Jourdain que llega con un ligero retraso. Este retraso se debe, y así lo hace notar, al hecho de haberse mandado hacer una «bata rameada» ya que su sastre le ha dicho «que las personas de calidad visten así por la mañana». Tras este breve diálogo, en el que Molière nos ha situado hábilmente frente al buen burgués, se dispone éste a cantar con la intención de no perder más el tiempo. Tanto un profesor como el otro se miran horrorizados tras comenzar el canto, sin embargo se apresuran a contener el gesto de desprecio, con la finalidad de no molestar a su notable alumno. Después de rechazar por lúgubre una canción ofrecida por el músico, canta él una horrible canción de cosecha propia, que cínicamente ambos profesores tildan de lindísima. El profesor de música insiste al instante en que debería aprender música más en profundidad y dedicar a ello más horas de estudio, a lo que el señor Jourdain responde: «¿Acaso la gente de calidad aprende música también?». Como era de prever, en ese mismo momento, el músico, de inmediato, responde afirmativamente. Es ahí cuando el señor Jourdain anuncia que debería entonces hacer un hueco en su apretada agenda escolar porque además de tener un profesor de esgrima, ha contratado recientemente, y por una necesidad urgente, a un «profesor de filosofía, que comenzará esta misma mañana». Los profesores allí presentes se muestran visiblemente nerviosos, el temor parece afectar su tranquila posición de antaño. Asustados por la competencia, tanto el profesor de música como el de baile, defienden con vehemencia sus territorios. «Algo vale la filosofía —dice el músico—, pero la música, señor, ¡la música…!». Por su parte el profesor de baile va más lejos: «Todas las desgracias humanas, todos los funestos reveses que llenan las historias, todos los errores de los políticos y las torpezas de los grandes capitanes dimanan de no saber bailar». Es en ese preciso instante cuando aparece en escena, como salido de la nada, el profesor de esgrima quien hace su aparición violentamente, como azotado por alguna urgencia. Éste, asombrado ante sus oponentes territoriales, defiende la legitimidad, necesidad y la elegancia de su arte. Poco dura su encomio de la esgrima, dado que a su espalda asoma otro personaje fantasmal: el filósofo, que en ese momento salta a escena, provocando una disputa violenta entre los asistentes al sostener la superioridad de la filosofía sobre «el oficio de espadachín, de tocador y de bailarín». Tras una tensa y no menos cómica disputa, el filósofo, que ha prometido «componer contra ellos una sátira al estilo de Juvenal, que los dejará destruidos», logra quedarse a solas con su particular alumno. Comienzan entonces a hablar. El filósofo, tras calibrar en apenas una frase la ignorancia del señor Jourdain, quien trata de ocultarla sin éxito, decide que si no es posible enseñarle lógica —«Esta lógica no me aviene»—, ni física —«mucho embrollo y barullo hay en eso»—, ni moral —«Soy bilioso como un diablo, no me atengo a ninguna moral y quiero montar en cólera a mi satisfacción siempre que tenga deseos de ello»—, debe replantearse el trabajo. «¿Pues qué queréis que os enseñe?». A lo que responde el señor Jourdain: «enseñadme ortografía». Y más adelante, tras narrar alguna aventura de corte amoroso, descubrimos el porqué: «Estoy enamorado de una persona de alta condición y os agradecería que me ayudaseis a escribir algunas cosillas en una notita que quiero dejar caer a sus pies». A esto el filósofo responde: «¿Qué queréis escribirle? ¿Versos?». «Versos, no», responde con desdén. «¿Os contentáis con prosa?». Y aquí el ignorante señor Jourdain abre una interesante vía que, sacada de contexto, supone un verdadero descubrimiento intuitivo para el futuro, algo que los románticos mucho tiempo después describirán con superior acierto. «No quiero ni prosa ni verso». «Ha de ser una de las dos cosas», responde sorprendido el profesor de filosofía quien no puede entender tanta ignorancia, «por la razón, señor, de que para expresarse no hay más que prosa y verso». A lo que atónito responde el señor Jourdain: «¿Nada más?»La pregunta del ingenuo burgués gentilhombre podía entonces llegar a sacar los colores a cualquiera. ¿Es posible que no hubiese «nada más» para expresarse? Acto seguido, con su habitual candor, vuelve a insistir el señor Jourdain: «Y cuando se habla, ¿cómo se habla?». «En prosa», responde el profesor. «Entonces, cuando digo: Nicole, tráeme las zapatillas y el gorro de dormir, ¿hablo en prosa?». Hasta este callejón divagatorio, en una especie de desquiciante diálogo contra-socrático, ha llegado el burgués de la mano del filósofo. El descubrimiento paródico de la realidad y de la prosa. Y de alguna forma, desde la modernidad, la escritura ha sido en sí misma un proceso de descubrimiento de la prosa, de ese asombro ignorante, similar al del señor Jourdain, quien concluye asombrado: «Pues a fe mía que hace más de cuarenta años que me expreso en prosa sin saberlo, y os estoy agradecidísimo por habérmelo enseñado». Puede que Jourdain nos valga como modelo.”

Un paseo por los orígenes del movimiento romántico

La vida me sienta mal_El Mundo

‘La vida me sienta mal’, presentación en La Vorágine

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Librerías que venden ‘La vida me sienta mal’, de Alberto Santamaría

La vida me sienta mal7No son todas en las que está (nos faltan datos de Galicia, Castilla y León y Canarias) pero sí que el libro está en todas estas…

‘La vida me sienta mal’, de Alberto Santamaría. Colocación

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FNAC

AMAZON

TROA

ELKAR

LA CENTRAL

LAIE

LLIBRERIA 22 (GIRONA)

ALIBRI (BARCELONA)

BIBLIOTECA DE BABEL (PALMA DE MALLORCA)

BUBLIOTECA DE BABEL CAIXAFORUM (PALMA DE MALLORCA)

LLIBRERIA EFORA (CERDANYOLA, BARCELONA)

LA LLAR DEL LLIBRE (SABADELL, BARCELONA)

SANTOS OCHOA (BARCELONA)

ANTÍGONA (ZATAGOZA)

LIBRERÍA CENTRAL (ZARAGOZA)

LEO (VALENCIA)

LIBRERIA NOVIEMBRE L’AMBIT (BENICASSIM, CASTELLÓN)

LIBRERÍA 80 MUNDOS (ALICANTE)

ALI I TRUC (ELCHE, ALICANTE)

ANTONIO MACHADO BELLAS ARTES (MADRID)

ANTONIO MACHADO FERNANDO VI (MADRID)

CERVANTES Y COMPAÑÍA (MADRID)

VISOR LIBROS (MADRID)

CASTROVIEJO LIBREROS (LOGROÑO, LA RIOJA)

LIBRERÍA CEREZO (LOGROÑO)

CERVANTES (OVIEDO)

LIBRERíA LICEO (TORRELAVEGA, CANTABRIA)

LIBRERIA MARIBEL (OVIEDO)

LIBRERÍAS OJANGUREN (OVIEDO)

SANTOS OCHOA CORDONERA (LOGROÑO)

AGAPEA FACTORY, SA (MALAGA)

ALSUR SL (GRANADA)

LIBRERIA BABEL, GRAN CAPITAN (GRANADA)

LIBRERIA BETA, EDUARDO DATO (SEVILLA)

LIBRERÍA CÉFIRO (SEVILLA)

LIBRERÍA LUCES (MÁLAGA)

LIBRERÍA LUQUE (CÓRDOBA)

LIBRERÍA PICASSO (MALAGA)

PROMETEO Y PROTEO (MÁLAGA)

LIBRERíA BIBARUK ALMERIA)

REPÚBLICA DE LAS LETRAS (CÓRDOBA)

‘La vida me sienta mal’, a la venta el día 22

20150610_113605Ya tenemos en nuestro poder (sí, somos fetichistas), ‘La vida me sienta mal’, el ensayo de Alberto Santamaría que pondremos a la venta el próximo día 22 en toda España. La próxima semana estará a disposición de los libreros en UDL Libros y luego en manos de aquellos que quieran poseerlo (sin necesariamente ser fetichistas), leerle y comprobar cómo Santamaría es una de las cabezas mejor amuebladas del panorama literario español. El libro establece cómo el romanticismo se instituyó como género pero también como sensibilidad que va más allá de etiquetas y períodos académicos. Es un libro escrito con pasión, bastante ameno y con una galería de personas fascinante.

Presentación de ‘La vida me sienta mal’, de Alberto Santamaría

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El próximo 22 de junio tendremos a la venta en toda España nuestro último libro, La vida me sienta mal, de Alberto Santamaría. La obra, un ensayo, se encuadra dentro de la colección Altoparlante y ha sido ilustrada con un grabado que sintoniza perfectamente con el espíritu de este libro y que es obra de William Humphrey.

La vida me sienta mal es un espléndido ensayo en el que el profesor, filósofo y poeta establece los pilares del sentimiento romántico que, más allá de etiquetas y períodos, es inabarcable por definición y se extiende hasta la actualidad. Pero es mejor que el propio autor os explique qué ha escrito…

La vida me sienta mal

Argumentos a favor del arte romántico previos  a su triunfo

Alberto Santamaría

La pregunta por el sentido de lo romántico es una cuestión recurrente a lo largo del último siglo. Sin embargo, en muchas ocasiones, la expresión romanticismo sólo es útil para cerrar en falso su verdadero sentido radical, es decir: las nuevas políticas sensibles que en el transito del siglo XVIII al siglo XIX introduce. De este modo, en ocasiones, la palabra romanticismo sirve únicamente como etiqueta dormitiva, como tranquilizante académico, cuya finalidad es amansar superficialmente un espacio de por si conflictivo. Pero ¿estamos diciendo algo cerrado, definitivo, cuando decimos romanticismo? Si el romanticismo se nos muestra, a día de hoy, como un espacio inagotable no es simplemente porque los propios románticos dejaran sin definir este lugar, sino que ese carácter inagotable es parte esencial de lo romántico. El romántico se desidentifica, precisamente, de todo aquello que lo pueda reducir a una identidad simple y concreta. He ahí su política sensible. He ahí su economía narrativa. De esta forma, este libro, a lo largo de sus fragmentos, pretende acercarse a lo romántico, desde su contexto previo, detectando aquellos nombres, aquellos textos, aquellos problemas que la política sensible del romanticismo abre y que hoy en día nos queda por pensar. La prosa como problema, el humor nihilista, el viaje contra-ilustrado, la imaginación… son algunos de los temas, y Laurence Sterne, Xavier de Maistre, Friedrich Schlegel, Jean Paul o Leandro Fernández de Moratín, son algunos (sólo algunos) de sus nombres. Por supuesto, este libro no agota ninguno de esos temas, sino que su simple y humilde objetivo es detectar y repensar algunas -y sólo algunas- de las líneas de fuerza del arte romántico previas a su triunfo.

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