Entre los cosas más interesantes del universo dadá, junto los ready-mades, las veladas en el Cabaret Voltaire, la poesía fónica, el fotomontaje, la general banalización del objeto artístico, está lo que podemos denominar las vidas dadá que soportan todo eso. Así, surgen personajes como Arthur Cravan, quien en 1917, en el famoso Salón de los Independientes de Nueva York, pronunciase por mediación de Francis Picabia, su conferencia Los artistas independientes de Francia y América. A esa conferencia Cravan llegó tarde y borracho. La conferencia consistió en pasear con marcados síntomas de ebriedad por la sala mirando a los asistentes, tambaleándose por los efectos etílicos y esparciendo ropa sucia que sacaba de una maleta. Luego se quitó la suya hasta quedarse completamente desnudo, lanzando un sonoro aullido. Ante el escándalo llegó un tipo de seguridad con el que mantuvo una pelea… pero Cravan media dos metros y era boxeador… al final uno solo de seguridad no fue suficiente. Poco después Cravan, misteriosamente, desapareció para siempre. ¿Francis Picabia? Es enviado a Cuba en busca de azúcar para abastecer al ejercito francés durante la Primera Guerra Mundial, y decide que, antes de cumplir, lo mejor es entregarse a un crucero… Por lo tanto, como vemos, dadá es una forma de vida para sus personajes no sólo un modo de ver el arte, o la destrucción del mismo. Entre los muchos nombres que dan vida al dadaísmo en sus orígenes faltaba en español un texto fundamental: Manual para embaucadores (o para aquellos que pretendan serlo) que aparece estos días publicado por la editorial El desvelo. El autor: Walter Serner. Serner fue un tipo extrañamente dadá. Como apuntase Peter Sloterdijk en Crítica de la razón cínica, “Serner [fue] el más reflexivo de los dadaístas, calculó cómo el odio dadá contra la cultura se orienta en un sentido propio hacia el interior.”  Y eso es lo pretendió llevar a cabo Serner, siendo quizá el más intelectual de un movimiento antiintelectual. ¿Cómo? A través de la implosión del lenguaje. Pero antes veamos algo de su biografía. Walter Serner nació en 1889 en la ciudad alemana de Karlsbad (actualmente en la República Checa) en el seno de una familia judía. Estudió Derecho en Viena, escapó a Suiza en 1914 tras haber firmado ilícitamente un certificado médico para un amigo. Aquí comienza todo. Se hace pasar por médico para firmar documentos que eximan a sus compañeros de ir a la guerra. Esto provoca su huida a Zúrich, donde entra en contacto con Tristan Tzara, Hugo Ball, Emma Hennings, Richard Huelsenbeck, etc. Lo vemos ya en frebrero de 1916 en las veladas del Cabaret Voltaire. Así describe Simón Marchán una de esas veladas: “Durante la misma, mientras V. Eggeling apostaba por una pintura melódica y de contrapunto, Suzanne Perrotet intepretaba ña “ironía musical no-musical del pitorreo del niño gagá”, E. Satie (+ declamaciones), R. Huelsenbeck volvía a leer algunos de sus poemas, Arp realizaba una acción, veinte perosnans recitaban el poema simultáneo de Tristan Tzara La fiebre del macho. Por último, Walter Serner dirigía lo indomable. mientras le echaba una mano al domador de acróbatas en que se había convertido el propio Tzara”. Este es el contexto de Serner. Y la figura de Tzara será importante si queremos hablar de Manual para embaucadores. ¿Por qué? Bueno, básicamente porque el Manual se compone de dos parte, una escrita en 1918 y otra en 1927. La primera parte incluye a su vez el manifiesto dadá que Serner escribiría en 1917 y que como hoy se sabe Tzara hizo suyo, trastocando alguna cosa. Ahora bien, ¿cabe hablar de plagio? Es difícil de saber. Lo cierto es que Tzara pasaría a la historia y Serner quedaría relegado a un segundo lugar. Pero centrándonos en este Manual para embaucadores (o para aquellos que pretendan serlo), que ahora parece por primera vez en español en traducción de Luisa Gutiérrez Ruiz y con prólogo de Juan Albarrán. ¿Qué hallamos en él?

           El libro, como decía, tiene dos secciones: Manual para embaucadores. Manual fundamental y Manual para embaucadores. Manual práctico. La primera parte está firmada en 1918, en Lugano. Esta primera parte se inicia con unos preparativos que todo aquel que quiera que este manual cumpla su objetivo ha de seguir. Sí. No lo olvidemos: es un manual para ser un buen estafador, para ser un cínico, para ser un perfecto dadísta en definitiva. Es quizá un antimanual fundamental. Lo llama fundamental porque aquí lanza la teórica, que no puede separarse de su práctica. La primera parte, pues, es una auténtica locura, porque a parte de lanzar sus consejos, llenos de cinismo, practica un tipo de escritura preformativa, automática, experimentando con el lenguaje, sin olvidar su objetivo: la crítica al mundo burgués, a la política, a los artistas, etc. Es decir, de nuevo: un antimanual dadá. Por ello, el mismo Sloterdijk dice de él: “Serner mira positiviamente en su cabeza y encuentra allí palabras y frases que no producen un contexto. Esta carencia de coherencia la proyecta al mundo que, correspondientemente, ya no puede ser un cosmos. la antisemántica dadaísta pasa a convertirse en una anticosmología. A partir de ahora ella vigilará al hombre mientras compone las cosmovisiones y representaciones de orden. Al principio era el caos en el que los hombres —por debilidad y por hambre de sentido— ensoñaron un cosmos”.  De ese hambre de sentido huye Serner desde el primer momento. Así lo deja claro en el arranque del libro, tras los preparativos: “Alrededor de una bola de fuego corre a toda pastilla una bola de mierda sobre la cual se venden medias de seda para señoras y se habla de Gauguin. Un aspecto en verdad sumamente deplorable que, sin embargo, permite al fin y al cabo ciertas distinciones: las medias de seda pueden ser disfrutadas, Gauguin no.” La segunda parte, el Manua práctico se firma en 1927 e incluye 591 consejos aforísticos de cómo embaucar, estafar o tratar, en general con el mundo. Se divide en trece capítulos donde aconseja acerca de “Hoteles”, “Mujeres” “Hombres”, “Entretenimiento”, “Vestimenta”, etc. Se trata de una visión cínica (y alternativa) a la del pintor de la vida moderna de Baudelaire. Así, escribe, por ejemplo:
408. Nadie es tan tonto como para que, después de tres
días, no logres convencerlo de que es un genio.
409. No hables en voz baja durante demasiado tiempo.
Hace suponer que te has acostumbrado a ello por motivos
indignos. (Sin embargo, por teléfono hazlo siempre).
Etcétera. Etcétera.
        Por la época de la publicación del Manual, la censura conservadora en Alemania empezó a ejercer cada vez más presión con el fin de prohibir los textos de Serner, por considerarlos “un peligro para la moral pública” y a su autor un “proxeneta judío”. El 13 de octubre de 1928, Serner escribió desde Suiza a su amigo el pintor Christian Schad:
       Ya sé, mi querido, que usted desea lo mejor para mí. Pero aquí me odian tanto, se trabaja tanto en mi contra, que ya todo me empieza a parecer asqueroso. Y como no soy hombre de agachar la cabeza, creo que me voy a retirar pronto. Por fortuna, soy de naturaleza feliz. Por estos días duermo largamente y bien, y fumo incontables cigarrillos… Acto seguido, desapareció
     Sobre la desaparición de Serner se dijo que había entrado definitivamente al mundo del hampa, dedicándose a la estafa a nivel internacional, a traficar con mujeres; e incluso se dijo que hasta con heroína. La verdad es más prosaica: en realidad Serner, que no volvió a publicar, se había establecido en Praga. En 1938 se casó con su novia Dorothea Herz y empezó a trabajar como profesor de idiomas en una escuela. Se sabe que la pareja intentó solicitar en 1939 y 1940 de las autoridades alemanas que ocupaban el país permisos para emigrar a Shanghai. Se sabe también que estos intentos fracasaron. Serner, cuyos libros se encontraban desde 1933 en la larga lista de obras “vergonzosas e indecentes” del gobierno nazi, vivió en el gueto de Praga hasta 1942. El primero de agosto de ese año, Walter Serner y su esposa fueron deportados al campo de concentración de Theresienstadt. Allí fueron exterminados en una cámara de gas en fecha desconocida.
      Juan Albarrán, autor del prólogo, expresa a la perfección la pertinencia de esta recuperación: “La recuperación bibliográfica de los trabajos de Serner parece absolutamente pertinente para una necesaria reestructuración de los relatos de la vanguardia histórica, mucho menos homogéneos y coherentes de lo que en ocasiones se ha hecho ver. Su fuerza pasada parece proyectarse hacia un futuro en el que reverbera con un sentido renovado. Los contextos de producción y recepción nunca serán los mismos, pero la contestación implícita en el trabajo de Serner se mantiene intacta en un mundo que muta a gran velocidad. Y, teniendo en cuenta que “el mundo desea ser engañado”, el manual para llegar a ser un embaucador debería convertirse en el libro de cabecera de todo aquél que desee seguir viviendo en él”.

Creo, que a día de hoy, se convierte en una referencia muy recomendable.

Alberto Santamaría

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