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Colaborador de Graves, preceptor del hijo, crítico feroz y poeta fagocitado

Martin Seymour-Smith
William y Robert Graves, Martin y Janet, en Mallorca.

Martin Seymour-Smith, de quien acabamos de publicar su poesía escogida fue un brillante estudiante que dedicó sus primeros años a la enseñanza. Dio clases de matemáticas a Stephen Hawking y fue preceptor del hijo de Roberto Graves, William, fraguando junto a su esposa Janet, una amistad con el padre durante su estancia en Mallorca, la isla.

La isla se convierte en el paisaje del poema si no en el sujeto poemático. Varias son las páginas, poemas como «Los hombres de la isla», donde la isla de Mallorca desempeña el lugar mítico, a veces peligroso, o «Viaje a la isla», poema donde el poeta profetiza su muerte en brazos de Janet, y la de esta última en brazos de su hija Charlotte, o un mundo repleto de imágenes idílicas y recuerdos, como en el «Invierno para William» poema en el que William es el hijo mayor de Robert Graves, a quien Seymour-Smith instruyó durante dos años. Cabe decir que William Graves no sabía que era él a quien iba dedicado el poema hasta que se lo consultó y lo vio traducido para la realización de este libro. Para entender la visión que William Graves recuerda de Martin Seymour-Smith es interesante leer el libro del propio W. Graves Wild Olives (Pimlico, 2001), en cuyo capítulo V aparece la figura del poeta ampliamente desarrollada desde los ojos del niño William. 

Imanol Gómez Martín, del prólogo de Un rastro de sentido.

Seymour-Smith (Londres, 1928-1998) fue un lector voraz, biógrafo de Robert Graves, con quien colaboró en algunas de sus obras, Rudyard Kipling y Thomas Hardy y crítico feroz de la literatura de su tiempo. Ello ocultó su propia faceta como poeta que se prolongó en cierta oscuridad desde 1943 y 1993, que es el período que recoge ‘Un rastro de sentido’, antología prologada y traducida por Imanol Gómez Martín.

Políglota y autor de diversos libros, se hizo famoso por Los cien libros que más influenciaron la Humanidad, lanzado en 1998. Mundialmente, Seymour-Smith fue tal vez más conocido por su Guide to Modern World Literature, que fue publicado en 1973 y revisado, expandiéndose en 1986 como The Macmillan Guide to Modern World Literature. El libro fue un estudio tan profundizado de la poesía del siglo 20, que algunos críticos dudaron que fuera el trabajo de una persona.

«Para algunos de sus amigos y entusiastas seguidores, la faceta de crítico había fagocitado al Martin poeta (cuestionó a Eliot por su frialdad, a Williams como poeta menor y a Olson como vacío. Sin embargo elevó a Laura Riding diciendo de ella que era la poetisa más importante de la historia), alejado siempre de los ámbitos literarios, y, sin embargo, alabado por Philip Larkin, quien incluyó un poema de Martin en su libro Oxford Book of Twentieth-Century English Verse». 

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‘Un rastro de sentido’ que conduce a la mejor poesía inglesa del siglo XX

Un rastro de sentido, de Martin Seymour-Smith

#unrastrodesentido ya está en preventa. Inédito en español, esta selección de la #poesia de #martinseymoursmith abarca su obra entre 1943 y 1993. La edición es bilingüe español-inglés y viene precedida por un amplio estudio introductorio a cargo de #imanolgomezmartin, quien se ha ocupado de la traducción. Imanol ya hizo este mismo trabajo para El Desvelo Ediciones con la obra poética de #robertnye. Son esta vez 400 páginas de poemas de un autor brillante y enigmático, cuya poesía es todo un descubrimiento. Queremos dar las gracias aquí a la editorial Greenwich Exchange y a su editor James Hodgson, así como a Sean Haldean y David Cameron y la propia familia de Seymour-Smith por la colaboración prestada. #bookstagram #books #novedad #novedadesliterarias #poesiabritanica #ultimathule #englishpoetry

Para el público en general, Martin Seymour-Smith (1928-1998) es conocido como biógrafo literario de Robert Graves, Rudyard Kipling y Thomas Hardy. Para figuras como John Dover Wilson, William Empson, Stephen Spender y Anthony Burgess fue considerado como uno de los eruditos más independientes de su generación, a través de su pionera edición crítica de los Sonetos de Shakespeare y su magistral Guía de la literatura mundial moderna. Para sus compañeros poetas, Graves, James Reeves, CH Sisson y Robert Nye, era, ante todo, un poeta.

Un poema de la edición de la obra de Roland Leighton en ‘Un llanto sobre el mar’

Un llanto sobre el mar

Vale 

Adiós, entonces. Ya cantamos nuestras dulces canciones; 
marchitas están nuestras guirnaldas de rosas rojas.
El día luminoso 
–plata y azul y oro– 
se apaga, en busca del sueño

La tarde resplandece, 
atravesada por la sangre del ocaso, 
como un pájaro suave y gris que vuela 
para descansar bajo las alas perfumadas 
de la noche oscura y azul. 

Traducción Paula Campos Fernández

Roland Aubrey Leighton nació en Londres el 27 de marzo de 1895 y ha pasado a la historia de la literatura inglesa como uno de los ‘war poet’, uno de aquellos jóvenes idealistas que se desengañaron en las trincheras de la I Guerra Mundial e imprimieron un giro crítico y pacifista a la poesía de su tiempo. Hijo mayor de Robert Leighton, autor de libros de aventuras para jóvenes, y de Marie Connor Leighton, una conocida escritora de novelas románticas, Roland estudió entre 1909 y 1914 en el internado de Uppingham, en Rutland, donde fue un alumno ejemplar. Allí conoció a Edward Brittain y a Victor Richardson, sus amigos más cercanos. En abril de 1914, Edward le invitó a pasar las vacaciones de Semana Santa en su casa de Buxton (Derbyshire) y allí conoció a Vera Brittain, con quien establecería una relación. El 28 de julio de 1914, tan sólo semanas después de que Leighton terminara el instituto, se declaró la Primera Guerra Mundial. Al igual que muchos jóvenes de su generación, se alistó en el ejército tan pronto como pudo. En marzo de 1915, fue destinado a Francia con el Regimiento de Worcestershire. La noche del 22 de diciembre de 1915, Leighton recibió un disparo cuando estaba de descubierta cerca de la tierra de nadie. Murió al día siguiente en Louvencourt. Tenía 20 años. #unllantosobreelmar #rolandleighton #paulacamposfernandez #warpoet #primeraguerramundial #poesia #bilingue

El libro ha sido traducido, anotado y seleccionado por Paula Campos Fernández. Incluye un prólogo a cargo del poeta Ben Clark y una introducción de David Leighton. El estudio introductorio ha corrido a cargo de la propia editora literaria, quien realizó su tesis doctoral sobre el desaparecido poeta británico. La obra, en edición bilingüe español-inglés, incluye, por último, un anexo fotográfico con fotos de la vida de Roland Leighton y de sus manuscritos.

El libro saldrá oficialmente a la venta el 13 de julio.

‘Ópalo´, poema de Robert Nye, leído por el traductor y prologuista de su obra

‘Casi un danzante’, un poema de Robert Nye

Robert Nye, Poesía Esencial

«No era como William Cowper, el delicado poeta inglés que escribía versos a instancia de sus admiradores. Robert, como también Robert Graves, Norman Cameron, James Reeves y Martin, escribía un poema si éste necesitaba ser escrito. En otras palabras, se da una pulsión que ha sido realmente reconocida a lo largo del tiempo. Curiosamente, como en Alexander Pope, esto no significaba que un poema fuese creado sin esmero una vez empezado, puesto que el poema era susceptible de ser revisado hasta dar con los matices adecuados. Robert era un artesano.»

Imanol Gómez, traductor de Robert Nye

Casi un danzante

Una vez, en una colina en Gales, un día de verano

Casi dancé al creer descubrir la alegría.

Más de una hora pasé tumbado

Contemplando las nubes, soñando.

Mientras allí yacía escuché el canto de una alondra.

Era una canción tan dulce que tocaba el filo del dolor.

Soñé que mi pelo era uno con las hojas

Y que mis piernas se enraizaban en la tierra.

Riendo despierto, allí tumbado al sol

Supe que no había más que saber.

No es de extrañar que al incorporarme

Me apeteciera danzar. Casi dancé,

Casi dancé de alegría, casi lo hice.

Pero algunos no danzan, y ya está.

Una noche sin duda yaceré para siempre

Y cuando lo haga quizá finalmente dance.

Mientras tanto guardo el recuerdo de aquel día

En el que casi dancé, una vez, en Gales. 

An almost dancer

Once, on a hill in Wales, one summer’s day

I almost danced for what I thought was joy.

An hour or more I’d lain there on my back

Watching the clouds as I gazed dreaming up.

As I lay there I heard a skylark sing

A song so sweet it touched the edge of pain.

I dreamt my hair was one with all the leaves

And that my legs sent shoots into the earth.

Laughing awake, I lay there in the sun

And knew that there was nothing to be known.

Small wonder then that when I stood upright

I felt like dancing. Oh, I almost danced,

I almost danced for joy, I almost did.

But some do not, and there’s an end of it.

One night no doubt I shall lie down for good

And when I do perhaps I’ll dance at last.

Meanwhile I keep this memory of that day

I was an almost dancer, once, in Wales. 

Recital-Presentación de ‘Seis Poetas Inglesas de la I Guerra Mundial’ en Madrid

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