Etiqueta: Patricia Rodríguez

Libación de una herida: un fragmento de ‘Pinar, piscina, plenilunio’, de Patricia Rodríguez

En la cocina, encuentro al hombre que sostenía el vaso de güisqui con gesto demostrativo. Está haciendo algo en el fregadero. En una mano sostiene un cuchillo pero no veo qué es lo sostiene con la otra. Con la cabeza baja, concentra toda su atención en lo que está manipulando. Pero no me fijo en lo que es porque veo, sobre todo, su pelo negro rizado y un poco largo. Es una especie de mancha vacía o una interferencia, como si estuviera hecho de un material que absorbe demasiada luz. 

Esta anomalía óptica interrumpe la continuidad de todas las cosas con las que limita en el plano visual. Es una incisión en la consistencia que suele tener la realidad. No hay nada así de negro en nuestra naturaleza más inmediata, los bosques que nos rodean tiene otra densidad, el cielo nocturno está lleno de perforaciones diminutas que le dan una textura gaseosa, quizás se parezca a la brea.

Está pelando uno de los limones que hay al lado de la bolsa de hielo de la gasolinera. Sus manos se elevan sobre el fregadero a medida que la espiral de la cáscara se hace más larga. Está intentando sacarla entera, sin romperla. 

Parece a punto de lograrlo pero algo interrumpe su concentración, o la mano se le resbala sobre el limón mojado porque lo suelta y el ruido metálico del cuchillo estalla contra el fregadero de acero inoxidable. Se ha cortado. Una hebra de sangre aparece en el dedo índice de su mano izquierda. Me acerco para examinar la herida y le sujeto la mano por la muñeca. Él sigue sin cambiar su gesto de dolor pequeño con un poco de vergüenza contraída. Hago lo mismo que haría si fuera un niño quien se hubiera cortado. Le limpio la sangre chupándole el dedo. 

Está un poco borracho y tarda en darse cuenta de que estoy libando su herida. Retira la mano y me mira como si estuviera loca, luego entiende que es otra cosa. Me toca la cara. Una mano a cada lado de la mandíbula. Aprieta mis mejillas con la fuerza suficiente para hacer que se me despeguen los labios. Si su dedo sigue sangrando va a mancharme la cara. Cierra su boca contra la mía y acepta el mensaje. En eso consiste, ha sabido interpretarlo. 

«¿Por qué estabas pelando un limón?»

«No quería la fruta, quería su cáscara».

Pinar, piscina, plenilunio. Patricia Rodríguez

 

Revista de prensa: Juan Moro y Patricia Rodríguez

Dos de nuestros autores acaban de tener eco en los medios de comunicación. El artista y ensayista Juan Moro, autor de ‘Los Caprichos de Mannekind’, acaba de ser entrevistado en elDiario.es Cantabria; mientras que Laura Negro, en El Norte de Castilla, ha publicado una reseña de ‘Pinar, piscina, plenilunio’, de Patricia Rodr´íguez.

https://www.eldiario.es/cantabria/obligado-navegar-contracorriente-flujos-ideologicos-moda_128_8430916.html

https://www.elnortedecastilla.es/culturas/libros/patricia-rodriguez-retrata-20211102073350-nt.html

Pinar, piscina, plenilunio

‘Pinar, piscina, plenilunio’, un extracto

Pinar, piscina, plenilunio
Pinar, piscina, plenilunio.

En la urbanización, el verano suponía encomendarse a todo lo que existía en la naturaleza, a todo lo que procedía directamente de ella y a cosas que habían derivado de su bondad por vías más tortuosas. 

Al verlos alejándose, mezclados con otros niños, a medida que aumentaban su distancia, me costaba comprender cómo mis hijos podían parecerme tan impropios. La imagen rara de unos niños pequeños dejando un hogar cómodo y seguro, diluyéndose en la compañía de sus amigos. Mi extrañeza al comprobar que ya eran otras personas, individuos ajenos en los que bullía la vida sin que yo tuviera que alentarla, con una capacidad clara para la escisión. 

Los rosales que había imaginado bordeando el césped no han crecido demasiado. La sequedad del clima consiente pocas especies de plantas y el césped se agosta en cuanto no se riega un par de días. Mis hijos son seres humanos diferenciados y yo tengo que hacer un esfuerzo más grande del que había previsto para sostener el verdor debido en torno al chalet. 

Después de entregarles a su grupo de amigos, vuelvo a sentir los espejos de la casa. ¿En qué momento del día se riegan los rosales? Vuelvo a mirarme en ellos con atención. Dedicando a mi reflejo un tiempo que normalmente ocupan otras personas. 

Hay horas en las que apenas se oye nada afuera y empiezo a derivar placer de exactitudes absurdas. Mido con la vista una de las columnas de la valla de los vecinos, un poco más baja que las demás. Desde la ventana de la cocina, mi punto de observación, dibujo la trayectoria que seguirán las madreselvas que han empezado a extender sus tentáculos sobre la valla, son algo más benévolas que las arizónicas de la parcela contigua. Sus ramas aguzadas crecerán de modo incontrolado y quienes las han plantado lo lamentarán. Nada de lo que es nuevo me resulta apacible todavía. 

Debo recordar que el mal casi nunca proviene de donde se espera. El mal siempre es otra cosa y la naturaleza tiene sus propios mecanismos, una inercia natural hacia la vida que imanta todo lo viviente con lo viviente, que atrae su propia continuidad. Lo vivo tiende a perdurar de forma inconsciente y automática.

Junio ya ha solidificado el color del cielo. Los coches pasan a poca velocidad pero sigo sin distinguir quiénes viajan dentro. Me gustaría conocer a esas personas. Pasan el verano a poca distancia de aquí, han construido casas que son similares entre ellas pero también diferentes, casas edificadas cerca de mi casa, en un radio que puede recorrerse a pie en menos de una hora. 

Patricia Rodríguez. Pinar, piscina, plenilunio

Sentirse vivo huyendo

La huida inversa

Todo lo que me resulta conocido transcurre sin que apenas pueda sentirlo, por un cauce viscoso que enlaza momentos indiferentes. Una corriente lenta y uniforme que no parece conducir a nada. Ahora que todo es nuevo, que todo lo que veo me resulta ajeno, acabo de recuperar la sensación de que el tiempo transcurre de verdad, de que avanza con un movimiento tangible y con una intensidad que me recuerda que la vida es una acción.

Patricia Rodríguez, ‘La huida inversa’

Patricia Rodríguez es la autora de ‘La huida inversa’, y próximamente tendremos un nuevo libro de ella.

La obra es aborda un conjunto de relatos. La oscuridad seductora de California y la supersticiosa ciudad de Los Ángeles. La obsesión británica con su glorioso pasado imperial. Los ecos de la Segunda Guerra Mundial. El triunfo de una sociedad pragmática que ha desterrado tanto lo legendario como lo espiritual. Nuestros torpes intentos de reconciliarnos con la naturaleza. Son algunos de los temas presentes en este libro. En paralelo a la línea de acción central, narrada en primera persona y en tiempo presente, el recorrido por las diferentes geografías del viaje (la costa oeste de EEUU, el sur de Inglaterra y el norte de España) alumbra tres cuentos intercalados con la historia central como pequeñas incisiones o postales literarias.

Patricia Rodríguez

(Valladolid 1975) Patricia Rodríguez es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Middlesex. Durante los últimos años ha colaborado con medios como Babelia, El País de las Tentaciones o la revista Vanity Fair entre otros. En 2002 fundó la revista de arte y literatura Kilimajaro y entre sus trabajos publicados figura una serie de microficciones sobre la exposición The Power of Making del Victoria & Albert Museum. Su primera novela,19 Pulgadas, publicada en 2008, tuvo una gran acogida por parte de la crítica.

La cubierta del libro está ilustrada por el fotógrafo y videoartista James Frost. ‘Coming into Los Angeles’, se titula.

‘La huida inversa’, en la revista de la Universidad de Goldsmiths (Londres)

La Universidad de Goldsmiths, en Londres, ha publicado un fragmento traducido de la novela de Patricia Rodríguez ‘La huida inversa’. Lo ha hecho en un ‘journal’ de periodicidad anual que tiene por nombre Multiplexer. Estamos muy contentos porque esta obra se merece esto y mucho más. Felicidades, Patricia.

‘La huida inversa’ y ‘Los benditos’, en El Norte de Castilla y El Diario Montañés

La huida Norte Castilla0001 2

‘La huida inversa’, en Cervantes y Compañía

20151015_201416

20151015_20215620151015_200120P107031120151015_201559

‘La huida inversa’, en Casa del Libro, de Valladolid

P1070345

P1070344P1070342P1070323P107034620151016_193313

Actividades en octubre

Este mes de octubre tendremos que ponernos las pilas para presentar nuestros últimos libros en Bilbao, Madrid y Valladolid. Comenzaremos el próximo viernes en la Librería Cámara, de Bilbao, a donde iremos con ‘La vida me sienta mal’, de Alberto Santamaría, en un acto en el que nos acompañará el escritor Ibon Zubiela. Unos días después, el 15 de octubre, estaremos en la librería Cervantes y Compañía, de Madrid, en donde presentaremos ‘La huida inversa’, de Patricia Rodríguez. La autora se desplazará un día después a Valladolid para presentar sus relatos en Casa del Libro. El mes lo concluiremos el 21 de octubre volviendo a Madrid y volviendo a Cervantes y Compañía, en donde presentaremos ‘Los benditos’, de Pablo Díez. En la presentación nos acompañará el escritor Juan Gómez Bárcena.

Lahuidainversa_3dLos benditos_3d

flyer_La vida me sienta mal_Librería Cámaraflyer_La huida inversa_Librería Cervantesflyer_La huida inversa_Casa del Libro Valladolidflyer_Los benditos_Librería Cervantes

‘La huida inversa’ en Boomeran(g) y Nex Valladolid

nex_PatriciaLa huida inversa, en boomeran(g)

A %d blogueros les gusta esto: