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La colección de poetas británicos alcanzará su novena entrega en octubre con la publicación de la antología poética de Norman Cameron

Norman Cameron. Antología poética.

En octubre tendremos en la calle la novena entrega de nuestra colección de poesía británica. Se trata de la poesía del escocés Norman Cameron, totalmente desconocida en España y que sorprenderá a todos aquellos que se acerquen a esta antología, que volvemos a editar en edición bilingüe castellano-inglés.

También volvemos a recurrir para la ocasión a Imanol Gómez Martín, quien ya tradujera para nosotros la obra de dos monstruos de la poesía británica de mitad del siglo XX: Martin Seymour-Smith y Robert Nye. Al igual que con estos, la antología de Norman Cameron viene precedida de un estudio introductorio. La selección de poemas y notas explicativas son también obra de Gómez Martín.

No queremos olvidarnos en estos momentos del poeta estadounidense Warren Hope, desparecido el pasado mes de mayo, sin el cual esta obra no hubiera sido posible. Hope nos cedió los derechos para la traducción al castellano de los versos de Cameron, ya que es su albacea, al tiempo que nos facilitó las imágenes que ilustran el libro.

Norman Cameron y esposa. Cortesía de Warren Hope.

La poesía de Cameron es de una singularidad tal que no cabe agruparlo con cualquier otro de los creadores contemporáneos. Es esta independencia creativa la que marcó su poesía, alejado del abrazo de oso del círculo de Robert Graves y Laura Riding, con los que convivió durante un tiempo en Mallorca.

Norman Cameron, de ascendencia escocesa, nació en Bombay en 1905 y se educó en el Fettes College y el Orion College en Oxford, donde conoció a Robert Graves y Laura Riding en 1927, tejiendo entre ellos una relación de camaradería y respeto que duraría hasta su muerte en 1953. Fue Superintendente de Educación en Nigeria, redactor publicitario en Londres y trabajó para las fuerzas armadas británicas en Italia y Austria. Políglota y gran conocedor del latín y griego clásicos, fue traductor de Rimbaud, Villon, Baudelaire, Heinrich Heine o Nerval, entre otros poetas, aunque también tradujo narrativa como “Escenas de la vida bohemia” de Henri Murger o “Cándido” de Voltaire. Entre sus grandes amigos cabe destacar su relación con Dylan Thomas, de quien era prácticamente su mentor, el poeta Alan Hodge, el pintor John Aldridge, James Reeves y G. Orwell. Como poeta publicó “The Winter House and other poems”, J.M.Dent and Sons, 1935; “Work in Hand”, The Hogarth Press, 1942, con Alan Hodge y Robert Graves; “Forgive me, Sire”, Fore Publications, 1950. Su poesía completa “The Collected Poems of Norman Cameron  1905-1953” , The Hoghart Press, se publicó en 1957 con una introducción de Robert Graves. 

Si se ha de definir la poética de Norman Cameron habría que utilizar, sin duda alguna, el término singularidad. Como recalca Warren Hope, biógrafo y máximo especialista en la obra de Norman Cameron: “el poema no lo busca el poeta, sino que aparece a pesar de la renuencia del poeta. La forma del poema no está impuesta por el poeta: el patrón crece ante sus ojos”. 

El poema no lo busca el poeta, sino que aparece a pesar de la renuencia del poeta. La forma del poema no está impuesta por el poeta: el patrón crece ante sus ojos

Warren Hope

La colección

Para desarrollar este proyecto se ha requerido el concurso de buen número de traductores (y poetas, todo sea dicho, ya que reúnen ambas condiciones todos). Eva Gallud Jurado tradujo ‘Contraataque’, de Siegfried Sassoon, uno de los poemarios más importantes por su impacto en la I Guerra Mundial. Del mismo período, Gallud también tradujo la obra completa de Rupert Brooke y una antología de seis poetas británicas (‘Nada tan amargo’), encabezada por Vera Brittain. Paula Fernández tradujo todos los poemas que sobrevivieron a Roland Leighton, novio de Brittain fallecido en Francia.

Portada de la revista The Review. Cortesía de Warren Hope.

Imanol Gómez Martín, de quien ahora publicaremos su traducción de la poesía de Norman Cameron, fue también quien tradujo la de Martin Seymour-Smith y la de Robert Nye. Gabriel Insausti tradujo la de William Henry Davies y cuatro traductores, sí cuatro, se encargaron de traducir los poemas de uno de los padres de las vanguardias europeas, Gherasim Luca. Los traductores trabajaron sobre los textos en francés y rumano y fueron Vicente Gutiérrez Escudero, Catalina Illiescu y Eugenio Castro. En total, ocho traductores a los que desde aquí agradecemos el trabajo realizado.

Todos ellos hicieron mucho más que traducir, dando sentido a la figura del editor literario, aquel que se encarga en preparar la edición en todos sus extremos, desde la selección de poemas hasta su traducción, pasando por su estudio introductorio y notas explicativas.

Si algo da sentido a la labor editorial es la de desvelar, descubrir, hacer aflorar aquello que está oculto. No somos tan pretenciosos como para pensar que estos nueve libros recogen poesía totalmente inédita en español, pero sí en la mayoría de los casos es desconocida para los amantes de la poesía con seguridad.

Colaborador de Graves, preceptor del hijo, crítico feroz y poeta fagocitado

Martin Seymour-Smith
William y Robert Graves, Martin y Janet, en Mallorca.

Martin Seymour-Smith, de quien acabamos de publicar su poesía escogida fue un brillante estudiante que dedicó sus primeros años a la enseñanza. Dio clases de matemáticas a Stephen Hawking y fue preceptor del hijo de Roberto Graves, William, fraguando junto a su esposa Janet, una amistad con el padre durante su estancia en Mallorca, la isla.

La isla se convierte en el paisaje del poema si no en el sujeto poemático. Varias son las páginas, poemas como «Los hombres de la isla», donde la isla de Mallorca desempeña el lugar mítico, a veces peligroso, o «Viaje a la isla», poema donde el poeta profetiza su muerte en brazos de Janet, y la de esta última en brazos de su hija Charlotte, o un mundo repleto de imágenes idílicas y recuerdos, como en el «Invierno para William» poema en el que William es el hijo mayor de Robert Graves, a quien Seymour-Smith instruyó durante dos años. Cabe decir que William Graves no sabía que era él a quien iba dedicado el poema hasta que se lo consultó y lo vio traducido para la realización de este libro. Para entender la visión que William Graves recuerda de Martin Seymour-Smith es interesante leer el libro del propio W. Graves Wild Olives (Pimlico, 2001), en cuyo capítulo V aparece la figura del poeta ampliamente desarrollada desde los ojos del niño William. 

Imanol Gómez Martín, del prólogo de Un rastro de sentido.

Seymour-Smith (Londres, 1928-1998) fue un lector voraz, biógrafo de Robert Graves, con quien colaboró en algunas de sus obras, Rudyard Kipling y Thomas Hardy y crítico feroz de la literatura de su tiempo. Ello ocultó su propia faceta como poeta que se prolongó en cierta oscuridad desde 1943 y 1993, que es el período que recoge ‘Un rastro de sentido’, antología prologada y traducida por Imanol Gómez Martín.

Políglota y autor de diversos libros, se hizo famoso por Los cien libros que más influenciaron la Humanidad, lanzado en 1998. Mundialmente, Seymour-Smith fue tal vez más conocido por su Guide to Modern World Literature, que fue publicado en 1973 y revisado, expandiéndose en 1986 como The Macmillan Guide to Modern World Literature. El libro fue un estudio tan profundizado de la poesía del siglo 20, que algunos críticos dudaron que fuera el trabajo de una persona.

«Para algunos de sus amigos y entusiastas seguidores, la faceta de crítico había fagocitado al Martin poeta (cuestionó a Eliot por su frialdad, a Williams como poeta menor y a Olson como vacío. Sin embargo elevó a Laura Riding diciendo de ella que era la poetisa más importante de la historia), alejado siempre de los ámbitos literarios, y, sin embargo, alabado por Philip Larkin, quien incluyó un poema de Martin en su libro Oxford Book of Twentieth-Century English Verse». 

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