Etiqueta: Rupert Brooke

La sinrazón de la guerra, de la mano de Siegfried Sassoon

Coontraataque, de Siegfried Sasson (descatalogado)


#contraataque
, de #siegfriedsassoon es un conjunto de poemas, realistas, duros y desencantados, que publicamos hace años y que ahora se encuentran descatalogados (interesados, consultar con la editorial). Sassoon, combatiente en la I Guerra Mundial, hizo trizas la mítica caballeresca de la guerra. Reflejo del batallar en las trincheras, ‘Contraataque’ toma como material poético la sinrazón de la guerra, la vesania de los mandos militares, la fraternidad, el hogar perdido, la masacre de los camaradas, el amarillismo de la prensa y el deseo de paz por encima de todo. Sassoon igualó con su pluma la valentía que mostró en la batalla. Con la misma pasión que mostrara en el frente, Jack el Loco, como lo apodaban sus hombres, exhibe la galería de horrores bélicos con diversos tonos poéticos, desde desde los descriptivo pasando por la ironía hasta cierta épica de la humanidad. 

Junto con la obra de Sassoon nosotros hemos publicado también la de Rupert Brooke, #poesiaesencial, como la de Roland Leighton, #unllantosobreelmar. Asimismo, hemos publicado una antología de poesía hecha por mujeres, #nadatanamargo.

Tanto la obra de Sassoon como la de Brooke y la de las poetas ha sido traducida por Eva Gallud Jurado, mientras que la de Leighton es de Paula Campos Fernández.

#poesia #poetry #ultimathule #warpoet #poesiabritanica

Rupert Brooke en la revista El Ciervo

El Ciervo nº 763

Mayo/​Junio 2017

Dónde encontrar a Rupert Brooke

Puntos de venta de ‘Rupert Brooke. Poesia Completa’.

FNAC

Corte Inglés

Casa del Libro

Elkar

Abacus

La Central

Laie

OMM Campus

Antígona (Zaragoza)

Portadores de Sueños (Zaragoza)

Central Librería (Zaragoza)

22 Llibreria (Girona)

Agapea Factory (Málaga)

Al peu de la lletra (Barcelona)

Alibri (Barcelona)

Biblioteca de Babel (Baleares)

Buc de Llibres (Mataró, Barcelona)

Cap i cua (Barcelona)

Casa Usher Llibreters (Barcelona)

Documenta (Barcelona)

El Full (Badalona, Barcelona)

Els Nou Rals (Viladecans, Barcelona)

Galatea Llibres (Reus, Tarragona)

Gallissa (Lloret de Mar, Girona)

Hipérbole (San José Ibiza, Baleares)

Jaume de Montso (Palma Mallorca, Baleares)

La Gralla (Granollers, Barcelona)

La Impossible (Barcelona)

Llibreri Canillo (Castelldefels, Barcelona)

Nollegiu (Barcelona)

Puvill Libros (Barcelona)

Santos Ochoa (Barcelona)

La temeraria (Terrassa, Barcelona)

Ambra Llibres (Gandía, Valencia)

Argot (Castellón)

Ausias (Villarreal de los Infantes, Castellón)

Bartleby (Valencia)

El Puerto (Sagunto, Valencia)

La Costera (Xativa, Valencia)

Leo (Xativa, Valencia)

París Valencia 1 (Valencia)

París Valencia 3 (Valencia)

Plácido Gómez (Castellón)

Railowsky (Moncada, Valencia)

Samaruc (Algemesi, Valencia)

SIJ 1993 (Ontinyent, Valencia)

Ali i Truc (Elche)

Diego Marín (Murcia)

Herso (Albacete)

La Montaña Mágica (Cartagena, Murcia)

Popular Libros (Albacete)

Antonio Machado, BB AA (Madrid)

Antonio Machado Fdo. VI (Madrid)

Antonio Mendez (Madrid)

Aquarela Madrid)

Blanquerna (Madrid)

La Buena Vida (Madrid)

Cervantes y Compañía (Madrid)

El Aleph (Madrid)

Facultad de Derecho Serv. Publicaciones (Madrid)

Forja de Letras (Madrid)

Le Librería (Madrid)

Lex Nova (Madrid)

Modesta (Madrid)

Nakama (Madrid)

Ontanilla (Aravaca, Madrid)

Pasajes (Madrid)

Rafael Alberti (Madrid)

Sandoval (Valladolid)

Tipos Infames (Madrid)

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La Afición Literaria (Vitoria)

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Binario (Bilbao)

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Estvdio (Santander)

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Guantes (Portugalete)

Hontza (Donostia)

Katakrak (Pamplona)

Lagun (San Sebastián)

Maribel (Oviedo)

Ojanguren (Oviedo)

Santos ochoa (Logroño)

Universitaria (Bilbao)

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Angel López (Pozoblanco, Córdoba)

Babel (Granada)

Fuga (Sevilla)

Heidi (Huelva)

Juan de Mairena (Lucena, Córdoba)

Lual Picasso (Almería)

Luces (Málaga)

Luna Nueva (Jerez de la Frontera, Cádiz)

Luque (Córdoba)

Palas (Sevilla)

Picasso, Obispo Hurtado (Granada)

Prometeo y Proteo (Málaga)

Rayuela (Málaga)

Término (Alcalá de Guadaira (Sevilla)

Casa Tomada (Sevilla)

Isla de Siltolá (Sevilla)

Libros Prohibidos (Úbeda)

Lorca (Benalmádena, Málaga)

Puerta de Tannhauser (Plasencia, Cáceres)

Ubú (Granada)

Galatea Librería Inglesa (León)

Letras Corsarias (Salamanca)

Librería Café La Otra (Valladolid)

Hydria (Salamanca)

Luz y Vida (Burgos)

Oletvm (Valladolid)

Pastor (León)

Santiago Rodríguez (Burgos)

Víctor Jara (Salamanca)

Intempestivos (Segovia)

Margen (Valladolid)

Santos Ochoa (Salamanca)

Arenas (A Coruña)

Eixo (Ourense)

Follas Novas (Santiago, A Coruña)

Gallaecia (Santiago, A Coruña)

Cantón 4 (Ferrol, A Coruña)

Librouro (Vigo)

Numax (Santiago, A Coruña)

Tanco (Ourense)

Trama (Lugo)

Agapea Factory (Tenerife)

Canaima (Las Palmas)

Casa del Lector (Las Palmas)

El Paso (Tenerife)

Sinopsis (Las Palmas)

Tagoror (Pto. Rosario, Las Palmas)

Triana (Las Palmas)

Brooke y los war poets, según José María Lasalle

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El heroísmo bélico como aventura poética


La guerra y la poesía se muestran a nuestros ojos postmodernos como palabras irreconciliables. La irrupción de la técnica y el hecho de que la guerra se haya transformado en algo mecánico, desprovisto de la épica que tradicionalmente se asoció a ella, han sido las causas de la cesura tan radical que hoy existe entre ambas. Sin embargo, esto no fue siempre así ya que durante siglos la guerra y la poesía estuvieron hermanadas. Es más, de acuerdo con la vieja cultura heroica heredada de la Grecia arcaica, la guerra era la instancia última en la que la paideia (educación) se ponía a prueba al demostrar en ella la excelencia (areté) del kalos kagathos o, si se prefiere, del aristócrata que en el bautismo de fuego y sangre podía descubrir quien era realmente. 
De aquella ancestral visión homérica ya no queda nada desde que el «rojo» y el «negro» stendhaliano fueron engullidos por la grisácea y anónima uniformidad de los ejércitos modernos. Inmersos en una civilización que desde Kant ve en la paz una conquista admirable, la guerra es ahora una realidad injustificada y despreciable, incluso cuando lo que se pone en juego es la legítima defensa, pues, de acuerdo con la sensibilidad contemporánea, resulta difícil encontrar en ella algo más que dolor, humillación y barbarie. Y aunque la guerra ha sido siempre «eso» esencialmente, con todo, la misma ha perdido a lo largo del siglo XX la aureola sublime que desde la Ilíada había embellecido aquel polemos en el que Heráclito fundó todas las cosas, y que muchos siglos después todavía hacía decir a Schiller que «incluso en la guerra, lo supremo nunca está en ella».
En las «batallas de material» del siglo pasado la guerra dejó de ser un hecho humano para convertirse en un fenómeno abstracto que quedó subordinado a la técnica y a sus masivos instrumentos de destrucción. La vivencia tradicional de la guerra cayó así en desgracia al diluirse la cuestión humana como circunstancia y límite, fin y medio de la confrontación bélica; de manera que este hecho, sumado al sometimiento de la guerra a la política e, incluso, a la propaganda de masas, terminó transformándola en una empresa inasumible culturalmente, pues, el objetivo de la misma ya no era imponerse a otro en el peligro del combate singular, sino tan sólo la aniquilación anónima de éste al identificarlo ideológicamente como un mero «enemigo». Y es que como dijo Lenin en «La bancarrota de la II Internacional» (1915): «Aplicada a la guerra, la regla principal de la dialéctica nos enseña que: `La guerra no es más que la continuación de la política por otros medios’… Tal es la fórmula de Clausewitz, uno de los grandes escritores de la historia militar en el que Hegel ha contribuido a fecundar sus ideas». 
Esto que ahora nos parece tan claro, sin embargo, supuso una revelación atroz para las generaciones que fueron a la Primera Guerra Mundial con el zurrón repleto de visiones románticas en torno al fenómeno bélico. Un ejemplo de ello y de cómo pudo superarse poéticamente esta vivencia fue la obra de Rupert Brooke (1887-1915). Perteneciente a la generación de los llamados poetas bélicos, representa junto a John Drinkwater, Wilfred Owen, Siegfried Sassoon, Edith Sitwell, Harold Monro, W. H. Davies y W. W. Gibson, uno de tantos a los que la impetuosidad romántica arrastró desde las aulas de Oxford y Cambridge a las trincheras de aquella Gran Guerra que, como bien describió Robert Graves, fue algo horriblemente «incomunicable».
Nacido en Rugby, Brooke estudió en el selecto internado que lleva este nombre y que rivaliza con Eton en su prestigio elitista. Hijo de un catedrático, se doctoró en literatura en el King’s College de Cambridge, encarnando pronto el ideal aristocrático de su época. Así, además de dotarse de una sólida formación intelectual mostró, también, una clara preocupación política que lo llevó a vincularse a aquella Sociedad Fabiana de la que eran destacados miembros George Bernard Shaw y Sidney Webb, y que pretendía combatir los excesos del capitalismo industrial de la época a través de elites que transmitieran ideales humanitarios y socialistas a los partidos clásicos -el tory y el whig-, con el fin de promover la reforma de aquél y evitando, de paso, que la revolución pudiera destruir las libertades políticas bajo la tiranía de las masas.
Viajero infatigable que recorrió Europa, América del Norte y la Polinesia, Brooke siguió el «iter» romántico del aventurero vital, tal y como hicieron antes sus admirados Rimbaud, Stevenson o Gaugin. Deseoso de descubrir la belleza prístina de la humanidad, admiró en los Mares del Sur a aquellos «nativos de Samoa y Fidji que son más hospitalarios y corteses, más amantes de lo bello que los europeos que aquí habitan», quizá porque, como creía Rousseau, habían sido capaces de vivir incontaminados de los vicios que irradiaba ese individualismo que hacía de la propiedad sobre las cosas o, si se prefiere, de esa dialéctica de «lo mío y lo tuyo», el fundamento de un Progreso que era identificado con el Bienestar material.
Cantor del amor y enamorado de la belleza alabada por Keats y Shelley, en sus «Pensamientos sobre la forma del cuerpo humano» (1911), describió el dolor consustancial que porta consigo el hombre al no poder evitar su caída, pues: «¿Cómo puede el amor triunfar y recrearse/donde la fiebre se oprime contra la fiebre/la rodilla contra la rodilla?/¡Si pudiéramos habitar la armonía,/y en ella alentar puros y perfectos/y como pensamientos sin cuerpos ascender/hacia un redondo y radiante amor,/y amar serenamente una perfecta esfera,/como una luna a otra, y ser/semejante a la estrella Lunisequa/siguiendo fijamente el redondo orbe claro de su delicia,/eternamente oscuro, a través de la eterna noche…!». 
La premonición del estallido de la guerra en Europa lo apartó de los brazos de la nativa que amó en Waikiki y lo trajo de vuelta a Inglaterra. Y su amistad con Winston Churchill -entonces Primer Lord del Almirantazgo- lo hizo oficial de marines, luchando en las trincheras de Anvers juntos a sus amigos Denis Browne y Raymond Asquith. En ellas compuso sus famosos «Sonetos» (1914), obra en la que logra transmutar el sufrimiento del soldado al descubrir la belleza que encierra el sacrificio heroico que porta la camaradería guerrera, como cuando dice en «Paz»:

Demos gracias a Dios, que nos ha hermanado en Su hora,
y ha invocado a nuestra juventud, y ha hecho que despertemos del sueño,
con segura mano, ojo limpio y certero poder,
para que abandonemos alegres,
como nadadores que buscan de un salto la región más pura,
el frío y gastado mundo envejecido,
y los corazones enfermos a los que ya no mueve el honor,
y a los cobardes, y sus monótonas y sucias canciones,
y toda la triste futilidad del amor.

Inmerso en la vorágine bélica, la temblorosa subjetividad que irradian estos sonetos denota su alejamiento de la ojetividad que heredó de Keats y el desarrollo de una emoción imaginativa en la que el peligro de la muerte estremece su creatividad al despertar en él un nuevo sentimiento de libertad que entronca con la vivencia de la fratria griega. Así, acompañado por la lectura de la Iliada se embarcó entusiasmado en la expedición que Churchill envió a la península de Gallipoli, mientras retumbaban en sus oídos esos versos en los que grita que es dichoso porque habiendo conocido la vergüenza del mundo del que proviene, con todo, ha encontrado junto a sus camaradas la libertad que ofrece ese lugar en el que «no hay pena ni enfermedad, y el sueño ya no inquieta/donde nada se quiebra sino este cuerpo,/y nada se marchita sino este aliento./Nada estremece la suave paz del sonriente corazón,/lejana ya la agonía,/en la región de la muerte, nuestra peor amiga y enemiga». 
Fallecido en la isla de Skyros, su cuerpo reposa allí, junto al Egeo, como quiso también su admirado Byron al caer en Grecia. En el epitafio de su tumba reza esta escueta inscripción escrita en griego: «Aquí yace Rupert Brooke, servidor de Dios, alférez de la Armada británica, muerto en camino de liberar Constantinopla de los turcos». Con su muerte el Romanticismo se hizo, también, pasado.

JOSÉ MARÏA LASSALLE

(Publicado en El Diario Montañés de Santander).

‘Orgullo travestido’ y ‘Rupert Brooke’, en prensa

nuevodocumento-2 orgullo-el-mundo-castellon 'Orgullo travestido' en el siglo XX | Castellón | EL MUNDO

El Diario Montañés de Santander se hace eco de la publicación de la poesía completa de Rupert Brooke, mientras El Mundo de Valencia y Castellón al Día hacen lo propio con ‘Orgullo travestido’, de Juan Carlos Usó.

Rupert Brooke, Poesía Completa. Novedad para el 27 de febrero

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Por primera vez en España, se edita la poesía completa de uno de los poetas más queridos en Inglaterra, Rupert Brooke. El fue uno de los que cruzó la línea que separaba la poesía georgiana de los ‘war poets’.

La obra, que se publica en edición bilingüe inglés-español, ha sido traducida por Eva Gallud Jurado, y refleja a la perfección el tránsito de la poesía georgiana característica de la Inglaterra de principios del siglo XX a un verso más realista y desesperanzado, sin caer en el desgarramiento de otros poetas de su generación como Siegfried Sassoon (del que esta editorial ha publicado su obra Contraataque) y Wilfred Owen. En este libro están sus viajes, sus paisajes, sus amores, pero también el presagio de una vida y de una época que terminaban. brooke-signature

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