Kevin, en el centro, junto a Luis alberto Salcines, a la izquierda, y Víctor del Río, durante la presentación del libro de éste sobre Jeff Wall.

Kevin, en el centro, junto a Luis Alberto Salcines, a la izquierda, y Víctor del Río, durante la presentación del libro de éste sobre Jeff Wall.

Recientemente ha fallecido en Cantabria Kevin Power, un gran intelectual y una de las personas más culturalmente inquietas y generosas que hemos conocido. Si todos, por el hecho de existir, estamos llamados a dejar un hueco al desaparecer, el que deja este tipo de personas es especialmente significativo. Hoy somos más pobres, por cuanto con su desaparición hemos perdido lo que él sabía y lo que él pensaba. ¿Cuánto tiempo, esfuerzo y dedicación se requiere para construir un intelectual como Kevin? Años, una vida, y en ocasiones ni una da para ello. Un futbolista se crea, crece y eclosiona en muy pocos años, años en los que el intelectual, el músico, el escritor, aún está formándose. ¿Dónde estará ahora todo lo que Kevin leyó o tenía en mente hacer? Se perderá, es seguro, como tantas otras cosas en otros tantos casos. Pero es inevitable que se pierda dado que para vivir a veces es insuficiente una sola vida.

Su biografía habla de grandes acontecimientos, como el ejercicio de la cátedra de Literatura Latinoamericana o la Subdirección del Museo Reina Sofía. Eso a nosotros no nos interesa en absoluto. Nos gustaba más la casa que tenía aquí en Cantabria, arriba en un monte en el valle del Pas, una casa en la que echaba el ancla de su continua itinerancia y en donde, en compañía, de Mónica, recibía a sus amigos, no todos ellos pintores, no todos ellos artistas: Uslé, Viggo Mortensen… De allí salieron muchas conversaciones y muchos libros, bajo el sello editorial de Pisueña Press. Y allí había enviscada en el monte una biblioteca de ensueño.

Buen viaje, Kevin.

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