Etiqueta: Santander

Presentación de ‘Los benditos’, en Santander

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Presentación de ‘Errante en la sombra’, en Santander

 

Una hora y media duró la presentación de ‘Errante en la sombra’, en la librería Estvdio de Santander. El acto, que contó con la presencia de medio centenar de personas, tuvo un poco de todo: hubo momentos para la risa y también para la emoción; al tiempo que se dio cuenta de lo que es y entraña un libro de relatos como el escrito (y leído) por Marcos-Ricardo Barnatán. Este, que fue presentado por el editor Javier Fernández Rubio, el crítico y gestor cultural Luis Alberto Salcines y el escritor Javier Menéndez Llamazares, no tuvo más remedio que leer dos de los relatos, los concernientes a un envenenamiento ‘regio’ y a una anécdota personal que, pasado el tiempo, produce más hilaridad que malos recuerdos. En definitiva, una velada entre amigos, gracias a la Librería Estvdio y a Fernando García Barredo, quien amablemente efectuó las labores de anfitrión.

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Fotos: @Jesús Ortiz

 

‘La vida me sienta mal’, presentación en La Vorágine

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Lo que cuenta un escaparate: Estvdio, Santander, Junio 2015

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Charla sobre Cenit en La vorágine

image26El pasado martes, 23 de septiembre, ofrecimos una charla en el espacio cultural La Vorágine, en Santander, a propósito de una de las grandes olvidadas de la edición española del siglo XX: la editorial Cenit. Desde 1928 hasta 1936, por los 225 títulos de la editorial de Giménez Siles, Graco Marsá y Andrade pasaron obras de Remarque, Hesse, Barbusse, Upton Sinclair, Sinclair Lewis, Dos Passos… más los grandes popes del marxismo. Fue un encuentro estupendo, entre amigos, en donde hicimos lo posible por contribuir a que el trabajo de aquella gente no cayera aún más en el olvido.

foto: Jesús Ortiz.

 

Premios Hierro 2014, en El Mundo

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Celia Corral, Premio José Hierro de relato

Celia Corral Cañas ha resultado ganadora del primer premio José Hierro en la modalidad de relato breve, mientras que el de poesía ha quedado desierto por primera vez en su historia.

De izquierda a derecha, Juan Gómez Bárcena, Lourdes Royano, César Torrellas, Javier F. Rubio y Enrique Álvarez
De izquierda a derecha, Juan Gómez Bárcena, Lourdes Royano, César Torrellas, Javier F. Rubio y Enrique Álvarez.

Así lo anunció este viernes el concejal de Cultura, César Torrellas, durante la lectura del acta del Jurado de la XXXIII edición del certamen literario para jóvenes escritores de la región, que preside Lourdes Royano, al que se fueron admitidos un total de 47 originales: 29 en la modalidad de relatos y 19 en la de poesía.

Celia Corral se alzó con el primer premio con ‘Otros mundos’, mientras que Borja Díaz Arce obtuvo el accésit previsto en las bases por ‘En busca de la vida perdida’. El accésit de poesía recayó en el original titulado ‘La noche en que murió Charlie’, de Raúl Fernández Cobos. Se da el caso de que Fernández Cobos fue el ganador del José Hierro de relato en su edición de 2011 con el cuento ‘El Faro’.

En su XXXIII edición formaron parte del Jurado de los Premios  José Hierro de poesía y relato breve, además de su presidente, Lourdes Royano, Marta San Miguel, Javier Fernández Rubio, Juan Gómez Bárcena y Mario Crespo, que actuaron como vocales, y Enrique Álvarez, en calidad de secretario sin voto.

Los XXXIII premios José Hierro de poesía y relato estarán en las librerías finales del mes de junio, editados por El Desvelo Ediciones.

Día del Libro en Santander, con Eduardo Gruber

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«Y entonces Santander entero se le echaba encima».

 

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Recorrer los pasillos de la casona nueva y huronear en sus habitaciones y pasearse por sus rellanos y subir y bajar sus escaleras era para Alberto volver, casi táctilmente, al tiempo de sus abuelos: y entonces Santander entero se le echaba encima, y de esta agresión salía siempre rejuvenecido.

Al verle tan extático, el joven arquitecto respiró, agobiado como había estado bajo las arbitrarias ocurrencias de su exigente y enloquecido cliente, que le traía a mandamiento con su constante insistencia en lo importantes que eran todos los detalles, incluso lo más nimios, para rematar triunfalmente el conjunto final.

“Sí, de acuerdo”, se decía él, “pero es muy difícil reducir y unificar tantas cosas dispares en armoniosa realidad”.

El arquitecto, empero, hubo de reconocer al final que era Alberto quien tenía razón: lo mejor del contenido y el ambiente de la casona grande había pasado intacto y exacto a la pequeña, incluso en sus menores detalles. Y lo mismo cabía decir de la decoración interior, llevada a cabo por un experto llegado de Madrid: el despacho de Alberto era copia perfecta del de su tío; y la capilla del sótano estaba minuciosamente instalada en el entresuelo, con su bello retablo y sus cuadros y toda su plata y adminículos; y hasta su vetusta unción renacía en su nuevo domicilio, concentrada bajo una reproducción minuciosa de su ceñuda bóveda paleomedieval.

Archivo y biblioteca cubrían todas las paredes del desván, bellamente instalados por un bibliotecario veterano: allí seguirían, hasta que Alberto encontrase tiempo y humor para escrutar con lupa libros y papeles.

Las mejores y mas vistosas antigüedades, y alfombras y tapices y bibelotes y cuadros del tío Alberto se esparcían ahora hidalgamente por la casa entera, algo apretujados, pero exudando buen gusto; y la sala exhibía con mate arrogancia la colección de grabados renacentistas italianos, magníficamente enmarcados de época, y con todos sus datos y cifras impresos y encuadernados en un librito cuyos doscientos ejemplares se irían distribuyendo cauta- mente entre los entendidos.

En Chola, flamante señora de casa grande, se había producido una especie de milagro: su gusto plebeyo cambió de tono como por arte de magia, y a Alberto le dejaban estupefacto sus aciertos para embellecer los más difíciles rincones; e incluso en sus ocurrencias y genialidades súbitas solía acertar. Él, así y todo, se mantenía siempre a su lado en esos trances, pronto a salir al paso de cualquier renacimiento de su antigua horterez.

Todo lo que no cupiera en la casona nueva, Alberto lo había mandado quemar en una enorme hoguera, haciendo caso omiso al principio de protestas y quejas. Acabó por ceder a medias, empero, a las súplicas de Chola:

–Bueno, mira, dáselo a los pobres –le dijo, señalando olímpicamente el gran montón–, y lo que no quieran los pobres, lo quemas tú misma con la conciencia tranquila.

Chola y Alberto congeniaban muy bien. El cortejo, como llovía sobre mojado, fue breve e intenso, pero casto, pues ambos acordaron desde el principio llevar vida impecablemente cristiana. Ella no estaba muy convencida, pero acabó aceptándolo sin reservas, pues Alberto se lo presentaba como perspectiva conyugal cuya erótica pureza la deslumbraba y cosquilleaba por su gran novedad.

Les casó el cura párroco de San Benituco, iglesia muy vieja y antigua, situada en lo más hondo del valle del Pas. (…)

Dos semanas antes de la boda, Chola había pedido modosamente permiso a Alberto para desaparecer sola duran- te una semana por esos mundos del diablo, pues, como le confesó francamente, quería echar su “última cana al aire” antes de sumirse en la minicastidad conyugal, que ella calificaba de “ayuno erótico”, a que su inminente marido la invitaba.

 

 

 

 

Andanzas de Alberto Mediavilla por Santander, Madrid y Ginebra

La última obra de Jesús Pardo de Santayana es las memorias noveladas de un periodista, que no soñaba siquiera con serlo -Alberto Mediavilla Quinconces-, hijo único de una acomodada familia santanderina venida a menos que para prosperar se traslada a Madrid. Su primer trabajo en el Madrid de posguerra es en una empresa de cosméticos y desde ahí da el salto al periodismo de agencia teniendo como primer destino la corresponsalía en Ginebra. Y lo da por casualidad, como muchas de las cosas que le ocurren en su vida, y por su conocimiento de idiomas, algo inusual en la época.

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A la venta el 31 de marzo

La búsqueda de sí mismo es paralela a la persecución constante de la mujer perfecta, pero ninguna de las relaciones que inicia prosperan. Alberto cae en desgracia y en su camino hacia la nada toca fondo pero también adquiere la posibilidad de vengarse de todos aquellos que lo maltrataron… Rojo perla está ambientada en Santander, Madrid y Ginebra, principalmente. Como niño de cuna burguesa transcurre su infancia en el Santander de principios de siglo, y la formación de su carácter corre pareja a la decadencia de su familia y la preponderancia de la hipocresía social y familiar y la omnipresencia de la religión. Madrid será una liberación frente a la asfixia de Santander y el espacio en el que se define en su relación frente a las mujeres y el trabajo. Ginebra es la cima de su carrera. La apoteosis y la caída, en donde volverá a Santander a reencontrarse con los restos de su familia, retomar el vínculo con la única mujer que más se le parece y forjar su venganza…   Cinco años después de Borrón y cuenta vieja (RBS Libros, 2009), Jesús Pardo vuelve a incursionar en la narrativa de la mano de El Desvelo Ediciones con Rojo perla, una novela que destaca por su riqueza semántica y la abundancia de neologismos. La ambientación de la historia, escrita en su estilo literario personalísimo, distingue también a esta obra que se inspira en la trayectoria profesional del autor cántabro, de hecho la agencia Newsworld, que da empleo a Alberto Mediavilla en la ficción, guarda paralelismos con la actual agencia EFE de la que este escritor y veterano periodista fue corresponsal en Ginebra al igual que el protagonista de la novela.   Jesús Pardo ha sido corresponsal internacional de varios periódicos y delegado de la agencia EFE en Ginebra y Copenhague, además de fundador y director de Historia 16. Es también autor de Cincuenta historias de repente (Debate, 2003), Memorias de memoria (Anagrama, 2001), Aureliano (Temas de hoy, 2001), Autorretrato sin retoques (Anagrama, 1999), y del poemario Gradus ad mortem (Huerga y Fierro, 2003), entre otros muchos títulos.

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