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Estampas de mujer

Estampas de mujer

«En Francia,  el siglo XIX fue un periodo de grandes turbulencias y de inestabilidad política. En 1799 el golpe de estado del 18 Brumario por parte de Napoleón Bonaparte acaba con la revolución de 1789 y a lo largo del siglo se producen profundos cambios con un fondo de crisis y rupturas que originan cada vez nuevos regímenes políticos: dos imperios (1803-1814 ; 1852-1870), tres monarquías (1815-1824; 1825-1830; 1830-1848) dos repúblicas (1848-1852, 1870) y tres revoluciones (1830, 1848, 1871). Simultáneamente los descubrimientos científicos y técnicos transforman también  la sociedad francesa. Al debilitarse la influencia de la nobleza y el clero, la burguesía liberal y reformadora se afirma como la clase social dominante, estimulando el auge industrial y asociando el poder al dinero. Surge una nueva clase, la del proletariado, menos conservadora que la de los campesinos. La condición femenina sin embargo, sufre un retroceso en relación con el siglo anterior. A pesar de que muchas mujeres participaron en la revolución de 1789, en la de 1848 y luego en la defensa de París y en la Comuna en 1870-71, su lucha no les reportó grandes beneficios. Los hombres que detentaron el poder a lo largo del siglo, ya fueran revolucionarios o conservadores, estaban de acuerdo en un punto: el lugar de la mujer es la casa, no la ciudad y aún menos la tribuna de una asamblea; y, si al final del siglo, las mujeres obtienen finalmente algunas victorias (acceso a la enseñanza secundaria y la universidad, divorcio, posibilidad de nuevas profesiones) tendrán sin embargo que esperar hasta 1944 para iniciar con el sufragio universal el duro camino hacia la igualdad.

Todos estos cambios políticos y sociales se acompañan de una efervescencia de ideas y de movimientos literarios (novela, poesía) y artísticos (pintura, escultura, música) que evolucionan íntimamente asociados.

En 1830 Victor Hugo presenta su obra de teatro Hernani que representa el espíritu del romanticismo, movimiento tanto artístico como político que define a la mayoría de las obras  y los autores de la época, tales como Balzac, Stendhal, Hugo o Lamartine en literatura, Derlacroix y Géricault en pintura, Berlioz en música. El romanticismo rompe con las formas rígidas del clasicismo, da rienda suelta a la expresión individual y a los sentimientos, y quiere dar voz al pueblo que hasta entonces había carecido de ella. Posteriormente, la generosidad y el ideal dan paso a un cierto realismo en el estilo y los asuntos tratados. El realismo, que tiene su origen en la pintura, especialmente en Courbet, desea en literatura describir la realidad sin idealizarla, lo que comporta la adquisición de nuevos temas que ponen de manifiesto los cambios que se han producido en la sociedad, tales como el ascenso y la caída social (Stendhal en El rojo y el negro) o el  poder del dinero (Balzac, El padre Goriot) . La descripción detallada, tanto en los retratos de los personajes como en la descripción de los lugares y los interiores procura  un efecto de veracidad. Balzac, que en 1845 decidió reunir toda su obra (noventa y un volúmenes entre novelas y cuentos) bajo el título de La comedia humana , que él mismo define como “la pintura de toda la sociedad”, es considerado el precursor de este movimiento y Flaubert el principal representante, aunque él rechazaba cualquier clasificación, con la publicación de Madame Bovary y La educación sentimental. Este realismo se afirma aún mas en los escritos de Maupassant, de los hermanos Goncourt y más tarde de Emile Zola, jefe de fila del naturalismo, visión literaria que  quiere representar la realidad partiendo de la observación y de la investigación científica. Zola, inspirándose en La comedia humana, reúne veinte de sus novelas bajo el título de Los Rougeons Macquart, Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio  y pretende también describir la transformación de la sociedad de manera exhaustiva, sin olvidar ninguno de los adelantos de la época: urbanismo parisino, grandes almacenes, desarrollo del ferrocarril, aparición del sindicalismo moderno etc.

Tanto  en el realismo como en el naturalismo, los temas y los problemas son inseparables de la sociedad  que los produce y que en principio debería estar preparada para recibirlos. Sin embargo eso no se lleva a cabo sin fricción. El artista realista, que describe sin concesión la vida moderna, ofende a parte de esa sociedad y la estética realista es objeto de polémica a lo largo del siglo. La publicación de Madame Bovary en 1856 escandalizó a la burguesía francesa, pero el proceso judicial al que fue sometido el libro, contribuyó a su éxito. Hoy Madame Bovary es considerada la primera novela moderna.  

Al mismo tiempo prolifera la novela corta y el cuento, de los que Guy de Maupassant es el mayor exponente y que en mayor o menor medida también han frecuentado los demás escritores. Los cuentos tratan los mismos temas y utilizan las formas de escritura  de la novela, suelen publicarse primero en revistas o periódicos donde también se imprimen por entregas la mayoría de las novelas. Entre los distintos asuntos, hay que destacar, tanto en las novelas como en los cuentos del siglo XIX, el vivo  interés por la mujer y por sus circunstancias. 

Escritores como Stendhal, Balzac, Zola, Flaubert, Hugo, Maupassant  Barbey d’Aurevilly, Théophile Gautier, Lamartine, Mérimée, Musset, Vigny, Villiers de l’Isle-Adam, o Baudelaire,  nos transmiten una imagen de la mujer a través de personajes procedentes de todas las clases sociales, espejos de una sociedad en plena mutación que reflejan el lugar y el papel que representaban en ella las mujeres. 

En esta pequeña selección de relatos vemos desfilar algunos  de los tipos o estereotipos conocidos: burguesas, grandes damas, mujeres virtuosas pero también mujeres adúlteras, campesinas,  obreras, mujeres artistas, cortesanas, prostitutas. En todos los casos son estampas de mujer vistas por hombres pero hombres que son al mismo tiempo grandes escritores de la literatura francesa: Honoré de Balzac (1799-1850), Auguste Villiers de l’Isle-Adam (1838-1889), Guy de Maupassant (1850- 1903), Théophile Gautier (1811-1872) y Émile Zola (1840-1902), lo que convierte  los estereotipos en personajes femeninos diversos y singulares. A través de estos relatos, que en si mismos tienen un incuestionable valor literario, podemos vislumbrar un tema vasto y complejo como es el de la situación de la mujer y de las diversas formas que adopta en el pensamiento y la cultura francesa del siglo XIX.»

Del prólogo de Marta Cerezales Laforet,
encargada de la selección y traducción

1.- LA SEÑORA:
Honoré de BALZAC: Estudio de mujer.
Honoré de BALZAC: El mensaje.
Guy de MAUPASSANT: El bigote.
2.- LA CAMPESINA:
Guy de MAUPASSANT: Historia de una criada de granja.
3.- LA OBRERA:
Émile ZOLA: El amor en la buhardilla.
Émile ZOLA: Con qué sueñan las pobres chicas.
4.- LA MANCILLADA:
Guy de MAUPASSANT: Señora Bautista.
5.- LA PROSTITUTA:
Auguste VILLIERS DE L’ISLE-ADAM : Flores de tinieblas.
Auguste VILLIERS DE L’ISLE-ADAM : Las señoritas de Bienfilatre.
Guy de MAUPASSANT: Odisea de una chica de la calle.
6.- LA ARTISTA:
Émile ZOLA: La señora Sourdis.
7.- LA MUERTA ENAMORADA:
Auguste VILLIERS DE L’ISLE-ADAM : Vera.
Théophile GAUTIER: Ónfale. #estampasdemujer

Los tres infiernos de Charles Asselineau

El infierno del bibliófilo/El infierno del músico

Charles Asselinau tuvo tres infiernos: dos los escribió y uno lo vivió. Los escritos son dos ‘nouvelle’ en donde en un estilo tardorromántico aborda dos fantasmagorías: las de un músico y la de un bibliófilo. El tercer infierno lo vivió en carne propia: siendo un escritor aplicado y un gran conocedor de la literatura, vivió rodeado de genios, entre ellos Charles Baudelaire, su gran amigo por no decir único que tuvo el gran astro del modernismo francés. Y así, cualquier destaca.

‘El infierno del bibliófilo’ narra el encuentro delirante entre el demonio y un amante de los libros cuya obsesión le conduce a la ruina. ‘El infierno del músico’ narra, en una atmósfera enfermiza admirablemente descrita, la desesperación del músico que no deja de oír su partitura y que solo encuentra la paz en los brazos de su primera oyente.

François Alexandre Charles Asselineau, o Charles Asselineau, nació en París en 1820. Estudió letras en el Collège Bourbon1, donde tuvo como compañeros al fotógrafo Nadar y al diplomático y escritor André de Broglie. Empezó a estudiar medicina, siguiendo los pasos de su padre. Pronto, gracias a una modesta fortuna, abandonó los estudios para dedicarse a la investigación bibliográfica en la entonces Biblioteca Imperial-Nacional, donde conoció a Charles Monselet. Posteriormente, trabó amistad entre otros con Champfleury, Théodore de Banville, Théophile Gautier, Gérard de Nerval y Charles Baudelaire.

Asselineu es conocido en España por la biografía que escribió de este último. Dedicó su vida a los libros y a sus amigos, una corte de creadores excelsos de la que él, epígono del Romanticismo francés, quedó exento. Fue, a su manera, un escritor maldito entre malditos (geniales) y su obra literaria, inédita desde hace décadas en España, tenía una deuda pendiente con el lector, que ahora tiene la oportunidad de leerla en castellano.

“El mismo ardor y el mismo trasfondo de insurrección solitaria se encuentran en estas nouvelles de Asselineau, cuando el protagonista debe alejarse de los salones del París burgués para encontrar en el amor la redención del pecado de desear el triunfo; en el cliché del usurero humillado por la generosidad del artista puro; en el menosprecio de los diletantes que viven por poderes una pasión tibia; en la importancia irracional otorgada a los sueños y las alucinaciones; en el narcisismo que confunde el azar con un derecho; en la búsqueda de pecados nuevos que presagia a Huysmans, Rachilde y el fin de siècle; en la perfección de los trópicos y en la sencilla belleza de los libros expuestos al sol de los quais; en el hombre sensible que se desgarra al ver a través de la ventana que dos desconocidos se saludan: la vida.”

Charles Baudelaire

Charles Asselineau, por Nadar.

Los monstruos, la desgracia y el horror en los relatos de un Flaubert de 15 años

Bibliomanía y otros relatos de juventud, de Flaubert.

Gustave Flaubert está considerado uno de los mejores novelistas occidentales y es conocido principalmente por su primera novela publicada, ‘Madame Bovary’, y por su escrupulosa devoción a su arte y su estilo, cuyo mejor ejemplo fue su interminable búsqueda de ‘le mot juste’ (‘la palabra exacta’). Pero no todo empezó en Bovary. empezó mucho antes, cuando un Flaubert con 15 años ya escribía relatos de extensión media en donde los sueños, el melodrama y la injusticia social desbordaban su imaginación.

Flaubert.

‘Bibliomanía’ es la historia truculenta de un librero de Barcelona que, obsesionado por los libros, no duda en llegar hasta el crimen. ‘Un perfume para oler’ o ‘Los acróbatas’ es un cuento de saltimbanquis en el que una mujer fea y buena es despreciada a causa de su fealdad y acaba arrojándose al Sena: el cadáver está minuciosamente descrito con términos científicos. Es una historia de desgracia inmerecida que el autor expone como protesta contra el orden establecido. ‘Sueño infernal’, cuento fantástico situado en el mundo de los demonios, trata de la historia de un hombre que no tiene alma. ‘Quidquid volueris’ presenta a un ser hijo de una mujer y un mono al que la desesperación conduce al crimen.

Baile de máscaras.

El libro se encuadra en la colección de nouvelle Postcards. La portada de ‘Bibliomanía’ fue realizada por Sara Huete y la traducción de la obra corrió a cargo de Ana Isabel Fernández Rubio.

‘Entre pupitres’ o la dura tarea de ser niño según autores clásicos y modernos

Entre pupitres

El escritor #sevecalleja nos regaló esta antología de cuentos clásicos y modernos, así como fragmentos de grandes autores que ilustran la difícil tarea que ha sido siempre ser niño. La infancia, y la infancia en la escuela, vertebran esta antología, #entrepupitres, un libro especialmente querida para nosotros.

Los autores de los relatos son: Da Amicis, Foz, Unamuno, Palacio Valdés, Daudet, Loti, Mansfield, Jesualdo, Agüera, Molina Escabias, Mistral, Machado de Assis, Marinello, Dapena, González San Martín, Pereda, Andersen y el propio Seve Calleja, compilador y prologuista de la edición.

Dujardin, pionero del monólogo interior y creador de una delicada y cruel obra de arte

#hancortadoloslaureles, de #edouarddujardin no solo es una preciosa historia que incide en ‘el burlador burlado’ en temas amorosos, sino que es la primera vez en que se usó el monólogo interior (reconocido por el propio Joyce). Con esta traducción de #martacerezaleslaforet, el libro es una pequeña delicatessen con un gran valor literario e histórico. #novel #novela #books #libros #escritor #casadellibro #elcorteingles #fnac #eldesvelo #publisher #postcards #instagood #words #quotes #bookstagram #top_bookstagram #libros #books #writer #bookworm #reading #libreria #bookstore #follow #like

Han cortado los laureles

Desde las seis de la tarde hasta las doce de la noche podemos seguir los pensamientos más íntimos y los preparativos vagamente amorosos de Daniel Prince, un joven estudiante de derecho enamorado de una actriz. Escrita únicamente desde el punto de vista de la conciencia del narrador, en un espacio y un tiempo limitado, es a la vez un retrato del París de finales del XIX y un sardónico relato sobre la relación amorosa…

Puesto que no tengo nada que hacer, reflexionemos, pero con seriedad, sobre cómo debo comportarme esta noche en casa de Lea; por supuesto, quedarme con ella hasta las doce o la una, luego irme; pero lo que necesito es que ella comprenda la razón de mi conducta; ¡qué difícil explicárselo! En esta habitación estoy mal; vayamos al salón; de pie; las velas sobre el escritorio; lo que tengo que hacer es pasear de un lado a otro del salón, delante de la chimenea, las dos ventanas; corramos las cortinas; en el salón, tranquilamente, paseando de un lado a otro. ¿En qué estaba pensando? Es un fastidio; cuando quiero ponerme a pensar en algo, me pierdo inmediatamente en disquisiciones. Sin embargo tengo que saber lo que haré esta noche; no puedo dejar todo al azar; mi deber es aclarar a Lea… Lo primero es buscar la forma de irme espontáneamente; ya ocurrió varias veces que, como ella no me pedía que me quedara, daba la impresión de que, al irme, ella me estaba poniendo, amablemente, de patitas en la calle. Quizá esta noche acepte que me quede; pongamos que lo acepte; entonces le diré que, sin duda, haría bien en marcharme; ¿por qué iba a quedarme, si ella no me ama lo suficiente como para desear de verdad que me quede? Eso le contestaré. 

Por cierto, ¿a qué se refiere la expresión Han cortado los laureles?…

Presentación de ‘Han cortado los laureles’ en la librería Estvdio de Santander

Cartel de 'Han cortado los laureles' presentación en Estudio

‘Han cortado los laureles’ de Édouard Durjadin, novedad de Febrero

En ‘Han cortado los laureles’ Dujardin crea la técnica  literaria del monólogo interior que utilizó James Joyce en ‘Ulises’

 

 

En el prólogo, la traductora del libro, Marta Carezales Laforet cuenta que Han cortado los laureles  «se escribe desde el punto de vista de los pensamientos del narrador, Daniel Prince, un joven estudiante enamorado de una actriz, en un espacio y un tiempo limitado, inaugurando así el flujo de conciencia o monólogo interior como una de las técnicas narrativas más importantes de la literatura moderna. Lea Han cortado los laurelesaconseja James Joyce a Valéry Larbaud en 1920, reconociendo su deuda con Édouard Dujardin en tanto que inventor del monólogo interior. Esta técnica será utilizada posteriormente por una importante representación de escritores del siglo XX, después de James Joyce y Valéry Larbaud,  Arthur Schnitzler, André Gide, William Faulkner, Raymond Queneau, Virginia Woolf, Samuel Beckett, Albert Cohen, Nathalie Sarraute, Carlos Fuentes y tantos otros lo han desarrollado en su narrativa para expresar la intimidad y los movimientos del pensamiento».

Édouard Dujardin (Blois 1861- Paris 1949) fue músico, editor,  poeta, novelista, autor de teatro, ensayista, profesor universitario e historiador jugó un papel importante el mundo intelectual del París de finales del siglo XIX y principios del XX. Apasionado por Wagner funda en 1885 la Revue Wagnérienne dedicada al análisis y divulgación de la obra del músico y que cuenta entre sus colaboradores a los jóvenes poetas simbolistas reunidos en torno a Mallarmé y Villiers de l’Isle Adam. Dirige también durante unos años la Revue Indépendante en la que en 1887 publica en cuatro entregas Han cortado los laurelesA pesar de haber publicado libros de poesía (À la gloire d’Antonia) poema en prosa, 1886. La Comédie des amours,1891, Mari Magno, 1917-1920), obras de teatro (Antonia, légende dramatique en trois parties: 1981, 1982, 1983; Les Argonautes, 1924) y numerosos ensayos (De Stéphane Mallarmé au prophète Ézéquiel, 1919; Grandeur et décadence de la critique, sa rénovation, 1936; y especialmente Le monologue intérieur, son apparition, ses origines, sa place dans l’oeuvre de James Joyce et dans le roman contemporain, 1931), Dujardin permanece en la historia de la literatura como el autor que inició el monólogo interior con su novela Han cortado los laureles. (A la venta el 12 de Febrero)

 

Lo ‘infiernos’ de Asselineau, por Mauro Armiño

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La revista El Siglo de Europa nos acaba de dedicar, con la firma de Mauro Armiño, una recensión de nuestro libro ‘El infierno del bibliófilo/El infierno del musico’, de Charles Asselineau. Ambas nouvelle son dos retratos fantásticos de las obsesiones con el toque, entre realista y fantasmagórico de una figura más conocida por ser amigo íntimo y biógrafo de Baudelaire, pero que merece un reconocimiento propio que le saque del olvido.

«Contemporáneo de Flaubert, e íntimo amigo y primer biógrafo de Baudelaire, Charles Asselineau (1820-1874) fue un escritor desde luego menor, pero no carente de interés: El Desvelo publica dos infiernos: El infierno del bibliófilo y El infierno del músico (traducción de Guillermo López Gallego); en el primero, hay cierto sentido diabólico en acompañar al lector por las angustias del protagonista, un bibliófilo cuya persecución del libro raro termina en catástrofe, aunque el diablo sólo en sueños le obligue a vender toda su biblioteca. El Infierno del músico también tiene un antiguo superhombre que termina convirtiéndose en cartón piedra, y que ya insinúa la violencia de una obra mayor de Flaubert, como es La tentación de san Antonio.»

Mauro Armiño

 

 

http://www.elsiglodeuropa.es/

‘Historia de una criada de granja’, de Maupassant

$photoName«Como hacía muy buen tiempo, los trabajadores de la granja habían comido más rápidamente que de costumbre y ya habían vuelto a los campos. Rosa, la criada, permaneció sola en medio de la gran cocina en la que el fuego se apagaba en el hogar bajo la marmita llena de agua caliente. Sacaba de allí agua y fregaba lentamente la vajilla, interrumpiéndose para mirar dos cuadrados luminosos que el sol, a través de la ventana, reflejaba en la larga mesa y en los cuales aparecían los defectos de los cristales.
Tres gallinas atrevidas buscaban migas bajo las sillas. Olores de corral, calores fermentados de establo entraban por la puerta entreabierta, y en el silencio del ardiente mediodía se oía cantar a los gallos.
Cuando la muchacha hubo terminado su trabajo, limpiado la mesa, fregado la chimenea y colocado los platos en el alto trinchero del fondo, al lado del reloj de madera de sonoro tic-tac, respiró, algo sofocada, agobiada sin saber por qué. Miró las paredes de arcilla ennegrecidas, las vigas tiznadas del techo de las que colgaban telas de araña, arenques ahumados y ristras de cebollas; luego se sentó, molesta por las emanaciones antiguas que el calor de ese día extraía de la tierra batida del suelo en donde tantas cosas se habían secado a lo largo del tiempo. También se mezclaba el sabor agrio de la leche que se cuajaba al fresco en el cuarto de al lado. Quiso, sin embargo, ponerse a coser como de costumbre, pero se sintió sin fuerzas y se acercó al umbral para respirar.
Entonces, acariciada por la ardiente luz, sintió una dulzura que le penetraba hasta el corazón, un bienestar que se deslizaba por sus miembros.
Delante de la puerta, el estiércol desprendía un pequeño vapor brillante. Las gallinas se revolcaban en él, tumbadas de costado y arañaban con una sola pata para encontrar gusanos. En medio de ellas se erguía orgulloso el gallo. A cada momento elegía una y daba vueltas a su alrededor con un pequeño cloqueo de llamada. La gallina se levantaba indolentemente, doblaba las patas y lo recibía con aire tranquilo, soportándolo sobre sus alas; luego se sacudía las plumas, de donde se escapaba polvo y de nuevo se tumbaba sobre el estiércol, mientras que él cantaba, contando sus triunfos; y en todos los corrales, todos los gallos le respondían, como si, de una granja a otra, se enviasen desafíos amorosos.
La criada los miraba sin verlos; levantó luego los ojos y los manzanos en flor, blancos como cabezas empolvadas, la deslumbraron.
De repente un potro joven, loco de alegría, pasó por delante de ella galopando. Dio dos vueltas alrededor de las zanjas plantadas de árboles, luego se detuvo bruscamente y giró la cabeza como asombrado al encontrarse solo.
Ella también sentía ganas de correr, necesidad de moverse y, al mismo tiempo, deseo de tumbarse, de estirar los miembros, de descansar en el aire inmóvil y caliente. Dio algunos pasos, indecisa, cerrando los ojos, llena de un bienestar animal; luego, despacio, fue a buscar los huevos al gallinero. Había trece, que recogió y se llevó. Cuando los hubo acomodado en el aparador, volvió a sentirse molesta con los olores de la cocina y salió para sentarse un poco sobre la hierba.
El patio de la granja, rodea…»

Historia de una criada de granja, de Guy de Maupassant. Traducción: Marta Cerezales Laforet.

‘Estampas de mujer’, presentación en el Ateneo de Santander

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