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La historia de Ramón Sotil en el avispero vasco durante la II Guerra Mundial

Muerte en el Adur

El hallazgo del cuerpo de un joven marino vasco en los muelles del Adur, en plena II Guerra Mundial, llevará a su hermana, quince años después, a indagar las causas de su muerte. Bilbao, Donostia y Bayona serán escenarios de su búsqueda, por los que se cruzan viejos republicanos, soldados nazis, judíos y fugitivos de uno y otro lado de los Bajos Pirineos. Ramón Sotil, un joven estudiante, entusiasta y confiado, amado por Odile Garat, miembro de la Resistencia. Remiso a toda lucha que no sea por los suyos, y al amparo de una falsa neutralidad, embarca como marmitón en un pequeño mercante que hace la ruta del mineral para los alemanes desde Bilbao hasta el Muro Atlántico y conocerá a bordo a seres igual de sorprendentes. #muerteeneladur #sevecalleja #novel #novela #books #libros #escritor #casadellibro #elcorteingles #fnac #eldesvelo #publisher #instagood #words #quotes #bookstagram #top_bookstagram #bookworm #reading #libreria #bookstore #follow #like

De ‘inválidos’ a ‘superválidos’: el camino de la superación a través de una tecnología de doble filo

Disjecta membra

Revisión irónica del mundo de los superhéroes, ‘Disjecta membra’, ‘Miembros dispersos’ es un retrato de superación con un reverso tenebroso. Imprevisible. A Amelia Gallagher le mutilan las piernas tras sufrir un accidente de tráfico. Seth Randolph nació con una amputación congénita del brazo izquierdo. Jack Endore se queda ciego a causa de la progresiva degeneración de sus retinas. A ojos de la sociedad son discapacitados, seres humanos inservibles. Pero en sus vidas se cruza el multimillonario Russell Cotard. Y Cotard tiene un plan. Juntos fundarán un grupo de héroes imprevistos que acabarán convirtiéndose en auténticos ídolos de masas: héroes sin capa ni mallas, justicieros que han padecido en sus carnes la injusticia, más que válidos… superválidos. #disjectamembra #albertohontoriamacein

Licenciado en psicología, Hontoria Maceín es un joven autor de ficción científica que publicó su primera novela con El Desvelo Ediciones: ‘Disjecta membra’. Después le seguirían ‘Euforia colectiva’ y ‘Juntos suspensivos’.

Alberto Hontoria
Alberto Hontoria

Microbios, tecnología y una pesadilla en toda regla: ‘Euforia colectiva’

Euforia colectiva

Ahora que las pandemias ocupan el centro de nuestras vidas, no está de más traer a colación la literatura de ficción científica que siempre han tenido una fijación distópica por la mala convivencia entre microorganismos y humanos. Hace años publicamos ‘Euforia colectiva’, de Alberto Hontoria Maceín, una novela en que la intriga acerca de los efectos de un descubrimiento de la microbiología se suma los del uso de la tecnología. Una doble distopía por el precio de una.

Durante un análisis de rutina en el laboratorio, la microbióloga Charlotte Cornell descubre un microorganismo que transforma las hortalizas de un modo extraordinario. Los vegetales serán examinados en un invernadero para sondear sus renovadas propiedades y acabarán siendo utilizados en una granja como alimento experimental de ganado vacuno. La cadena de propagación del microbio no se detendrá ahí: un grupo de autoridades barajará la posibilidad de destinar a consumo humano la carne de las vacas. Los resultados del hallazgo podrían cambiar el mundo. Sin embargo, el ingeniero informático australiano Kane Sonnen diseñará una aplicación para dispositivos móviles que podría alterar para siempre el curso de la humanidad en un sentido aterradoramente distinto. #euforiacolectiva #albertohontoriamacein

Un Nilo de Palabras: ‘Hijas de Agar’

Hijas de Agar

#hijasdeagar es la historia de cuatro mujeres de la misma familia. La historia de una venganza. Una historia que empieza en Egipto durante los años de la construcción del Canal de Suez y que acaba en Cairo, después del triunfo de la revolución de los Coroneles, con la nacionalización del Canal. Un monólogo transcrito sin comas ni puntos precedido de un juicio (real) y clausurado por una condena (también real). Una pesadilla. Un Nilo de palabras. #hijasdeagar #novela #ellegadodelbarón

La cubierta de esta novela de Pilar Salamanca fue realizada por Javier Jubera, quien también diseñó la de ‘Olivier o el secreto’. Para ‘Hijas de Agar’ Javier utilizó el simbólico recurso de un ave. El resultado fue muy bello.

Todo el que desea es un devorador íntimo

El devorador íntimo

Gaby Delsart, un artista de performance, crea «realidades a partir de verdades falsas”. Gaby sabe que lo excepcional está en los extremos y quien va en su busca siempre acaba solo. Al llevar, en esa búsqueda, sus experimentos al límite pretende alterar e incluso manejar el destino. Entonces bien se podría decir que “El devorador íntimo” es una obra acerca del destino. Pero la historia es una constante pregunta sobre los límites del amor y los misterios de la seducción y el rechazo. ¿Estaría de acuerdo Jorge, el tercero de los amigos, con esas opiniones? Un descreído como él se reiría de cualquier explicación trascendente de esta historia, orgulloso de su opinión, hablaría de su paso por ella, sencillamente como una oportunidad para saldar cuentas pendientes. Raquel, al aparecer en sus vidas, nos podría, sin ella saberlo, iluminar la respuesta al vivir la historia a través de la amistad, el amor o el deseo. “El devorador íntimo” es, en gran medida y desde su mismo título, una reflexión acerca de los deseos de toda clase, de lo sencillo que es tenerlos y lo difícil de satisfacer que resultan.

Eduardo Gruber

Eduardo Gruber es uno de los artistas plásticos más importantes de España. Nace en Santander el 6 de abril de 1949. Su novela ‘El devorador íntimo’ es su primera incursión en el campo narrativo, una faceta desconocida por el gran público y en especial por los seguidores de su obra.

Toda novela es un salto al vacío y esta lo es mucho más: ‘No soy el primero ni el último que salta desde un séptimo piso’

No soy el primero ni el último que salta desde un séptimo piso

Este es un libro desopilante, tan maravillosamente excesivo como largo es su título, un ejercicio en el que el autor no tiene contemplaciones consigo mismo ni complacencias. 

#nosoyoelprimeronielultimoquesaltadesdeunseptimopiso, de #manueldelbarriodonaire fue todo un descubrimiento. Manuel teme a la muerte, pero a la vida también. Obsesivo, hipocondríaco y con tendencia a la depresión, escribe todos sus recuerdos por recomendación de su psiquiatra. Habla de sus padres, de sus novias, de sus dermatitis, de aquellos puntitos rojos que le salieron en el surco balanoprepucial. Si quiere recuperar la cordura y no acabar tirándose al vacío, deberá adentrarse en su mente para sanarla.

Manuel del Barrio Donaire

Manuel del Barrio Donaire (Úbeda, 1977) es alto, moreno, lee libros de autoayuda y va al psiquiatra. Le gusta escribir y dibujar. Como escritor ha publicado los poemarios Autopoético, Alguien que sea yo, Un ojo izquierdo llamado Danilo T. Brown, Cirugía para quiste del epidídimo y ¿Por qué hay un plato que gira dentro del microondas? Como dibujante ha ilustrado el libro de poemas Ko’ox Tuluum. Puedes verle y leerle en su cuenta de Instagram @manuel_del_barrio.

De la ‘Consolatio’ de Séneca a la ‘Consolación a Paulino’

Consolación a Paulino

La consolación fue un popular género en el pasado en el que el autor intentaba confortar a su destinatario a través de una breve reflexión. Séneca fue uno de sus maestros y tomando este referente el escritor santanderino Pablo Díez hizo su propia ‘De Consolatio’. Paulino, un vástago de una próspera familia dedicada a la cantería que se somete a los designios de los triunfadores de la Guerra Civil. ‘Consolación a Paulino’ es una honda reflexión sobre el odio que anida en muchos corazones al tiempo que es una sátira despiadada del franquismo.

El primogénito de una estirpe de empresarios de la piedra, llamado a heredar los mandos de la compañía y a vivir de acuerdo con los principios reaccionarios de su entorno, ve ese destino truncado a raíz de su amistad con el vástago de una familia refinada y cosmopolita. Tras exiliarse de España por denigrar los valores patrióticos, relata su propia caída en desgracia con las autoridades y sondea con desolación y sarcasmo el abismo moral, el odio, la violencia y las injusticias de un país roto y sin posibilidad de redención.

«Las brasas se atizaban con los restos de burguesa pornografía del Decamerón, con la vileza licenciosa de los moros en Las mil y una noches. ¡Más! Ardieron también la basura judía de Kafka y los cantos de La Ilíada. De ahora en adelante no habría otra gesta que la de los héroes alzados.» 

Pablo Díez.

Pablo Díez (Santander, 1980) es un escritor distinguido en 2007 con el XI Premio Arte Joven de la Comunidad de Madrid por su novela “Comet”. En 2014 publicó su segundo trabajo, “El Imperio de la gravedad”. Posteriormente, en 2015, publicó en El Desvelo ‘Los benditos’. Ha vivido en diversos países y actualmente reside en Madrid.

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Del cruce de la cultura cañí española y la cultura popular japonesa surgen monstruos como Gorzila

Las increíbles aventuras de Gorzila en España.

Del cruce entre la cultura popular japonesa y la cultura popular más española y cañí surge este Gorzila, cuyo periplo quijotesco por España es todo un rosario de anécdotas divertidas y pensamientos reflexivos de corte social. Antonio Orihuela, conocido por su labor poética y crítica, se revela como un narrador consumado con este híbrido del sol naciente en las tierras españolas.

Gorzila llega para enfrentarse a algunos de los fantasmas más monstruosos de nuestra época. Recorre España viviendo las más variopintas peripecias. Con la admiración y la incomprensión mutua que españoles y japoneses se han profesado como telón de fondo, se despliega esta historia que ensalza los valores de la amistad, la libertad y el apoyo mutuo a la vez que resalta la necesidad de luchar contra los miedos sociales que hoy nos atenazan: racismo, xenofobia y falta de empatía con el diferente.

La ilustración de cubierta es de Aria Ocón Ortigosa y las ilustraciones del interior de Luna Xian Rodríguez.

Antonio Orihuela.

Antonio Orihuela (Moguer, Huelva, 1965) es poeta, ensayista y articulista. Su obra literaria e intelectual, de marcado carácter libertario, participa del movimiento colectivo de la poesía de la conciencia desde su emergencia al principio de la década de los noventa.

‘La carretera de la costa’: Confesiones de una hija

La génesis de #lacarreteradelacosta llevó a descartar unos fragmentos finales de la obra de #kepamurua, que ahora recogemos en nuestro blog por su especial interés. En el que lleva por epígrafe ‘Confesiones de una hija’ se lee el testimonio dramatizado por el autor de la hija de Ceferino Peña, aquel a que ETA mató ‘por error’ y que es el protagonista elidido de la obra, junto con la propia violencia de los Años de Plomo y una carretera entre Zarauz y Guetaria que contiene tanta belleza como tragedia.

«Mi padre trabajaba la familia y cuando lo mataron quedamos solas mi madre y yo; yo, con muy pocos años. La ama me contó que durante un tiempo me quedé callada. Nunca he querido hablar de ello, pero tampoco he querido perder la alegría ni dejar que la rabia nos comiera por dentro. Mi padre nos enseñó que las personas deben prescindir del odio para superar cualquier dolor en la vida y ser felices algún día. Al principio, con toda la pena del mundo encima, no quisimos movernos de Arrona, de la parte de abajo, en la que él estaba presente. Unos años más tarde nos mudamos a Zarautz, donde hacemos una vida normal y la gente no sabe nada de lo que vivimos en el pasado. Pero desde que hace un año el pueblo de Arrona saldó la deuda que tenía con el aita estamos más tranquilas. Después de treinta y seis años, hoy es el día que junto a su amigo Joxe Mari Korta –son las casualidades que se dan con los nombres de este pueblo–, que fue asesinado con una bomba que le explotó al otro lado de la ría, por Bedua, se le recuerda con un monolito en el Rincón de la Memoria. Vivíamos en un pueblo donde nos conocíamos todos, pero que también tiene su historia. En ese rincón, un jardín con flores que cobija un árbol grande, se recuerda a los presos republicanos que tras la Guerra Civil estuvieron en un batallón de trabajadores que se ubicó en una casa cercana. Arrona, aunque es un barrio de Zestoa, tiene vida propia. Y eso era lo que mi padre tenía, mucha vida, hasta que murió con cuarenta años, muy joven; yo misma cumplí ya esos años. De niña no entendía lo que nos había pasado. Cuando fui haciéndome mayor, con cada asesinato que escuchaba en la televisión u oíamos en la radio, volvían las pesadillas. Cosas así no debían de ocurrirle a nadie. Nos tocó a nosotras: si me voy para atrás en el tiempo, puedo recordar el ruido, como si fueran unos petardos, una ráfaga de aire con un extraño olor que entró de golpe en la carrocería, y un hombre, que me pareció muy alto, que no dejaba de mirarme y que intentaba guardar una pistola bajo el brazo. Creo que no sentí miedo, lo que sentí fue algo inexplicable, una pena inmensa que no sabría cómo. Sé que podría mirar a otro lado, alguna vez he pensado que lo hice; y también he llegado a dudar de si nuestra conducta fue la apropiada. Pero si no viviera en el presente y no mirara para adelante, sé también que lo estaríamos traicionando. Quedarme en el odio no es lo que me hubiera enseñado mi padre: nunca lo hice, ni siquiera cuando volvía a Arrona y pasaba por la carrocería en la que trabajaba. En cuanto a la historia que nos ha tocado, pienso que la paz es un bien sagrado que pertenece a todos. Es lo que les digo a mis alumnos cuando doy clase; ellos no saben quién fue mi padre, pero me gustaría que vivieran sin resentimientos. Es una lección que me costó aprender: todos los días se ha de vivir sin odio. Superar la rabia nos permitió olvidarnos de la tristeza de una madre y de una hija que saben, aunque no lo puedan creer del todo, especialmente los primeros días, que el hombre de la casa, el marido, el padre, no volverá a tocar el timbre ni abrir la puerta con su llave. Para que no vuelva a ocurrir, todos debemos seguir por un camino parecido. Solo que cada dieciséis de mayo su recuerdo vuelve con la misma intensidad que al principio; antes celebrábamos los actos en familia, en la intimidad, pero hoy es el día en que estamos satisfechas de que su historia sea conocida por los vecinos. Arrona es un pueblo tranquilo, no tiene la playa de Zarautz, pero el verde del monte se mete en las calles, toca las casas, y la gente se conoce desde hace mucho tiempo. Al principio mi madre pensó que irnos era traicionar su memoria y volver a matarlo de otra forma, pero pasado un tiempo, cuando ella se sintió sola y sin fuerzas para pasear por los lugares donde había sido feliz con su marido, decidió que lo mejor era que nos fuéramos a otro lugar, donde no nos conociera nadie, para que yo pudiera empezar de cero. Mi madre dice que solo tenía ojos para mí y que era un buen hombre, cariñoso, muy trabajador, sano, honesto, amigo de sus amigos, amante de la montaña. Le gustaba recoger setas, tomarse un vino con alguno de sus vecinos, bailar con ella en las fiestas, y si no estaba silbando, ella me decía que podías oírle cantar a menudo. Para cada cliente que cruzaba la puerta del taller tenía una sonrisa y una palabra de ánimo en sus labios para aquel que lo necesitara. Con cada fotografía suya que me mostraba, cuando las lágrimas no le saltaban por la cara, salían los recuerdos más hermosos. Mi madre insiste que no hay una en la que se le vea enfadado. Me gusta su nombre, para nosotros es parte de la familia, Ceferino. Fue mi padre quien eligió el mío. Por si no lo dije, me llamo Kristina, Kristina Peña, y estoy orgullosa de ser su hija. Me quiso por encima de todo y aunque ha pasado tiempo desde que se nos fue, para mí fue y sigue siendo mi padre. El dolor sentido nos volvió tristes, pero también nos hizo fuertes. Durante años estuvimos calladas, hablábamos solo entre nosotras, y a menudo, durante mucho tiempo, ni siquiera eso. Hoy lo hacemos con más libertad. Como a él, me gusta la música, y cuando canto soy feliz porque siento que no lo olvido. No le pude conocer como me hubiera gustado; esa podría ser una de las razones que me han llevado a negarme a hablar de lo sucedido. Solo tenía tres años cuando me fijé en los ojos de aquel hombre que lo mató. Dijeron que fue un error, pero nunca he querido saber lo que pensaba su asesino. Lo que sí me pregunto es si él me oye cuando toco la trikitixa1 por ejemplo. O si su muerte, como la de tantos otros, tiene una razón invisible en esta historia que es nuestra vida tantas veces en silencio. Cuando el recuerdo se hace intenso, vuelvo a Arrona, y me pierdo por algún lugar que sé que le gustaba especialmente. Lo hago andando, despacio, sin prisa. En coche, por la carretera de la costa, se tarda una media hora en llegar hasta allí. El regreso suelo hacerlo por el mismo camino. Evito pasar por Meagas, nunca voy más allá de Zumaya, nunca hasta Deba, no sé por qué, pero ese trayecto me da un poco de miedo. A él le gustaba conducir, probaba la puesta a punto de los coches que debía entregar a sus clientes por esa carretera. Decía que, con el mar a su lado, era la más bonita del mundo.«

‘Rojo perla’, de Jesús Pardo, o las tribulaciones de Alberto Mediavilla Quincoces

Rojo perla

Alberto Mediavilla Quincoces es el atribulado protagonista de ‘Rojo perla’, la novela que Jesús Pardo publicó con nosotros en 2014 y en la que recrea con su afilada observación y su sarcasmo la sociedad santanderina y madrileña de posguerra. Periodista como su autor, Alberto Mediavilla abandona el maternal refugio santanderino de su juventud para adentrarse en el mundo de la gran ciudad, bien Madrid, bien Ginebra, en donde ejerce como corresponsal de una agencia española de información. El protagonista va abriéndose camino, así pues, en un mundo tóxico y despiadado que recorre Mediavilla de la mano de las mujeres con quienes entabla relaciones de amor y odio. Caído en desgracia y devuelto a las miserias del país de origen, Mediavilla obtiene, merced a un inesperado golpe de la fortuna, la oportunidad que deseaba para dejar claras unas cuantas cosas antes de alcanzar un memorable final acorde con su desmedida existencia.

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