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A Lydie Salvayre no le gustan los museos (pero escribió un libro sobre uno de ellos)

No, le dije no gracias, no me gustan los museos, demasiada belleza concentrada en el mismo lugar, demasiado genio, demasiada elegancia, demasiada inteligencia, demasiado esplendor, demasiadas riquezas, demasiadas carnes expuestas, demasiados pechos, demasiados culos, demasiadas cosas admirables. Resultado: las obras amontonadas se aplastan las unas a las otras como los animales comprimidos de un rebaño y la singularidad propia de cada una queda inmediatamente apagada. Luego añadí, mira, lo malo de los museos es que la transición hacia el exterior se produce siempre de una manera demasiado brutal, quiero decir sin la más mínima preparación. Habría que acondicionar pasillos, algo así como cámaras de descompresión, rellanos de readaptación a lo mediocre, para volver a acostumbrarse progresivamente a la fealdad, de modo que al salir de esa sobredosis de arte que de tan sublime provoca náuseas, al pisar de nuevo la calle, la vuelta a la vida diaria tan imperfecta, tan gris, tan chunga a veces, se lleve a cabo más tranquilamente, ¿comprendes?

Caminar hasta el anochecer, Lydie Salvayre
Lydie Salvayre
Lydie Salvayre

‘Elogio del fracaso’: La crítica francesa ante ‘Caminar hasta el anochecer’

Caminar hasta el anochecer, de Lydie Salvayre, es un texto extraordinario, difícil de clasificar, entre el ensayo y la autobiografía parcial a partir de la experiencia de una noche encerrada en el museo Picasso de París con ocasión de una exposición de Giacometti. Una obra esencial en la bibliografía de Lydie Salvayre.

Con un lenguaje corrosivo e irónico, Lydie Salvayre utiliza el pretexto de esa noche pasada en el museo Picasso para cuestionar el ambiente artístico y sus instituciones y tratar de explicar su propia relación con la cultura a partir de su infancia en un barrio de emigrantes y con un padre maltratador. De Giacometti elogia su radicalidad, sus fracasos reivindicados y su infinita modestia.

El libro tuvo una excelente crítica tanto en Le Monde como en Le Nouveau Magazine Littéraire, L’Humanité, Le Matin y otras publicaciones culturales.

Puntos de venta físicos y online de ‘Caminar hasta el anochecer’, de Lydie Salvayre

Caminar hasta el anochecer, de Lydie Salvayre.

El Corte Inglés, FNAC, Casa del Libro, Amazon, Troa, Elkar, San Pablo, La Central, Laie, Santos Ochoa, Antígona (Zaragoza), Museo Thyssen Málaga, Agapea Factory (Palma de Mallorca, Málaga, Santa Cruz de Tenerife), Biblioteca de babel (Palma de Mallorca), Caselles (Lérida), Finestres (Barcelona), Jaimes (Barcelona), La Llar del Llibre Centre (Sabadell), Rals (Sant Antoni de Calonge, Girona), Berbiriana (La Coruña), Eixo (Orense), Follas Novas (Santiago de Compostela), Santos Ochoa (La Coruña), Ambra (Gandía), Noviembre (Benicassim), Fan Ser (Valencia), París Valencia (Valencia), Tirant Lo Blanch (Valencia), Ali i Truc (Elche), Herso (Albacete), Popular Libros (Albacete), Antonio Machado (Salesas y BBAA, Madrid), La Buena Vida (Madrid), Cervantes y Compañía (Madrid), El Aleph (Madrid), Grant (Madrid), Tipos Infames (Madrid), Anti Liburudenda (Vizcaya), Binario (Bilbao), Cervantes (Oviedo), Babel (Granada), Lual Picasso (Almería), Luces (Málaga), Picasso (Granada), Canaima (Las Palmas de Gran Canaria), Dlibros (Torrelavega), El Paso (La Laguna), Inusual (Granada), La Librería Ambulante (Sevilla), Libelista Sa Pubilla (Calonge, Girona), Primicia (Maspalomas), Vorágine (Santander), Galatea (León), Letras Corsarias (Salamanca), Cervantes (Miranda de Ebro), Margen (Valladolid).

‘Caminar hasta el anochecer’, un extracto

Sin duda, el arte no valía nada. El arte era incapaz de cambiar el mundo y el mundo en nosotros. El arte era incapaz de detener su camino hacia un desastre que nos negábamos a ver. El arte era incapaz de volver buenos a los malos. El arte era incapaz de contraponerse a los poderes asesinos, de derribar un orden en el que las finanzas decidían ferozmente el valor de todo, y de levantar a los pueblos sometidos a las más infames tiranías. El arte se revelaba impotente para conjurar el odio, la venganza, el resentimiento y todas las pasiones tristes que prosperaban en nuestra época y que lentamente pervertían nuestras mentes. El arte no conseguía defendernos de esa fealdad que nos rodeaba y nos penetraba, ni a apartarnos de las diversiones mediocres que envilecían nuestros corazones. El arte no podía nada contra el hecho de que vivir dolía.

Había, sin embargo, algo seguro: a veces el arte añadía a nuestras alegrías y nuestro deseo de vivir, a veces desafiaba soberanamente a la muerte o implacablemente nos la recordaba, a veces aguzaba nuestro rechazo de un mundo que formateaba tanto nuestros cuerpos como nuestras almas, a veces exaltaba nuestro gusto de lo imposible cuando nos intimaban a no esperarlo y reanimaba nuestro gusto de lo inútil cuando por todas partes prevalecía el espíritu de lo útil, a veces hacía aflorar nuestro deseo inquebrantable de soñar y de ser libres sin el cual no podíamos vivir, y nos devolvía el gusto olvidado de los colores tan amados en la infancia, el rojo sobre todo, el gusto de las figuras y los objetos, de su materia y su luz, de la belleza de las cosas regaladas y simples que estaban en este mundo y que no sabíamos ver.

Sin duda, el arte no vale nada, pero nada es tan valioso como el arte. 

Traducción: Marta Cerezales Laforet

‘Caminar hasta el anochecer’, una noche en el museo de la que se vendieron 300.000 ejemplares

En Le Matin Dimanche.

Lydie Salvayre vendió 300.000 copias de su libro ‘Caminar hasta el anochecer’, que cuenta, con humor y mucho temperamento, la tormenta de ideas y recuerdos que le vinieron a la cabeza cuando pasó una noche sola en el Museo Picasso de París, enfrentada a la estatua de Giacometti ‘El hombre que camina’.

La idea, y por lo tanto el libro, surgió de la editorial francesa Stock, que llevaba a cabo una colección sobre la base de una serie de escritores que pasaban una noche en un museo. Ese era el nombre de la colección: Una noche en el museo.

En el caso de Salvayre, el museo elegido fue el Picasso de París y la obra de referencia, tal vez una de las esculturas más bellas y misteriosas que hayan salido de las manos de un artista: ‘El hombre que camina”, de Giacometti. Al tiempo que Salvayre cuenta como humor y sinceridad cómo le surgió el encargo y cómo detesta el mundo artificial del arte institucional, el diálogo con la escultura le lleva a reflexionar sobre la muerte, propia y ajena, ese ‘anochecer’ hacia el que caminamos todos; el sentido de la obra que Giacometti trató plasmar y la relación tempestuosa con su padre.

Salvayre, hija de republicanos españoles exiliados -su primer apellido es Arjona-, guarda un sentimiento ambivalente hacia el ‘frañol’ hablado con desparpajo por su madre y la violencia y el compromiso político del padre, del que habla sin ambages.

De Salvayre, que ganó el premio Goncourt en 2014, publicamos hace escasos años ‘Siete mujeres’, un ensayo biográfico de siete grandes mujeres de la literatura. Tanto uno como otro fueron traducidos por Marta Cerezales Laforet.

Revista de Prensa: ‘Caminar hasta el anochecer’

El particular diálogo entre arte y muerte de ‘Caminar hasta el anochecer’, de Lydie Salvayre, un éxito de crítica en Francia

La publicación por ediciones Stock de la obra de Lydie Salvayre ‘Caminar hasta el anochecer’, ese diálogo fresco y sorprendente entre el arte y la muerte, tuvo una gran acogida en la prensa francesa. medios como Liberation o Le Soir dieron amplio eco de la aparición del libro, de su contenido y de su autora, que concedió numerosas entrevistas. La crítica fue unánimemente elogiosa con esta entrega de la colección ‘Una noche en los museos’, en la que Salvayre pasó una noche en el Museo Picasso de París junto a la escultura de Giacometti ‘El hombre que camina’.

  • “Un texto de una fuerza y ​​honestidad intelectual poco comunes.» JDD
  • “Una lectura inusual, vivificante y sin complejos.» El JDD
  • “Una lección estética, cultural y social dada con generosidad exaltada». Le Soir
  • “Una historia genial.» Le Soir
  • “Un libro de una rara potencia.» La Grande Librairie
  • “Amamos cuando se inflama, cuando se rebela, cuando se aventura en sus propios atrincheramientos.» Livre
Caminar hasta el anochecer, de Lydie Salvayre

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